Traductor

Mostrando las entradas con la etiqueta Química. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Química. Mostrar todas las entradas

noviembre 13, 2011

Un paraíso peor que el infierno es el que logran los que caen en la esclavitud de la heroína y de sus mortales efectos.

La planta de la adormidera tiene un inocente aspecto y no es responsable, por supuesto, de los malos usos que se le han dado.

Dentro de estas cápsulas estan las semillas del opio y dentro de ellas un látex que, al contacto con el aire, se solidifica adquiriendo su propiedad de estupefaciente.


Desde la antigüedad los paraísos artificiales suscitados por algunas sustancias naturales frustraron a quienes los habían disfrutado con los infiernos auténticos que los esperaban en cada despertar. Ellos no sabían la razón que el falso bienestar causado por la infusión de algún vegetal, se transformaría en un calvario agobiante, Los farmacólogos de hoy aceptan que el principio de que a una acción corresponde una reacción tan generalizado en física, es igualmente válido en el organismo del ser humano y de todos los animales; a cada excitación corresponde una depresión. Este es el caso del lánguido y martirizante ratón o resaca, de quienes se entusiasmaron con extremo con unos tragos en la noche anterior.


En la medida en que ha sido intenso el estímulo con que un individuo se dopa, será también el desvanecimiento que sufrirá cuando se le haya pasado el efecto. Puede ser que redoblando el estimulo recupere el estado de supuesta placidez, pero si tal practica se prolonga, el respectivo sujeto se pondrá en el caso de quien ha vendido su alma al diablo. Esta es literalmente la situación del drogadicto, que en los periodos al declive final, se comporta como los “muertos parados” a que alude el léxico popular. Esta verdad siempre dramática alcanza la mas lastimosa de todas las sintomatologías en las que toman el siempre luctuoso camino de la heroína.


Durante centurias los asiáticos se recrearon con los sueños que tenían mientras chupaban sus largas cachimbas de opio. Aunque tuvieran la buena alimentación de los mandarines, esos viciosos nunca pasaban de 35 años. En el siglo pasado cuando la química empezaba a hacer sus admirables transformaciones, extraía de esta planta cristales brillantes como los de la azúcar refinada. Aquellos cristales tenían la virtud de mitigar dolores fuertes, de causar la sensación de que flota en una nube y como daban ganas de dormir, se les dio un nombre derivado de Morfeo, el Dios del Sueño, morfina. Ella es diabólica para quienes la usan fuera de sus indicaciones medicas, Pero engendró otros cristales igualmente inodoros, brillantes, blancos y amargos que solo sirve para el mal.


Son ellos los que llevan el nombre de Heroína, considerada hoy como la reina de esas drogas mortales. Desde 1898 los químicos combinaron la morfina con acodo acético, hacen otras operaciones y obtienen este compuesto cinco veces más tóxico. Un gramo es diluido en casi dos litros de agua, alcohol y cloroformo. Se dice que desata un calor que va desde los pies hasta la cabeza, Las ramificaciones del sistema nerviosos periféricos son engañadas y transmiten al cerebro los signos de un orgasmo, que no debe ser muy perfecto porque para ello no bastan los ardores unilaterales de un solo individuo.


Si éste repite la experiencia necesitará porciones cada vez mas crecientes de la droga, que por cierto exige una máxima destreza en el manejo de la jeringa con la que el afortunado se puyará todas las venas del cuerpo, convirtiéndolas en collares de nódulos duros como piedras, esclerosadas y finalmente purulentas. Las cédulas en su totalidad, como les ocurre con otras drogas heroicas, se habitúan a ellas de tal modo que sin su presencia tienden a paralizar la generación de energía y la elaboración de proteínas. Para trabajar piden cada vez más y mas sustancia deteriorante. El sistema neurovegetativo la reclama con más urgencia que el alimento o el agua.


No es que él sea cómplice de las sustancias ni complaciente con el enviciamiento de las células. Es que saben que la huelga de éstas si no reciben el tóxico, se traducirá para el paciente en una angustia mortal, acompañadas de sudores fríos, calambres en todos los músculos por falta de oxígeno, vómitos, diarreas, respiración jadeante, duplicación de los latidos cardíacos, dolores desde la punta de los dedos de las pies hasta los pelos de la cabeza y ganas de morir. En Nueva York donde muere diariamente una persona por esta causa, se han autopsiado personas que tenían a lo largo de su cuerpo hasta 1800 estigmas, dejados por las hipodérmicas. Estos sin contar los que fallecen por hepatitis víricas, abscesos de pulmón, tétanos y apergaminamiento de la piel a consecuencia de la caquexia.

octubre 31, 2009

El electrón es como un mago que hace aparecer un conejo pero no nos dice en qué consiste el truco.


Entre las maravillas de la energía del átomo se observa con asombro que los electrones nunca caen en el núcleo, por más que giren en torno a él.

No es muy exacta la comparación según la cual, los electrones vuelan en torno del núcleo como las abejas alrededor del panal. Las vueltas de las abejas en torno al panal son pocas, tienen un trazado caprichoso y los insectos terminan por meterse en él. Las vueltas de los electrones son interminables, describen órbitas perfectas en torno del núcleo y jamás caen en su interior. Además, las vueltas de las abejas no pasan de un metro por segundo: la de los electrones en torno al núcleo suelen ser de 2.400 kilómetros por segundo. Esto sin contar que, en los casos en que disponen de suficiente energía, pueden darse el lujo de empatar una carrera con la luz a las velocidades máximas que ella desarrolla al vacío.

Hasta 1911 los físicos estuvieron confusos con respecto al lugar que el electrón ocupaba en el átomo. Sabían que estaban allí, pero no podían ubicarlo. Las admirables investigaciones realizadas en un espacio infinitesimal e inconcebible, permitieron al fin localizarles lo que pudiera haber sido su escondite. Los físicos teóricos Bohr, Moseleu, Pauli fueron los descubridores del funcionamiento del electrodo en el átomo. Resulto ser la primera cosa provista del don de la obicuidad, pues podía estar en un sitio y casi simultáneamente en todos los restantes de la orbita fija en la que le tocaba circular. Posteriormente, se supieron dos cosas que iban a determinar una concepción mas precisa de la estructura del átomo.

Primero, que las orbitas estaban a diferentes distancias del núcleo atómico. Aquello era como si a distintas pero muy precisas distancias del panal hubiera grupos de abejas describiendo siempre las mismas orbitas. Pero, estas abejas son más disciplinadas que los antiguos batallones de soldados prusianos. En la orbita mas cercana del panal estarían solo dos, pues no habría sitio para mas nadie. En las órbitas de los siguientes niveles, cada vez mas alejados del panal, podría haber un máximo de ocho abejas en la segunda; de 18 en la tercera; de 32 en la cuarta: de 50 en la quinta: 72 en la sexta y así sucesivamente.

El lector se ha dado cuenta por supuesto, de que estas abejas siguen representando a los electrones y de que el panal sigue simbolizando al núcleo. Otro hallazgo no menos notable fue el de que las orbitas no eran los círculos concéntricos que podemos trazar sobre el papel con un compás. Eran como aros de diferentes diámetros dispuestos contra los diversos lados de una esfera transparente. En los años 20 esta subsección del microcosmos era examinada por los científicos con la pericia de un baquiano que no conoce toda la selva, pero sabe las veredas por donde puede cruzarla sin perderse, con el fin de descubrir las demás cosas que se ocultan en ella.

Se dieron cuenta de que aunque los electrones comprenden una masa tan insignificante, que no llega ni siguiera a 0.1% del átomo, su contenido en carga eléctrica era proporcionalmente igual pero a la inversa, del que había en el gigantesco núcleo. Notaron también que la capa exterior nunca tiene más de ocho electrones, aunque en las intermedias las hay con un número varias veces superior. Cuando esa capa tiene menos de ocho electrones, tiene a completarse tomando electrones ajenos. Es típico el ejemplo de que los siete electrones ajenos de la capa exterior del cloro se apropian del único electrón de la capa exterior del sodio, para constituir la sal, culpable sin quererlo de que la gente se vuelva barrigona o sufra de hipertensión arterial.

Los físicos encontraron que cuando un electrón decidía mudarse a una orbita inferior, o cuando estaba a punto de caer dentro del núcleo, adoptaba una decisión sabia y prudente. En ambos casos se deshacía de la energía sobrante, engendrando luz. Pero un electrón que absorbiera luz en una capa inferior ascendería has las superiores, aunque no por la vanidad de los nuevos ricos que buscan asiento en el Country Club. Mis indulgentes lectores habrán advertido que así el entendimiento humano supo al fin de que modo se podía absorber luz o producirla. Es mucho lo que hemos aprendido del electrón, pero las maravillas que nos sigue obsequiando en la electricidad que generamos, en el transporte de imágenes en menos de un segundo de una cara a la otra de la Tierra, en los fantasmales cálculos de las computadoras, nos hacen ver que estamos apenas en la comprensión de las primeras letras de un alfabeto, que no tiene 29 como las del castellano, sino millones y millones de ellas.

noviembre 19, 2008

De la materia podríamos decir que una cosa piensa el burro y otra el que lo va montando: El calor hace con ella lo que quiere

En la escuela nos enseñaron que la materia tenía tres estados: el sólido, el líquido y el gaseoso. Sin embargo, cuando mencionamos esa palabra pensamos de inmediato en alguna estructura que podemos tocar con nuestras manos: un metal, una tabla, un hueso o nuestro propio cuerpo. Nos cuesta creer que el agua transparente y deslizante o el aire invisible e inodoro, sea también materia.


Podría decirse que la materia baila al son que le toque el calor. De las intensidades de éste en el seno de ella, dependen su estado gaseoso en el aire, su estado líquido en el agua y su estado sólido en los metales con excepción del mercurio. Es así como la conocemos a las temperaturas ambientales de la corteza terrestre. Si nos trasladáramos al planeta Plutón o al corazón de una estrella, veríamos que el calor juega con la materia como el gato con el mísero ratón. Plutón es el más alejado de los miembros de la familia del Sol: Los rayos de éste la llegan mil veces más debilitados que los que inciden en los dos Polos de la Tierra. Su calor es tan pobre que no alcanza ni a licuar , ni mucho menos a gasificar sus perpetuas montañas de hielo. Y sin embargo, este hielo no está hecho ni siquiera con una sola gota de agua.

Si aquí estuviéramos a los 230 grados centígrados bajo cero de ese cuerpo, no sólo los océanos estarían gasificados, también la atmósfera que formaría una envoltura transparente de 3 kilómetros de espesor. En su interior luciríamos como pececillos de colores atrapados en cubos plásticos de ciertos adornos de escritorios. Claro está que en estas condiciones es inconcebible la vida. Obsérvese que a éstas temperaturas hay un solo estado de la materia, el sólido. El lector se estará preguntando de que son las montañas de hielo de Plutón, Si por un milagro de la astrofísica recibieran el calor promedio de por aquí, se dispararían en el gas metano, el gas amoníaco y el gas carbónico que contiene, después de haberse licuado.

Si nos fuera dable el otro imposible de visitar el núcleo del Sol, nos enteraríamos de otro hecho sorprendente. Allí habría océanos de materia, millones de veces más grandes que los nuestros de agua. No hallaríamos por ninguna parte ningún gas, ningún líquido, ningún sólido. ¿Qué habría pasado con los tres estados de la materia que nos circundan?. Habrían desde luego masas de hidrógeno, de helio, de carbono. Pero el calor de 15 millones de grados C° sería el causante del más indescriptible de los caos. Los átomos se volverían nudistas porque los núcleos perderían las capas de electrones que los orbitan. Núcleos, fragmentos de núcleos, electrones, protones y neutrones se desplazarían a velocidades próximas a la de la luz. Se sobreentiende la inimaginable sucesión de choques que ocurrirían en esta situación.

Hemos descrito la desconcertante estructura del cuarto estado de la materia. Se le llama plasma porque ofrece el color del plasma sanguíneo, cuando se observa a través de complejos aparatos denominados espectroscopios. ¿Cómo puede mirársele si está oculto en el corazón de las estrellas?. De vez en cuando el Sol lanza erupciones de partículas atómicas con tanta velocidad que al estrellarse con los átomos de oxígeno y nitrógeno sobre los dos polos, despojan a los núcleos total o parcialmente de sus electrones. Se desata una anarquía semejante a la que vimos durante nuestra teórica inspección del corazón del Sol. Los cien mil grados C° del plasma, a causa del violento impacto de las partículas de las erupciones solares, duran milésimas de segundo. Ese lapso es más que suficiente para retratarlo.

La energía de este plasma se disipa como la de un relámpago, dando lugar al colorido de las cautivantes auroras boreales y australes. Ya vimos que todas las formas de la materia se vuelven sólidas a determinados niveles de calor. Este fenómeno es familiar en el vapor que se convierte en agua y el agua que se convierte en hielo. Este último ciclo es llamado congelación, la cual no es para los físicos un sinónimo de frío. La congelación es también la que sufre el hierro líquido al solidificarse a 1.500 grados C° o la experimentada por la roca derretida que expulsan los volcanes en forma de lava, origen de auténticas montañas de piedra. A 210 grados bajo cero el nitrógeno se vuelve hielo pero la industria lo prefiere líquido porque es así como se vuelve servicial.

En el nitrógeno líquido se conservan indefinidamente listos para sus quehaceres vitales, espermatozoides de toros y humanos, así como embriones tomados de vacas finas, para implantarlos en úteros de vacas ordinarias. Las mencionadas células se congelan de manera tan rápida que no da tiempo para la formación de cristales relativamente grandes, que pudieran afectarlas. Cuesta creer que en cualquiera de sus cuatro estado la materia es la misma. La diferencia reside en el número de protones que hay en los núcleos atómicos del hidrógeno, del uranio o del bromo, el segundo elemento líquido de la tabla de Mendeleiv. Todos los cuerpos, colosales o ínfimos, inertes o vivos, están hecho con los mismos materiales de construcción, protones y electrones.

diciembre 21, 2007

La Biblia vincula al azufre con los tormentos del infierno pero podría ser amigo de Dios porque son muchas sus bondades

En el más absoluto anonimato permanecerá siempre, el hombre que hace tal vez cuarenta siglos descubrió el azufre percatándose de que bajo el calor parecía enfurecerse despidiendo llamas de color azul. Por esa propiedad figuraría relevantemente, en los ritos y religiosos con que los antiguos pretendían abrir los secretos de lo desconocido. Hasta entonces sólo se habían identificado el oro, el cobre y el estaño como elementos individuales. El metaloide que hoy nos ocupa vendría a ser el cuarto personaje de la química novata, que tuvieron los egipcios y sus herederos de Mesopotania. No podían suponer que estaban apenas empezando el conocimiento de una familia llamada materia, constituida por noventa y dos socios.


El azufre guarda afinidades con su hermano el oxígeno porque también se combina con todo el mundo. Hay bacterias que se valen de este metaloide para obtener la energía con que viven.

Correspondió a Lavoissiore el reconocimiento del azufre y a Bercelius el simbolizarlo con la letra S. Sus aplicaciones prácticas en la industria química, se establecieron en el siglo pasado, cuando Sicilia era como la Arabia Saudita de ese producto, componente básico del ácido sulfúrico. No tardaron los primeros laboratorios en determinar, que el azufre es un comburente cuando se combina con metales y metaloides. Y con su color que va de amarillo pálido al amarillo franco, es un combustible cuando se combina con el oxígeno y con alguno de los halógenos, que son el cloro, el bromo, el yodo y el fluor. Es evidente que sus estrechos vínculos con el fuego, le abrieron los escenarios de la superstición en el pasado y los de la industrialización en el presente.

El azufre ocupa la casilla dieciséis de la tabla de Mendeleiv. Y aparte del oxígeno no tiene otro pariente famoso, pues los demás que son el Selenio, el Telurio y el Polonio, son unos ilustres desconocidos. Está constituido por cuatro isótopos o átomos que se diferencian sólo por su número de neutrones. Ellos son estables pero se puede conseguir también el azufre 35. Es radioactivo y en el curso de ochenta y dos días se transmuta de metaloide en cloro, que es un gas. Los alquimistas tenían mala opinión del azufre, no porque lo consideraran una sustancia destructora, sino por estimar que era inflamable y transitorio en oposición al mercurio, al que le asignaban las virtudes de ser denso y permanente.

El azufre junto con el vanadio son el dolor de cabeza de países como el nuestro, ricos en los incómodos petróleos pesados, en que abundan los mencionados elementos. Tengo entendido que ya hay una patente ruso-canadiense, la cual convierte esa desventaja en un negocio redondo. En efecto, el nuevo procedimiento tecnológico permitiría aprovechar tales petróleos y explotar también a sus acompañantes, en un insólita industria de doble propósito. A pesar de que el consumo de azufre aumenta en la Tierra , no se puede decir que se prodiga en demasía. Habría que procesar diez mil kilos de corteza terrestre para obtener cinco kilos de ese metaloide.

Hay fertilizantes que se basan en el azufre para incrementar el rendimiento de las siembras. La ciencia no sabe todavía con exactitud, cual es la función que este oligo-elemento desempeña en las plantas, en los animales y en el cuerpo humano. Resulta que esa sustancia que puede participar en explosivos y en insecticidas, realiza un trabajo saludable en nuestro organismo aunque no lo hayamos definido bien. En el cuerpo de una persona que pesara sesenta kilos, encontraríamos doce gramos de azufre. La utilidad que presta a la vida debe ser debe ser desde luego, muy diferente de la que también ofrece en la vulcanización de los cauchos automovilísticos. Véase pues cómo por las buenas nos entrega de balde sus mejores dones.

Quizás no merezca ese rol que les dan las Sagradas Escrituras, que lo vinculan con el juicio de Dios y los tormentos del infierno que le hacen aparecer entre las bombas que cayeron del cielo, para acabar como Sodoma y Gomorra por su supuesta perversidad. Como se sabe, el más deslumbrante experimento que los alquimistas le hacían a los incrédulos , era el de calentar el llamado pigmento rojo, para que adviniera en su lugar una hermosa perla líquida y plateada. El pigmento rojo no era otra cosa que sulfuro de mercurio, es decir azufre y mercurio. Esta combinación se conoce como cinabrio un mineral presente en la naturaleza. Si usted consigue un trocito sorpréndase haciendo esta prueba que es muy fácil.

enero 06, 2005

Cada elemento de la materia es una familia de átomos que se diferencian entre sí por los neutrones que carban en sus núcleos.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 6 de Enero de 1982


Los tres ilustres miembros de la familia del hidrógeno: el H1, que es el que más abunda; el H2 constituyente de la bomba H y el rarísimo H3 o tritio (Rep. Tejada).

El hombre sabe pesar las partículas infinitesimales del átomo. Este aprendizaje es uno de los más increíbles que ha logrado, porque con el referido fin, resultarían inútiles las balanzas que nos dicen cuantos gramos tiene un trozo de carne o una rebanada de queso. De igual modo tampoco servirían las que usaban los antiguos boticarios, para precisar los miligramos de cada sustancia, que debían llevar las formulas recetadas por los médicos. No obstante los investigadores han señalado sin la menor equivocación, que un electrón pesa nueve mil cuatrillonésimas de gramo. O sea que en un gramo de electrones contaríamos nueve mil cuatrillones de ellos: ¡un nueve seguido de veintisiete ceros!. El U-238 que no se deja partir es usado para fabricar el diabólico Plutonio (92 U-239) cuando es bombardeado por un neutrón- El U-235 que se deja partir facilmente es utilizao en las bombas.

Se sabe que un solo protón es mil ochocientos cuarenta veces mayor que el electrón, tan leve, que es lo más parecido a la nada en el mundo de la materia. El neutrón es un poquito mayor que el protón, su compañero de residencia, pues ambos están en el núcleo del átomo. El electrón ya lo sabemos, gira en la periferia y por eso los científicos prefieren concebirlo al dibujarlo, en las órbitas o circunferencias que traza durante su recorrido. Nadie ignora que el átomo del uranio es el peso pesado de la tabla de Mendeleyev y que el hidrógeno es el peso mini mosca. Ningún elemento es más gordo que el primero ni más flaco que el último.

Antes de seguir adelante debemos recordar que mientras la masa es una porción de materia presente siempre, el peso no es así, pues este depende de un factor ajeno a la propiedad de los cuerpos. Donde no hay fuerza gravitacional no existe el peso. Un astronauta conservará la totalidad de su masa, aunque flote dentro de su nave a salvo de la fuerza gravitacional de la Tierra. Su peso de setenta y dos kilos, al descender en la luna se reducirá a doce kilos, como si lo hubieran sometido a una de esas dietas violentas con que sueñan las personas coquetas entradas en edad. El fenómeno se explicaría porque la fuerza gravitacional de nuestro satélite es seis veces menor a la del planeta.

Ahora bien, no sólo hay diferencias entre el peso y la masa del oxigeno y el hierro, del fósforo y el estaño. Hay también diferencias de peso y de masa entre los átomos de un mismo elemento. Sus propiedades químicas son idénticas porque tienen el igual número de protones en el núcleo y de electrones en el periferia. ¿Dónde esta entonces la variación? En el número de neutrones. Por esta razón se les denomina isótopos, palabra formada con dos raíces griegas que significa en el mismo lugar. El estaño se da el lujo de ser formado por la unión de diez hermanos o isótopos. Todos ellos tienen cincuenta protones y cincuenta electrones, pero unos tienen sesenta y dos neutrones, otros sesenta y tres, otros sesenta y cuatro, otros setenta y uno, otros setenta y dos, otros setenta y tres y otros setenta y cuatro.

Si a los cincuenta protones, les sumamos sesenta y dos, tendremos el isótopo ciento doce del estaño. Si hacemos las sumas en los demás, tendremos los isótopos ciento trece, ciento catorce, del estaño y así sucesivamente. En cualquier trozo de estaño el porcentaje de cada isótopo es siempre el mismo. Hay que sacar el promedio de todos para concluir que la masa del estaño es de 118.7. Esta ley es valida para los 92 elementos. El isótopo 1 del hidrógeno es el único núcleo sin neutrones que hay. El hidrógeno 2 posee un neutrón y es mejor conocido como deuterio. El hidrógeno 3 tiene dos neutrones y es llamado también tritio.

Antes dijimos que cada isótopo se encuentra en un elemento en una proporción que siempre es la misma. Digamos que el hidrógeno es un huevo, pues bien necesitaríamos seis mil huevos para conseguir uno con dos yemas, el deuterio y mil millones de huevos para encontrar otro con tres yemas, es decir, el tritio. Con el uranio sucede algo análogo. Una barra de este metal de diez kilos estaría compuesta de nueve mil novecientos veintiocho gramos de U-238 y de sólo setecientos catorce gramos de U-235, que aunque muy escaso como se ve, es el que más se usa como combustible atómico porque es físil, es decir, permite que lo partan en dos. El uranio enriquecido no es que tenga mucho real, es simplemente una barra de ese metal en que se ha elevado artificialmente la proporción del U-235.



Suscríbete ya al Boletín Semanal
"La Ciencia amena de Arístides Bastidas"


Introduzca su dirección electrónica:




Al suscribirse a esta lista, usted además recibirá en forma ocasional interesantes escritos con refrescantes reflexiones de Arístides Bastidas sobre la vida diaria que no son publicadas en esta página web y que dejamos como un privilegio para todos aquellos usuarios pertenecientes a la lista.

enero 05, 2005

Una cosa es el calor y otra la temperatura: Al demostrar esta verdad Black pasó a la historia.

la ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy. 5 de Enero de 1983

A mediados del siglo XVIII ya estaban listas las bases para la creación de la química como ciencia sistematizada. A ello había contribuido ciertos alquimistas, que estuvieran más pendientes de búsquedas lógicas y experimentales, que de la quimera del elixir de la eterna juventud. Uno de esos hombres serios fue el belga Helmont, quien presintió la existencia del gas carbónico en el humo que se desprendía de un leño encendido. Pero el que surgiría en este campo, como quien lleva una antorcha en las tinieblas, sería José Black (1728-1799), quien además haría apreciaciones novedosas en los terrenos de la física. Su padre era un escocés residenciado en Burgos donde comerciaba con el famoso licor que hoy nos sigue exportando desde aquella parte llamado Reino Unido.

José Black, llamado en sus días el Néstor de la Revolución Química, en recuerdo al Rey de Pilo

Una frustración de la que no se han repuesto los Gales, fue la de que aunque Black vio la luz en Francia adoptó la nacionalidad de su progenitor.

Black no mostró ninguna vocación por lo quehaceres del padre, que se preguntaba a quien le iba dejar su herencia. Convencido de que el muchacho carecía de una idea clara sobre el sentido de las libras y de los francos, le permitió inscribirse en la facultad de medicina de Glasgow. Aunque llegó a doctorarse, lo hizo con una tesis ajena por completo a la terapéutica y al dominio de las enfermedades.

Le aburrían las disecciones que los profesores hacían en los cadáveres, durante las prácticas de anatomía. En cierto momento pareció interesarse en una vejiga urinaria, pero lo que en realidad le había llamado la atención, era la piedrecilla o cálculo que había en su interior. En aquel fugaz instante, había encontrado su verdadera vocación. En lo sucesivo se dedicó al examen de los minerales sometidos a la acción del fuego. Así hizo un hallazgo accesible hoy a un estudiando de bachillerato, pero que en 1750 transformó los conceptos que habían en las relaciones de la energía con la materia.

Después de calentar una porción de carbonato cálcico, se percató de que el compuesto se había transformado además de perder peso.

Lo puso al aire libre y al siguiente día cundo tornó a su cuarto de ensayos, comprobó que el carbonato cálcico había recuperado su aspecto original. Hoy sabemos que en el primer caso se había convertido en óxido de calcio y que la perdida de peso se debía a la materia escapada en forma de gas carbónico. Ahora bien, el óxido de calcio a la temperatura ambiental se combina con el gas carbónico atmosférico y se torna en carbonato cálcico. Black repitió una y otra vez su experiencia. Llegó a la conclusión antes dicho bautizando como “aire fijado” al gas carbónico. Este hecho de que una materia inasible se incorpora a un sólido, sería el comienzo del fin del misterio en que hasta entonces estuvieron los gases.

James Watt. Ante el vapor de una tetera, quién más tarde, al hacer su invento, aplicaría las leyes descubiertas por Black.


Por otra parte, Black descubrió que el calor y la temperatura eran dos cosas diferentes. El ejemplo lo tendríamos en una olla hirviendo bajo la acción de una cocina prendida. En el agua hay una cantidad de calor invertida muchas veces superior a la del fósforo que acabamos de encender. Sin embargo, la llama de este tiene una temperatura ocho veces superior a la del agua. Ahora bien, aunque la llama del fósforo tenga un calor más potente que el del agua, se apagará apenas lo introduzcan en ella. Esto se debe a la ley, que en un siglo más tarde sería desarrollada de que el calor se transfiera de las temperaturas mayores a las temperaturas menores.

Más tarde, al frente de sus cátedras en las universidades de Edimburgo y Glasgow, publicaría sus trabajos en que demuestra que los cuerpos requieran distintas cantidades de calor para alcanzar la misma temperatura. Para aumentar un grado C en un kilo de agua, se necesitaría diez veces más calor que en un kilo de hierro.

Por más calor que se le transmita al hielo, siempre se mantiene a cero grados C del mismo modo que bajo la candela el agua de una vasija no pasa nunca de los 100 grados C, pues el calor adicional lo utiliza para la evaporación. A pesar de haber renunciado a la ciudadanía francesa, estos principios le dieron a Black el honor de ser integrado a la Academia de Ciencias de Paris.



Suscríbete ya al Boletín Semanal
"La Ciencia amena de Arístides Bastidas"


Introduzca su dirección electrónica:



Al suscribirse a esta lista, usted además recibirá en forma ocasional interesantes escritos con refrescantes reflexiones de Arístides Bastidas sobre la vida diaria que no son publicadas en esta página web y que dejamos como un privilegio para todos aquellos usuarios pertenecientes a la lista.

diciembre 23, 2004

Los gases encarcelados cuando los auxilia el calor se liberan con una fuerza que puede ser, la del bien o la del mal

La Ciencia Amena de Arìstides Bastidas
23 de Diciembre de 1982


Afortunadamente el petróleo bruto no cede su energía en forma súbita, porque sus moléculas de hidrógeno y carbono necesitan, para arder, de oxígeno. Como este no anda en ellas, tiene que tomarlo del aire circundante, lo cual retrasa la combustión. Ahora bien, si las llamas están dentro de un recinto pueden generarse gases que bajo los efectos del calor, desarrollan presiones semejantes a las poderosas ondas de choque. Según lo asienta nuestra bibliografía, éste es uno de los riesgos que deben ser conjurados cuando se desata el incendio de un centro de hidrocarburos en explotación. Obsérvese que sería imposible una cocina que funcionara bien con petróleo crudo.

En el famoso incendio de gas metano que hubo en el Sahara, en que se perdieron 130 millones de bolívares en petróleo, se produjo una llamarada de 140 metros de alto que se divisaba por las noches a 150 kilómetros de distancia.

Ya sabemos que los hidrocarburos son reservorios de energía química, iguales a los del carbón de piedra, a los de la leña, a los de la celulosa contenida en ella, a los de los carbohidratos, los azúcares y las proteínas. Estas sustancias tienen entre sí la característica común de que liberan su calor cuando se oxidan, de un modo relativamente sosegado. Este periódico que ustedes leen ahora, se está quemando tan imperceptiblemente, que sólo dentro de ochenta o cien años, le veremos el color amarillo del papel cuando se empieza a chamuscar. El alimento que nos comimos ayer es el que nos ha dado las moléculas que al oxidarse en el interior de nuestras células, nos proporcionan la energía para movernos y pensar, para el trabajo de nuestras vísceras y para mantenernos a los 37 grados C de nuestro cuerpo.

Frente a estas combustiones lentas, están las aceleradas, que van desde la brasa, que nos causaría una quemadura de tercer grado, hasta las llamaradas de los grandes siniestros. Pero aún en estos últimos casos, no surgen las explosiones. Las detonaciones no llegan a producirse porque tanto el calor el calor de los gases, se dispersan en el aire libre pacíficamente y sin causar nuevas complicaciones espectaculares. Se infiere una que una explosión necesita condiciones adicionales a las de la energía madre que la ha engendrado, para el bien en unos casos, para el mal en otros.

Si el motor no fuera una cámara hermética, la gasolina, herida por la chispa en su interior, no haría ningún efecto, pues sus gases se diseminarían sin hacer ningún trabajo y con la inocuidad del perfume de una bella dama que pasa a nuestro lado. Por supuesto, que sin ese encanto. Ahora bien, los gases de la gasolina, al intentar expandirse, no pueden hacerlo contra las paredes de su cárcel. Adoptan entonces la única alternativa que es la de presionar el pistón que pondrá en marcha el carro y por donde pueden escapar. La presión que ejercen a la Batavia salida es muy violenta, lo cual explica el rugido de la máquina, o mejor dicho, sus reiteradas explosiones.

Como hemos visto, el encierro y la rápida combustión, son factores que los explosivos requieren para manifestarse. La bala de un arma de fuego es también un buen ejemplo. Si la pólvora de su carga la vaciáramos sobre algo al aire libre se consumiría prontamente ante la llama de un fósforo, despidiendo sólo el inofensivo ruido de un cohete de feria cuando lo sueltan. Este paso es el de la deflagración que libera los gases y el calor que los dilata, a fin de que impulsen la salida del proyectil, luego del estampido. Nótese que en el caso de la gasolina, el oxígeno se toma del aire, pero en el de la pólvora, el oxígeno anda condensado en su seno y en la compañía de carbono, azufre y nitrato.

Hay casos tan insólitos de liberación de energía, que aún el espacio abierto de una gran zona, se comporta como una cámara cerrada. Tal ocurre con las detonaciones de las bombas atómicas y de hidrógeno, que por cierto, no están entre los explosivos. Ellas generan una onda de choque que en segundos antes de dispersarse tiene la fuerza suficiente para derribar árboles, monumentos y edificios en kilómetros a la redonda. Las erupciones del volcán Krakatoa, en indonesia, en 1883 tenían tal poder que arrastraron varios kilómetros por tierra, barcos anclados en un puerto, hicieron nacer una isla nueva y causaron destrozos en la población de Batavia a ciento cincuenta y cuatro kilómetros de distancia.


Si desea ser notificado de las últimas publicaciones y actualizaciones en la web
Suscríbete ya al Boletín Semanal
"La Ciencia amena de Arístides Bastidas"


Introduzca su dirección electrónica:





Al suscribirse a esta lista, usted además recibirá en forma ocasional interesantes escritos con refrescantes reflexiones de Arístides Bastidas sobre la vida diaria que no son publicadas en esta página web y que dejamos como un privilegio para todos aquellos usuarios pertenecientes a la lista.

diciembre 15, 2004

Rayos ultravioletas en vez de algas habría fabricado el oxígeno de la atmósfera primigenia.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas
Un día tal como hoy, 15 de Diciembre de 1984

El satélite que lanzara la NASA el 26 de Eenero de 1978 sigue examinando seis recien nacidas estrellas, de las cuáles deduciremos cómo fue la infancia del Sol. (Rep. Estrella)

Los avances en el campo del espacio le están dando al hombre nuevas informaciones, algunas de las cuales han sido un virtual baño de agua helada, para ciertas teorías que parecían definitivas. La ciencia se había resignado a la hipótesis de que el oxígeno que hay en el veintiuno por ciento del aire y en la capa azul del cielo, había sido inicialmente aportado por las plantas vegetales. Hace dos mil millones de años, las algas verdiazules habrían redoblado durante la fotosíntesis la inyección de ese gas, amigo de la vida, en una atmósfera que sólo tenía metano, anhídrido carbónico, amoniaco, ácido sulfúrico, nitrógeno, hidrógeno y vapor de agua. Siempre quedó en pie la pregunta sobre la procedencia del oxígeno que facilitara la generación de energía en las células primigenias.

Según se cree, el recién nacido planeta capturó una atmósfera, la cual se marchó después empujada por el enorme calor desprendido de la corteza terrestre cuando estaba al borde de la incandescencia. Entre los gases disipados estuvo el oxígeno libre que no dejó aquí ni siquiera la cantidad que cabe en una muestra. Cuando la temperatura se normalizó, la Tierra pudo retener, con su atracción gravitacional, una atmósfera nueva con los componentes arriba citados, que habían irrumpido en chorros gigantescos, durante las erupciones de miles de volcanes, que pasaron milenios, como en una planetaria ininterrumpible batalla de artillería pesada.

Tampoco había oxígeno libre en esa nueva situación, pues el mismo se encontraba preso en los compuestos que formaba con otros elementos. Con el carbono estaba asociado en el CO2, y con el hidrógeno producía el vapor de agua. Los investigadores estimaban que estas combinaciones, como las demás, habían salido del interior de nuestro astro. Pero les inquietaban las existencias en estratos precámbicos, del óxido de hierro, que ocupaba aproximadamente el mismo lugar que le tocara cuando se constituyera este cuerpo espacial, que usamos como nave y como morada. Se acaban de hacer hallazgos que podrían satisfacer las interrogantes aludidas.

En 1978 la NASA puso en órbita el RW Aur, un satélite a través del cual fueron observadas, sin interferencia de las nubes, estrellas azules que todavía andan goteando, pues tienen apenas un millón de años. Las seleccionadas tenían, más o menos, la misma masa del sol. Se comprobó que ellas emiten las potentísimas radiaciones ultravioletas en una proporción diez mil veces mayor que la del Sol. Se infiere que éste también las generó en una alta magnitud en los lejanos días de su pubertad. Esas radiaciones ultravioletas habrían roto el CO2 o anhídrido carbónico y H2O del vapor de agua. Así habrían liberado oxígeno en las cantidades que ahora tenemos y en las indispensables, para constituir la capa azul de ozono que vemos arriba.

Desde el expacio exterior, la Tierra luce el color verde que le dan los árboles y el azul que reflejan los océanos. (Rep. Estrella)
Para que los rayos ultravioleta transformen el O2 de las moléculas que respiramos en el O3 el ozono, se requieren reservas extraordinarias del vitalizante gas, que las modestas algas jamás habrían podido fabricar. Ustedes se habrán dado cuenta que los rayos ultravioleta amolaron cuchillo para su garganta. El ozono creado por ellos integró la alcabala que los filtra y les impide pasar. Si lo hicieran, matarían a todos los seres vivos con sus altísimos niveles de energía. Está apunto de caerse la idea de que el oxígeno inicial fue hijo del reino vegetal. Los científicos que la refutan se fundan en buenas bases, en su crédito propio y en el de su institución.

Son ellos Vittorio Canuto y sus colaboradores C.L. Imhoff, L. Berkner Y K.M. Towe, del Golddar Institute for space studies de Nueva York. Sus comprobaciones han estremecido los elementos de la astronomía y, al parecer, reforzarían la noción de que las moléculas simples de la vida habrían venido a la tierra del espacio exterior, pues se considera que las mismas no habrían podido constituirse en presencia de una masa abundante de oxígeno. Hoy el hombre parece un proyecto propio que ensaya para modificar la atmósfera. En los últimos cien años las chimeneas industriales y los incendios forestales le han incorporado siete mil doscientos millones de toneladas de anhídrido carbónico, lo cual ha elevado en medio grado la temperatura del planeta.

Si desea ser notificado de las últimas publicaciones y actualizaciones en la web
Suscríbete ya al Boletín Semanal
"La Ciencia amena de Arístides Bastidas"


Introduzca su dirección electrónica:



Al suscribirse a esta lista, usted además recibirá en forma ocasional interesantes escritos con refrescantes reflexiones de Arístides Bastidas sobre la vida diaria que no son publicadas en esta página web y que dejamos como un privilegio para todos aquellos usuarios pertenecientes a la lista.

diciembre 13, 2004

Después de que la hemos usado la energía sigue existiendo sin permitir que la concentren para volverla a aprovechar.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 13 de Diciembre de 1983

En los cambios de una energía a otra se pierde algo de calor, el cual se dispersa en la atmósfera de un modo tal que ya nadie podrá volverlo a concentrar para que haga algún trabajo.

Ya conocemos el principio de que la energía no se desgasta cuando la usamos, sino que cambia de manifestaciones y se dispersa de tal modo que es imposible reciclarla. Sólo concentrada puede ayudarnos en los cometidos de la vida diaria. Las plantas saben eso y han desarrollado la tecnología que sólo ellas dominan, de concentrar y dispersar luz solar en los mínimos paquetitos de las moléculas de los carbohidratos y azucares, donde la misma es encarcelada pero en forma de energía química. Cuando esos paquetitos llegan a las mitocondrias de nuestras células, son despojados por el oxígeno de tal energía, para emplearla en mantener nuestra temperatura, la acción de nuestros músculos y la fabricación de los tejidos de crecimiento y de reemplazo.


El calor de una vela podría servir para encender un cigarrillo pero el mortífero calor de éste sería insuficiente para prender una vela.


Si al local de una cocina con la temperatura ambiente de veinte grados centígrados le extrajéramos el calor hasta unos ochenta grados bajo cero, para concentrarlo en una hornilla, tendríamos el calor necesario para tostar unos sándwiches, freír unos huevos y hacer varios bistecks, pero repito, la energía no acepta más envasamientos que los naturales. Es conocida la comparación que se le hace con el caudal de un río. Mientras descienda tendrá la fuerza necesaria para mover turbinas y generar electricidad, pero al desembocar en el mar o en un lago en el que el agua adopte un mismo nivel, ya no podrá prestar tales servicios.

La energía se expresa en una relación de mayor a menor. Si esta no existe, la energía sigue presente, pero ya no se puede emplear. Transferimos el calor de la llama al agua que empieza a hervir y el de esta a la carne y a las verduras que vamos a sancochar. Pero no podríamos transferir la temperatura de la carne y las verduras al agua hirviendo ni los 100 ºC de esta a los 500 grados de la hornilla. Una llama y un hierro al rojo vivo con los mismos grados de calor, no se harían nada y seguirían iguales aunque estuvieran en el más estrecho contacto.

Según los entropistas, la energía podría llegar al caso de que no puede transferirse porque en su totalidad tiene la misma temperatura; no podría hacer trabajo porque no puede ir de un lugar a otro, como tampoco puede hacerlo el agua de un río que se ha empozado. Esto ha dado lugar a la idea pesimista de que el universo es mortal. Pero hay quienes consideran infundada esta apreciación, dado el misterioso origen de la potente energía calórica y luminosa de las estrellas, desde el momento mismo en que el polvo y los gases que la formaron, fueron comprimidos por la fuerza de la gravitación universal que no cesó de intrigar a Einstein hasta los últimos días de su existencia.



diciembre 09, 2004

El cloro disuelto en el agua es como un misil atómico contra las poblaciones de microbios que pudieran habitarla

La Ciencia Amena de Aristides Bastidas.
Un día tal como 9 de diciembre de 1983.




El cloro se extrae de su principal mina, flotante en el mar, la sal común. Esta es la electrolizada, es decir descompuesta en los dos elementos que la integran para utilizarlos separadamente. (Rep. T. Grillo)


Cuando recalentamos un sancocho se vuelve más salado, porque la pérdida de agua por evaporación aumenta la concentración de sal común. Mas, hay otra explicación para el fenómeno, cuando el agua del hervido ha sido tomada del chorro. El cloro que la acompaña se combina con el sodio natural de las verduras, produciendo más sal. Ya sabemos que el cloro es un gas que ante el calor de la hornilla expandería aún más sus moléculas para salirse de la olla y esparcirse en el aire. Y sin embargo, ¿cuál es la razón de que restos de él continúen dentro del agua caliente? Ya lo veremos.


Las piscinas sería una fuente de epidemias si el oxígeno liberado por el cloro en ellas, no matar a los microbios patógenos con que he caso puedan infectar hasta los mismos panistas.


El cloro es muy soluble en el agua y al combinarse con sus elementos engendra ácido hiplocloroso y ácido muriático en proporciones demasiado reducidas para hacerse sentir. Sin embargo, son estos ácidos los que le dan al agua del Instituto Nacional de Obras Sanitarias, hoy Hidrocapital, su sabor característico, cuando el cloro desinfectante de la misma le ha sido echado en cantidades excesivas. El cloro fue descubierto en 1774, cuando la química naciente había demostrado que el aire, lejos de ser una sustancia homogénea, era una mezcla de diversos gases. En aquel año, y durante una reacción lograda por un alquimista avanzado, apareció una columna humeante con su típico color verde amarillento. No quedó ninguna duda de que se trataba de un nuevo y etéreo metaloide.

Hoy se le dominan todas sus propiedades, ubicado como está en la casilla 17 de la tabla de Mendelev, constituido por la unidad de tres átomos o isótopos con el mismo número de protones pero con diferente número de neutrones, denominados Cl 36, Cl 37 y Cl 38. Junto con el flúor, el yodo y el bromo, detenta el privilegio de combinarse con otros elementos para producir sales. La que empleamos en el comedor y cuyo abuso, según los médicos, puede causar ataques de hipertensión arterial, no es más que la unión de este gas con un metal llamada cloruro de sodio (Nacl).

Asociado de este modo principalmente, el cloro abunda tanto en los mares, que en los mismos se pueden obtener casi 22 gramos de ese producto por cada litro. El cloro es realmente atrevido porque es el único elemento que puede mancillar a su majestad el oro, con el cual se combina para dar lugar a las sales de ese metal precioso, aplicadas en algunos casos de reumatismo ¿Se han preguntado ustedes la procedencia del corrosivo ácido clorhídrico o muriático que el bazo aporta para la digestión de los alimentos? No nos hace nada porque aunque ayuda a la disgregación de los alimentos, es neutralizado por la mucosidad adherida a las paredes interiores del estómago.

Se forma mediante la simple unión del cloro con el hidrógeno del agua. Ya sabemos que aunque anodino con nosotros, el cloro es un virtual misil atómico contra los microbios patógenos. Hidrocapital lo aplica en las proporciones de 25 diezmilésimas de gramo por cada litro del refrescante líquido, aunque a veces se le pasa la mano. Pues bien, bastan estas minúsculas concentraciones para que el cloro mate en una fracción de segundo, poblaciones de 600.000 colibacilos por cada vaso de agua. ¿De dónde sale este poder germicida con el que ese elemento amigo acabó con las antiguas epidemias de fiebre tifoidea y de diarreas en las ciudades?.

Cuando cloro entra en el agua se combina en seguida con la moléculas de ésta, descomponiéndola. Toma el hidrógeno para formar los ácidos que ya dijimos y libera oxígeno monoatómico, muchísimo más reactivo que el molecular. Ese oxígeno se combina con las enzimas de las bacterias paralizándolas de inmediato y matándolas luego. El efecto es bastante parecido al de la conocida agua oxigenada. Esta acción germicida se potencializa con la cal, que añadida al cloro forma un compuesto esterilizante de locales tan susceptibles a la proliferación de las bacterias, como los establos, lecherías y los mataderos. Por último, el cloro es un asistente de nuestra higiene externa pues asociados a la sosa, da lugar a la legía compañera de la blancura y limpieza de nuestra ropa.

diciembre 08, 2004

Tomamos del potasio 40 y del hidrógeno llamado tritio la secreta radioactividad que despide nuestro cuerpo.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 8 de Diciembre de 1982



Sin su entrenamiento y sus facultades creativas, los Joliot Curie no habrían podido aprovechar la casualidad que les permitió descubrir la radiactividad artificial. (Rep. Estrella).


Aunque las radiaciones Alfa viajan a 18.000 km por segundo, una hoja de papel bastaría para detenerlas. .

En el 1934, los Joliot-Curie abrían una nueva era en el arte de manipular el núcleo infinitesimal de los átomos a fín de despojar los parcialmente de su energía radiactiva y de transmutarlos. El año indicado, ellos vieron con ojos embelesados como una placa de metal de aluminio se transformaba en otra del metaloide fósforo, por efecto de un bombardeo de partículas alfa a que la habían sometido. Pero, la expresada converción era algo que se podía esperar desde que Rutherfur hiciera el admirable experimento, en el que trocara al nitrógeno en oxígeno. Lo que hacía palpitar alegremente el corazón de los dos investigadores, es que el nuevo elemento seguía activo de la reacción.

Sabían eso, porque el detector Gaiger estaba agitado como si hubiera puesto en presencia del uranio, del radio o del Actinio. La radioactividad natural era conocida desde 1896, cuando Beckerel la descubriera. Posteriormente los físicos comprendieron que el fenómeno de la radioactividad acontecía normalmente en los elementos más pesados a partir del bismuto. ¿Pero, de donde surgía esta radiactividad emitida ahora por el liviano fósforo? Pronto los Joliot-Curie se convencieron de que era posible la radioactividad artificial, que no otro había sido el hallazgo con el que se ganaría en el Premio Nobel.

A partir de la publicación de su trabajo, no hubo un laboratorio de física en Europa y en EE.UU. donde no se repitiera la experiencia. Otros equipos de físicos y de químicos, empezaron a bombardear el resto de los elementos, confirmando que al admitir cualquier partícula, un neutrón, un protón o una alfa, todos se volvían inestables. Como si quisieran deshacerse de la partícula intrusa, despedían diferentes tipos de radiaciones. Así fue el nacimiento de los isótopos radioactivos artificiales, los cuales se aplican rutinariamente en múltiples búsquedas de la medicina, de la biología, en la industria. Una muestra el empleo que se le da gama la tenemos en la extraviada cápsula con que una empresa detectaba el petróleo oculto bajo la tierra y la cantidad de agua que lo pudiera acompañar.

Ya sabemos que con el yodo radiactivo se estudian los efectos de la glándula tiroides. Fue con este derivado atómico que De Venanzy y Roche hicieron su estudio sobre el óxido endémico en Venezuela, esa enfermedad que puede conducir al cretinismo después que el paciente se le hincha del cuello hasta parecerse a una bola. Es también un isótopo artificial el cobalto 60, destructor de las células cancerosas a distancia, o el cesio radioactivo, que en envases no mayores que un grano de arroz se inserta en los tumores del útero a los cuales aniquila.

Con esos isótopos se hacen radiografías de muros de concreto armado o de las partes metálicas de los motores, para asegurarse de su absoluta compactación. Tal recurso se usa también para precisar la cantidad de hidrocarburos que se están transportando a través de una tubería. Por otra parte, se ha ensayado la acción mutante de los isótopos radioactivos sobre los genes de plantas agrícolas y los de animales de cría. En Maracaibo se han obtenido mejores semillas de sorgo con este procedimiento. Las radiaciones libran a las carnes de toda corrupción, porque durante años ellas marcan a los gérmenes antes de que se hospeden en el producto. En este sentido a hay el inconveniente de riesgo de esas radiaciones en la carne del bisteck que nos comiéramos.

El avance de la investigación nuclear permitió establecer la existencia de isótopos radiactivos naturales, entre los elementos livianos. Eso se supo al señalar que tienen esas características el potasio 40, del que tenemos una buena dotación en nuestro cuerpo; el carbono 14, famoso para medir la edad de los fósiles orgánicos, pero no la de viejos coquetos, porque no actúa en los seres vivos; y el tritio, o hidrógeno con un protón y dos neutrones en su núcleo, cuya radioactividad nos bebemos a cada momento aunque sea en proporciones ínfimas. Digo esto, porque hay cinco átomos del tritio en cada trillón de átomos de hidrógeno en el agua del planeta.





diciembre 06, 2004

La química actúa por igual en el átomo y en el universo y el hombre al redescubrirla no añadió nada a sus leyes

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy. 6 de Diciembre de 1984


Robert Boyle, al derrumbar el edificio Aristotélico, sostuvo la verdad de que los gases no eran otra cosa que sólidos convertidos en partículas bajo la acción del fuego.

La química es una ciencia del universo pues en todos sus jurisdicciones están los 92 elementos que la materia con los cuales opera y en los espacios interestelares ella promueve las combinaciones para formar cuerpos compuestos, como el vapor de agua, el metano, el amoniaco y el gas carbónico. Quizá el primer acto químico que el hombre ejecutó, fue el de la aleación del cobre en el estaño para producir bronce, un material con mejores propiedades que las que tienen aisladamente los dos metales. Los egipcios crearon procedimientos para purificar el oro y la plata. Con técnicas químicas desarrollaron el arte de embalsamar cadáveres para librarlos de la descomposición. Por su parte, los chinos utilizaron esta ciencia para fabricar tinta y concebir la pólvora. .

Los griegos y los romanos, eran expertos en múltiples aleaciones y manejaban materiales tan familiares hoy, como el jabón, el vidrio, la sal marina, el azúcar de la miel, la goma, el alumbre, el azufre, el mercurio, el almidón y hasta el arsénico, tan solicitado por los afectos a las confabulaciones cortesanas. Hasta entonces sin embargo, se desconocía el modo de elaborar compuestos. Esta innovación la harían los alquimistas árabes, quienes hacían sus búsquedas no sólo con los supuestos dones de la magia, sino también con los conocimientos valiosos del mundo pagano, ya había llevado a Harrán, ciudad de Turquía, gentes cultas que se habían concentrado allí, luego de huir de las persecuciones inquisitoriales.


La química moderna, tan cuerda y organizada, seguirá valiéndose del instrumental que heredara de la alquimia, loca y caótica.

Al mantenimiento de ese legado de ideas, hubo de contribuir los hombres estudiosos de Saba, el Yemen de ahora, quienes también preservaban los logros del pensamiento griego. Su interés por cultivarse intelectualmente puede apreciarse en el viaje que la reina de Saba hiciera a Jerusalén, para empaparse de la sabiduría de Salomón. Los árabes impulsaron la química creando compuestos a partir del azufre, con los metales; introdujeron las amalgamas y prepararon el cloruro de mercurio, el borax, el vitriolo, el aguafuerte, el agua regia, el nitrato de plata o la piedra infernal y un líquido combustible semejante a la nafta, que extraían del petróleo.

Cuando los alquimistas volvieron a Europa, dominaban estos métodos y con ellos pudieron identificar, aunque por casualidad, cinco elementos desconocidos como tales hasta el siglo XIV: Antimonio, arsénico, fósforo, bismuto y cinc. Para sus ciegos experimentos se valían de recursos, presentes todavía en los laboratorios, como el fuego, los alambiques, la retorta, los morteros, el crisol, y un aparato condensador que llamaba aludel. En el siglo XV el médico Paracelso revolucionaba la terapéutica, al usar por primera vez un mineral contra una enfermedad. Tan importante como ello fue la denuncia que hizo de las equivocaciones aristotélicas.

Posteriormente Van Nelmont, le imitaría en este sentido, por lo cual empezaría a minarse las bases filosóficas de la alquimia. Así empezaban a abrirse las puertas de la investigación racional en que se asentaría la química. El interés Boyle rompería del todo con el credo aristotélico según el cual la materia estaba constituida por cuatro elementos. Afirmaría que todos los cuerpos proceden de una materia que es siempre la misma y que sus diferencias reflejarían las existentes en las partículas de que estaban hechos. Estudió la comprensibilidad de los gases, demostró que nada ardía sin la presencia del aire, separó el hidrógeno del hidrógeno fosforado e inventó la acetona.

Mientras tanto los alquimistas que desaparecerían el todo, a comienzos del siglo XIX, se habían alejado de sus experimentos y se dedicaban a especular a través de la filosofía del hermetismo sobre la magia y la astrología. Fue reivindicado un texto en que el escritor árabe Al-Kindi rechazaba la alquimia, evidenciaba la imposibilidad de convertir el plomo en oro y afirmaba idea al hombre le quedaba grande el rivalizar con la naturaleza. En los años 1870 Lavoissier se adjudicaría el título de fundador de la química, al introducir la balanza hidrostática, con la que determinó la composición del agua y del aire, distinguió los cuerpos simples de los compuestos y descubrió el mecanismo de la combustión.







Recientes publicaciones de otros blogs dedicados a Arístides Bastidas: