junio 07, 2015

En el reino vegetal hay seres que saben moverse aunque carezcan de cerebro y de músculos para ese fin.






Los botánicos consideran que durante el crecimiento la planta desarrolla tejidos en espiral, en un movimiento al que llaman nutación (con "n")

Incluso en la madurez de sus existencias hay personas que conservan la noción infantil, de que la capacidad para moverse y desplazarse es propia de los animales. Al mismo tiempo consideran que la quietud es característica de los vegetales. Sin embargo, nadie ignora el don del fototropismo, mediante el cual, una planta en una habitación oscura se inclina aunque muy lentamente hacia la luz que le entrara por una ventana. Tampoco hemos olvidado la lección escolar sobre el geotropismo, cualidad que induce a las raíces a penetrar en la tierra. La evidencia de que este movimiento no es causado por la fuerza de la gravedad, está en el hecho de que ella y sus raicillas se dirigen siempre hacia donde están el agua y los minerales que necesita.

El tallo por su parte desafía triunfalmente la adaptación terrestre y se desplaza hacia arriba durante su periodo de crecimiento. Hay plantas que orientan ese movimiento ascendente  de acuerdo a su conveniencia. Este es el caso de las enredaderas, que para sostenerse forman espirales en torno de los troncos sólidos. Donde aprenderían las leyes de  la física en que se funda esta manera de superar su fragilidad? La contestación a ésta y muchas interrogantes sobre esa vida sin sistema nervioso pero con inteligencia, la tendremos cuando develemos los secretos del mundo infinitesimal de los ácidos nucleicos.  

Hay plantas que carecen de la firmeza de los robles, las ceibas y otros árboles, frente a la acción de los ventarrones. Ellos están entre las inventoras de la flexibilidad del acero, que se dobla pero no se rompe. De este modo desarrollaron un sistema de resistir la agresividad del aire en movimiento. Ustedes saben desde luego, que me refiero a las especies como la de los  bambúes y las palmeras, cuyas ondulaciones han inspirado a los poetas la imagen de mujeres bellas. . Los microscopios electrónicos han permitido  mirar el burbujeo de los protoplasmas celulares, que con esa actividad cinética preparan las sustancias para el crecimiento y la renovación de los tejidos.
Ciertos microorganismos tienen flagelos que usan para nadar, colocados en sus partes traseras como remos automáticosen la popa de una lancha.

Se infiere que la célula primigenia que lo engendró todo no sabía desplazarse a voluntad, pero en su interior había ya el movimiento del sancocho cuando está hirviendo. De allí partieron células que empezaban a evolucionarse, adquiriendo piezas de locomoción acuática. En tan remoto período estos micro seres carecían de toda identidad y no podría llamárseles ni vegetales ni animales. Hoy es de todos conocida la virtud natatoria de muchas bacterias, que aunque están clasificadas en el reino animal, van de un lugar a otro en solicitud de los nutrientes para subsistir y multiplicarse, en una actitud semejante a la de quien va al mercado o a una casa de abastos.

Cuando yo era niño me pasaba horas tratando de captar con mis ojos el imperceptible movimiento   del girasol, que le da la cara al astro rey desde que sale en la mañana hasta que pone en las tardes. En las plantaciones naturales de hierba que abundan en mi aldea, solía divertirme, tocando el raquis de las sensitivas o adormideras, para mirar el inmediato desvanecimiento de los foliolos de sus hojas compuestas. Existen una especie de malvas cuyas hojas cambian de posición a medida que el candente disco describe su aparente orbita de Este a Oeste en el firmamento. Cuando llega el crepúsculo vespertino y desaparece la luz celeste, esas hojas vuelven a inclinarse a la derecha para aguardar de frente el retorno del sol.

Hay flores que abren sus pétalos y los cierran. Las de una planta acuáticas llamada Vallisneria, adoptan una conducta poco frecuente en el supuesto sexo débil. Las flores femeninas de esa especie tienen un pedúnculo enrollado en forma de soporte, que al dispararse la impulsan hacia inmóvil flor masculina con cuyo polen, se fecundarán.  Entre los parientes de las algas está la sorprendente Eugenia, que al acumularse, origina las capas  verdes en cuerpo de agua. Este microorganismo  cuando anda solo duerme en el fondo del agua, pero en las mañanas marcha con la máxima velocidad de sus flagelos o remos naturales para hacer la fotosíntesis en la superficie del líquido. Véase pues que es relativa la idea de la inmovilidad de los seres del generoso reino al que debemos todos los alimentos que ingerimos. 


La Ciencia Amena de Aristides Bastidas. 
Publicado en el Diario El Nacional el 3 de Abril 2014.
Caracas, Venezuela.

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