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marzo 21, 2020

Acudiendo a una cita fantasma los mariposos de la uva reemplazan a los insecticidas en la protección de los viñedos



El investigador Charles Linn (Derecha) realizando experimentos con los machos de la mariposa de la uva.

Mientras el hombre estuvo ausente del planeta, las relaciones entre las especies eran las propias de una grandiosa y próspera fraternidad. Plantas y animales se guardaban mutua consideración y habrían visto como una injuria, los calificativos de plaga y malas hierbas. Las criaturas así llamadas contaron durante cientos de millones de años con un lugar en este mundo y contribuyeron más bien al desarrollo de la exuberante naturaleza que había cuando el hombre inventó la agricultura. El desarrollo de ésta propició la presencia de sustancias artificiales y por ende, perjudiciales para todas las manifestaciones de la vida. He aludido a los plaguicidas, herbicidas, insecticidas y otros compuestos que por una insinuante casualidad riman con Sida.

Todavía permanece sin firmes asideros la esperanza de preservar las siembras con el auxilio de sustancias naturales e inofensivas para el entorno biológico. Y por esto nos parece excitante el ensayo de una trampa incontaminante contra la mariposa de la uva, Endopiza viteana clemens. Fue diseñada por el entemólogo Timothy J. Dennehy y sus colaboradores en la Universidad de Cornell entre 1985 y 1990. Los viticultores del estado de Nueva York perderían el 18% de sus vendimias, si dejaran de contrarrestar al expresado insecto con productos de la química industrial. Sin embargo, las campañas ambientalistas le han suscitado un peso de conciencia, a causa de una opinión pública que le es desfavorable. En este caldo de cultivo ha prosperado la estrategia de usar la propia mariposa de la uva para proteger los viñedos.

Para explicarla debe leernos recordar ciertas y curiosas características de los insectos ellos tienen el lugar de narices, dos antenas para olfatearlo todo con ellas reconocen las plantas de las que se ha alimentado por innumerables generaciones con este par de órganos, más que con la vista, reconocen las flores que por divisan a cambio de propinas néctares durante siglos se creyó que los insectos poseían un sexto sentido para todo, captar sus incluso para asuntos sentimentales. A comienzos del siglo se convenía en que se relacionaba mediante secreciones químicas. A esto contribuyó el hallazgo de que las hormigas marcan los caminos que recorren durante sus exploraciones.

Uno de las aplicaciones pacíficas de la energía atómica, es la de detectar a través de grandes aparatos una parte de punto algo en un millón de partes. Estos avances usados hoy para medir el grado en que ensuciamos el aire, los suelos y los ríos, han permitido localizar en el aire las moléculas a la que se deben las fragancias de una fruta o las emanaciones de un bosque. Los entemólogos sabían que el macho de una especie de insectos, era capaz de dirigirse con el viento de frente y en línea recta a lo largo de kilómetro y medio en busca de una hembra que lo aguardaba y a la que nunca había visto. Con los nombrados aparatos se descubrió que la muy coqueta despedía colores irresistibles para posibles pretendientes en sus alrededores. Así se aseguraba el potencial ejercicio de la maternidad.

Esos colores se deben a sustancias plenamente identificadas, las feromonas. Sirven por igual, como guías en la vía que conducen a las hormigas a un banquete para aumentar el crecimiento de las reinas y para enlazar a los consortes a control remoto. A sabiendas de esto el investigador Dennehy y sus ayudantes colocaron en los viñedos tubos plásticos repletos de las feromonas de la mariposa de la uva. Miles de millones de machos acudieron al llamado. Más que confundidos se enloquecían a ante la ausencia de las ingratas en cuyas alas les habría gustado fallecer. Así se frustra la reproducción de esa depredadora de los viñedos. Las respuestas a las pruebas de esas técnicas han sido tan contundentes que el gobierno de los Estados Unidos ha autorizado su aplicación. Los trabajos de campo se hicieron en los viñedos de la región del Lago Finger y del Lago Erie, de NuevaYork.

Los insecticidas reducen al 0 49% los daños a la vid. Las feromonas los reducen a un 0,30%. En 12 minutos un trabajador puede distribuir en una hectárea dispositivos con feromonas que protegerán el viñedos durante 100 días. Bajo este punto de vista científico este es un logro extraordinario. Todavía no lo es a la luz de la tecnología porque su costo de producción es dos veces superior al de los insecticidas. En la Universidad de Cornell continúan las investigaciones que hagan rentable este logro. Los expertos consideran que el control biológico de la mariposa de la uva se extenderá a todo el mundo, cuando alcancen la meta de elaborar a gran escala las feromonas y hacerlas competitivas. Algo tiene que haber de malos en estos sistemas sociales en los que las ventajas de la naturaleza son apreciables sólo, si producen diner
o.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 4 de Diciembre de 1991

mayo 17, 2015

Las avispas usan sus tenazas en actos de neurocirugía y para fabricar el cemento de sus avisperos.




La oruga anestesiada por una aguijonazo , será la comida viviente de la larva de la avispa, mientras crece y se hace adulta para repetir este ciclo.


El avispero tiene una construcción calculada tan matemáticamente, que  el soporte que lo une a la rama resistiría quince veces mayor.




Cuando la naturaleza vio que le había dado a los insectos demasiadas alas para multiplicarse, se las recortó acentuando el gusto que pájaros, lagartos y batracios tienen por las finísimas proteínas de esa procedencia. Y rebasó el principio aplicado entre los carniceros de que tigre no come tigre, porque ha permitido que insecto si come insecto. Esta es una verdad a medias porque las avispas son ajenas al canibalismo y se alimentan diezmando poblaciones con las que no tienen ningún parentesco e impidiendo una explosión demográfca que sería perjudicial para el sistema ecológico en que actúan. 

Hay avispas especializadas en capturar arañas y tarántulas, a las que paralizan cortándolas con sus tenazas bucales y en el cuello, el cordón medular que une al diminuto cerebro con las patas y demás órganos del movimiento. Los arácnidos tan temidos por las moscas y otros animalejos, son en este caso víctimas indefensas e incapacitadas para el contra ataque con sus venenosos cuando las tienen, por alevosía y la precisión de sus agresoras. En  estado cataléptico las presas son arrastradas a nidos subterráneos. Las cazadoras depositan sus huevos en los falsos cadáveres, que serán devorados por las futuras larvas. 

Las avispas tienen el soñado perfil de cimbreantes odaliscas, pero !ay de quien se engaña con ellas!. Su erotismo es mínimo y desaparece apenas la hembra o la reina disfruta del único contacto intersexual en toda su existencia. En su cabeza hay un equipo de microscópicos computadoras que lo dirigen todo: la visión de sus ojos simples y compuestos, la detección de ese entorno mediante antenas y un sistema automatizado de molienda que portan en sus piezas bucales.  En el tórax hay una red de poderosos músculos que accionan las alas  y las seis patas. En el abdomen tienen además del aparato digestivo, cosa curiosa, el respitarorio y el corazón.

Todas las avispas son expertas en fabricar sus viviendas. Las del barro construyen  tubos, unos al lado del otro, que harían recordar las quenas peruanas. En cada uno deposita un animalejo en estado cataléptico  y el huevo de donde saldrá la voraz criatura que se la comerá mientras alcanza la fase adulta. Mediante una  memoria heredada se repetirá una y otra vez el mismo ciclo, se supone que hasta el fin de la vida en el planeta. Hemos hablado de las avispas solitarias, que aceptan a un cónyuge sólo por el brevísimo instante en que la fecunda. Después se las arreglarán para cumplir con los quehaceres de la maternidad y asegurar el porvenir de sus crías. Hablemos de las que forman el avispero. 

Los de aquí son pequeños y nunca tiene más de cien individuos. En los del Viejo Mundo llegan a tener poblaciones de cuarenta mil habitantes. Sin embargo, guardan muchas semejanzas entre sí. Mstican restos de troncos y de manera hasta formar con su saliva un verdadero cartón piedra. Con el mismo hacen una soga gruesa que colgada de la rama de un árbol, sostendrá una bola dentro de la cual están dispuestas horizontalmente las celdillas o cunas de las larvas. Estas son alimentadas por las obreras que regurgitan un nutritivo bolo formado con los insectos que han cazado o con trizas de carne o de pescado que hayan conseguido. En su interior y dedicadas a la profesion del desove, están las reinas.

Se desconoce el mecanismo genético que las produce.  Jovencitas se aparean con machos de vida efímeras y se marchan a echar bases de residencias multifamiliares. Las obreras serán las primeras en nacer de los huevos puestos por la soberana que delegará sus responsabilidades, exceptuando la procreativa, en manos de sus laboriosas hijas. Se sobrentiende que el agujón es una arma defensiva que clavan en la dirección que más le interesa. Es también un arma de caza cuando inyectan ácido  fórmico a las orugas de las mariposas para inmovilizarlas. Las bolsitas de la ponzoñoza son capaces de dilatarse y contraerse por sí misma para introducirlos en la parte afectada, con las intenciones que ya sabemos.


La Ciencia Amena de Arístides Bastidas. 
2 de Mayo de 1986




diciembre 07, 2014

Los renos merecen por sus bondades y su mansedumbre el rol que se les atribuye en las estampas navideñas.

Los renos merecen por sus bondades y su mansedumbre el rol que se les atribuye en las estampas navideñas.
Las patas del reno estàn diseñadas para avanzar con firmeza en la nieve y para funcionar como azadas, cuando la escarban en busca de los vegetales de la tundra que oculta.
 
En las estampas navideñas de las regiones nevadas hemos visto a Santa Claus llevando la carga de presentes en un trineo arrastrado por trìadas de simpáticos renos. En realidad, estos apuestos animales cumplen este trabajo en comarcas inundada por el hielo y habitadas por los lapones en el Norte de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. Los antropólogos discuten si estos semejantes de pequeña estaturas y extremidades cortas proceden de una mezcla de europeos con asiáticos o si constituyen una raza autòctona de los Alpes. Sea como sea conserva de los hábitos de los escandinavos del medioevo y con los herederos de los hombres del Edad de Piedra, en el pastoreo de los expresados ciervos. Unos y otros están tan adaptados a las temperaturas congeilantes que se asfixiarían en los climas tropicales.

Esta apreciación en resulta especulativa porque los mamíferos cuentan con temostatos para adaptarse a los cambios del termómetro. Sin embargo, estos animales que hace millones de años residieran i en el centro de Europa, se mudaron para siempre a las latitudes àrtica en las que han prosperado. Los viajeros del Polol Norte durante los siglos XVII y XIX dan cuenta de rebaños de millones de renos en Europa y de Caribues, sus hermanos en Alaska y en Canadà. Lo machos alcanzas hasta 300 kilos, dotados de cornamenta de hasta dos metros, inecesarias del todo ya que no lo usan ni siquiera para defenderse. Su mansedumbre los hace apropiados para simbolizar los sentimientos de amor y de paz que se experimenta en éstos días.

Los renos tienen un promedio de dos metros cuarenta de longitud y un metro veinte de alzada en la cruz. Extremadamente sociales viven emanadas numerosas a pesar de no estar rodeados de las feraces praderas que facilitarán la explosión demográfica de los búfalos en el antiguo Oeste de los Estados Unidos. Mientras la nieve està blanda, la escarban para comerse diez kilos diarios de lquines y de musgos. Como las existencias de estos primitivos vegetales son limitadas, deben andar a distancias de muchos kilómetros en solicitud de nuevas reservas. Ésas plantas carecen de las ventajas de las flores y de las semillas, por lo cual es más inexplicable la vitalidad que conserva para reproducirse donde muchos árboles morirìan.
Los largos cuernos del reno son a lo sumo un adorno incòmodo, pues no los usa para defenderse de los lobos que lo persiguen como su plato favorito.


Los renos y los caribues , igual que muchas especies, se reta a duelo, como los pendencieros caballeros del Edad Media, ubicarse en favor de sus elegidas. Al batirse no están bravos en absoluto y una vez que se define quién es el victorioso, el perdedor se marcha resignado, sin resentimientos y sin heridas porque la prueba ha sido sólo para medir fuerzas. Sus patas còncavas impiden los deslizamientos sobre el piso congelado. Cuando arrecia el invierno a fines de diciembre, emigrar a bosques y montañas en pos de nuevas fuentes para su alimentación de vegetarianos estrictos.

Su funcionamiento metabólico es más complejo y perfecto que el de los toros y sus consortes, porque los musgos y los lìquines son menos nutricionales que los pastos. Sin embargo, extraen de aquellos elementos y compuestos necesariospara fabricar sus pieles, sus carnes, sobre todo una leche dulce y espesa y con una concentraciòn de grasas tres veces mayor que las de las vacas y las cabras. Los esquimales se han abstenido de domesticar a los acribùes fieles al hàbito de cazarlos, pero al igual que los lapones, quienes practican el pastoreo y la ganaderìa de los renos, emplean la totalidad de las partes de estos hervìboros: las carnes para comerselas, la leche para tomarla, las pieles para vetsirse, los huesos y los cuernos para tallar ùtiles u las grasas para el combustible de sus làmparas.

A pesar de su primitivismo, los lapones explotan racionalmente el recurso, pues en otoño sacrifican sòlo los enfermos, los tullidos y los viejos. Luego aben sus corrales para que los jòvenes renos de ambos sexos se marchen a sus arboledas. Los haràn retornar en la primavera en que las hembras paren sus crìas despuès de lapsos de doscientos cuaenta dìas. Hace treita mil años estaban entre las presas favoritas del Cromagnon, quièn les dio un rol protagonistas pincipales en las pinturas ruspestres de Altamira y otras cuevas.



La Ciencia Amena. Arístides Bastidas, 19 de Diciembre de 1986

octubre 25, 2014

Hay una rana que después de un paro cardíaco de tres meses y estar del todo congelada, retorna felizmente a la existencia.



La reina del hielo, denominada científicamente rana selvática




El 15 de diciembre de 1966 los teletipos de todos los diarios y noticieros del mundo, se agitaban frenéticamente mientras transcribían la información de que Walt Disney, el genio de los dibujos animados, había muerto y que su cadáver se conservaría a una temperatura de 100° C bajo cero, así se cumplía su voluntad testamentaria, con la esperanza de un utópico despertar, cuando la ciencia fuera capaz de curar la dolencia que le cegara la vida. La fisiología tiene bases muy fundadas para negar la posibilidad de un milagro como ese, no sólo porque a los cinco minutos la corteza cerebral fenece irreversiblemente, sino también por el hecho insuperable de que la mayoría de las células son como hojas verdes que se secan de pronto al faltarles por más de un cuarto de hora la circulación de la sangre.

Ella es a que les lleva la leña a la chispa con que alimentan sus diminutos fogones. Estos tienen que generar la temperatura de 37° C, que es la apropiada para efectuar las complejas reacciones químicas de ese caldo viviente al que debemos la vida, constituidos por los protoplasmas de las células. Cinco grados más de calor interno sancochan virtualmente los tejidos y 8° C menos les bajan de tal modo su actividad que aunque se mantengan las funciones esenciales del cuerpo perdemos el conocimiento y desde luego la capacidad para sentir la existencia. Entre 21 y 23.8° C nuestro organismo se sitúa al borde del más allá.

El avance de la cirugía ha determinado procesos de enfriamiento tolerables por el paciente mientras es intervenido. Así los mismos que hoy se agrupan bajo la denominación de hipotermia están auxiliando a la salud, pero, como ya lo insinuamos, no hay nada que haga pensar en que algún día servirán para instituir el arte de la resurrección.

Los hematólogos saben muy bien que los glóbulos rojos directamente congelados, se revientan por efecto de los cristales que se forman pon el agua que tienen por dentro. Hay toros muertos que siguen procreando becerros, porque sus espermatozoides se guardan como joyas preciosas a 70° bajo cero, a los efectos de la inseminación artificial. A fin de que guarden intactos sus dones vitales, se les congela en soluciones especiales,

En estas no hay el riesgo de que los cristales del hielo actúen como puñales asesinos, debido a que el agua se solidifica de modo amorfo, sin estructuras con puntas hirientes. Sin embargo, la investigación es infatigable en las búsquedas de resultados que permitan esquivar con buenas intenciones las leyes de la naturaleza. Se ha descubierto que los animales que se dan el lujo de hacer siestas de tres meses mientras hibernan en las regiones de la nieve, generan sustancias protectoras. Entre ellas se halla el glicerol, el mismo compuesto que usamos para resguarda por años las virtudes genéticas del semen vacuno.


Walt Disney, en una de cuyas películas vimos a un esquimal yacuta durmiendo en un iglú a 51 grados bajo cero y con el calor de una fogata.

Según el CIMPEC, organismo populariza la ciencia en América, hay una pequeña anfibia, que podría cederle ciertos secretos metabólicos al hombre, a fin de conservar vivos riñones, córneas, corazones y otros órganos para trasplantes humanos. Se trata de la rana de los bosques, en el hemisferio norte. Los trabajos que acerca de ella realizan los doctores Kennth y Janet Storey, de la Universidad de Carleton en Canadá, han confirmado que durante la estación blanca, este anima se pone tan tieso como un trozo de hielo, mientras sus ojos se opacan y se detienen del todo los latidos del corazón y el ritmo respiratorio.

Esta campeona del frío se autodeshiela y se activa del todo a las veinticuatro horas de haber retornado el primer rayo de sol. Los científicos se quedaron pasmados al comprobar que su técnica de hibernación, consistía en llenar sus células de azúcar en porciones que nos matarían de diabetes, ya que serían treinta y siete veces superiores a las de usted y yo toleramos en nuestras venas y arterias. Encontraron que así los órganos de la rana mantenían textura blanda, al igual que la parte interior de cada protoplasma. Cuando sepamos como esta anfibia se vuelve melado sin llegar al coma, habremos dado un paso de hormiga en la última aventura imaginativa del autor cinematográfico de Blanca Nieves y los Siete Enanos.

enero 07, 2014

Una trampa erótica- atómica permitió a la agricultura científica acabar con el moscardón destructor de las ganaderías.


Con esta máquina los huevos del moscón eran bombardeados. Los disparos de los rayos gammas del cobalto 90 los despojaban de su fertilidad

Las emisiones de los átomos o  Isótopos radioactivos pueden cambiar las instrucciones en los genes de cualquier ser viviente. Hoy se trabaja más que nunca en la posibilidad de usarlas para obtener razas y animales,  más competentes y más productivas que las conocidas. Nuestra Universidad de Zulia logró variedad de sorgo, con ventajas que les fueron transmitidas mediante el bombardeo de radiaciones. Mientras tanto, el éxito más extraordinario en este terreno sigue siendo el de la confabulación erótica nuclear de genetistas, físicos, químicos y entomólogos  contra un agresivo insecto:  el moscón azul, que devoraba la carne en las propias vísceras del ganado antes del matadero.

Veinte años después del descubrimiento de los rayos X, los biólogos sabían que estos podían esterilizar a animales minúsculos, lo cual era probado a comienzo  de la Primera Guerra Mundial en el carcoma del tabaco. Estas investigaciones se mantuvieron en un plano básico y por eso evolucionaron paulatinamente. Nadie pensó en la aplicación que podrían dárseles contra ciertas plagas hasta que en 1937, E. F. Knipling,  del departamento de Agricultura de los EE.UU., concibió la traviesa idea  de dejar a los machos sus virtudes hormonales y quitarle las de su reproducción.  Este plan era imposible pues. quién sus lleva encargarse de atrofiar las células seminales en cada nuevo insecto? 

Con sus doce milímetros de largo el moscón azul, que causara destrozos en los rebaños estadounidenses, es hoy un animalito de experimentación que come carne cuando le dan.   

En los años cuarenta los EE.UU. veían aumentar las invasiones del  moscón Cochliomyia hominisvorax, el cual depositaba hasta 150 huevos por vez. en cualquier rasguño leve en  vacas  y novillos. Las larvas nacían con un atornillador en la boca, a través del cual expoliaban miles  de  millones de toneladas de bistec de a la población norteamericana. Las pérdidas aaterraban a criadores y a consumidores cuando el flagelo saltó de la Florida a Texas y Georgia.  Fueron inútiles las sustancias para neutralizar a las mscas, inmunes al recién inventado DDT, por su esaparecida distribución. Investigadores Melvin y Busland se preguntaban qué hacer con los criaderos en los que estudiaban a la causante del azote.

Cuando creían que era inútil aquel esfuerzo en medio de una asqueante  mezcla de carne y sangre podrida, hicieron una observación  propia de su perspicacia científica. Las hembras, renunciaban para siempre al placer del ayuntamiento sexual, después que experimentaban el primero. Obviamente, no necesitaban los demás aparamientos  para fecundar sus anidadas. Los investigadores se acariciaban sus barbiillas tratando de saber cómo podrían  aprovechar tal característica. El equipo se amplió con especialistas en radioisótopos, quienes asumieron la responsabilidad de dispararle rayos gamma a los genitales de machos que estaban en la fase de de crisálida. 

El día del experimento los resultados superaron las expectativas. Los machos radiados y estériles aventajaban a los normales en la conquista de las hembras y en sus  acoplamientos con ellas  las cuales, después del encuentro nupcial, no tendrían más contacto. 

El ensayo al por mayor se realizó en la isla Sanibel, frente a la Florida, donde el flagelo quedó eliminado. Un año después estos moscardones atomizados eran liberados en Curacao,  donde también quedaba erradicado el problema. En la Florida surgió una bioindustria consistente en la producción de estas moscas con impulso sexual pero estériles, que eran  exportadas a fincas en todo el mundo. El consumo de ellas en Estados Unidos llegó a sobrepasar los 80 mil millones.

Los norteamericanos tienen un servicio de mantenimiento contra este insecto, a pesar de que en 1966 dejó de ser una amenaza para sus bovinos. El departamento de agricultura estima que los 100 millones de dólares dedicados en 1950 a este programa fueron inversión recuperada centenares de veces con el ahorro de las crecientes pérdidas de producción agropecuaria que padecía por esta razón. En Venezuela se trató en vano de controlar así  al Chipo, transmisor del mal de Chagas,  pero hubo el inconveniente de que las hembras cohabitaban varias veces y que sus consortes normales son tan ávidos del disfrute amatorio como lo que carecen de la facultad para multiplicar.

diciembre 18, 2013

Tan grandes como nuestros cóndores las avutardas en Europa encuentran en la mano del hombre la tabla de salvación.




Las avutardas son privilegiadas porque entre ellas son los machos los que se adornan para seducir a sus prometidas con las que guardarán una recíproca fifelidad.
Hace mas o menos cuarenta y cinco millones de años, la naturaleza empezaba a confeccionar los modelos más avanzados de sus criaturas. Ya existían las plantas con flores que apoyadas en esta ventaja, se expandían con una velocidad imposible, para sus antecesores, entre los pinos y los helechos. Las fanerógamas  introducirían las frutas, semillas revestidas de una fragante y carnosa pulpa. Esta innovación aceleraría la evolución de los mamíferos recién llegados entonces y de las aves que llevaban noventa millones de años de residencia en el planeta. En aquellos días surgieron las antecesoras de las avutardas.

Juntos con sus parientes directos, las grullas y las famosas cigueñas, formaron nutridas poblaciones ingiriendo la inagotable alimentación que les ofrecíían los bosques de los árboles frondosos y exhuberantes. En este período, eñ Eoceno Medio, aparecieron especímenes insólitos, entre las cuales se destacan los moas de Nueva Zelandia. Eran tan herbívoros como los predecedores del elefante y alcanzaban la impresionante altura de tres metros y medio. Los restos de sus huesos y plumas revelan que su extinción ocurrió hace unos tres siglos, causada por su limitada reproducción y porque , no obstante su corpulencia, carecían de armas defensivas frente a sus depredadores, entre los cuakles estuvo, el hombre.

Las avutardas alcanzaron tamaños descomunales,  pero los redujeron inteligenemente para adaptarse a la características de la vegetación cuyos exponentes disminiuyeran por la crisis climáticas y el ritmo con que prodigaban sus bienes. Otras especies hicieron lo mismo, pero lo que perdían en tamaño lo ganaban en competenciaa para sobrevivir. De allí entonces que surgieran géneros que han llegado hasta nuestros días. En las décadas de este siglo las avutardas han sufrido un descenso contínuo de sus poblaciones en todos los continentes, salvo en América donde jamás existieran y donde no hay ninguna especie que tenga con ellos el más lejano vínculo de consanguinidad.

Sus plumajes son ocres y grisáceos y sus picos cortos y fuertes. Las avustardas son buenas voladoras pero se les llama pájaros caminantes por su aficción a la carrera de velocidad. Es tna intensa que en las épocas mediovales, en vez de escapar a las alturas ante la persecusión de gentes a caballo, preferían correr hasta que eran enlazadas. Desconocedoras por completo de las técnica de la Ingeniería Civil, nunca constituyen nidos y los improvisan en las depresiones casuales que encuentren en el suelo. Allí ponen cuatro huevos manchados de color verdoso de los que, si hay suerte, saldrán un mes más tarde sendas crías que a las cinco semanas saben usar sus alas.

La tradicional y deportiva lucha de los machos que se disputan los favores de una coqueta, responde a las leyes de la selección natural y a la finalidad de que se imponga el mejor dotado para la reproducción de la especie.

 Su último habitat ha sido el de la Europa Central donde están al borde de la extinción. En la República Democrática Alemana han dispuesto medidas perentorias para multiplicar a las doscientos avustardas imperiales que les quedan. A control remoto y con sistemas electrónicos detectan sus nidos para ponerlos a salvo de merodeadores enemistosos. Está en vigor un decreto que sería considerado violatorio de la propiedadprivada en los parajes del subdesarrollo. Cada agricultor destinará el uno por cient0 de sus tierras a plantaciones arbóreas, que den fruto apetecibles para esa aves y propicien poblaciones de insectos y de gusanos que gusten a su paladar. Una asociación de veintidos mil activistas de la conservación de ña naturaleza, vigila el cumplimieno de este decreto, en atención al principio de que es deber de la sociedad velar por el mantenimiento y el progreso genético de la fauna y la flora.

diciembre 15, 2013

Los reptiles Voladores no tienen que ver con las aves: Hace treinta y cinco millones de años se extinguieron para siempre.

Los Pterosaurios ahuecaron inclusive sus huesos para aligerar su peso en el aire, pero fracacaron cuando aparecieron las aves pescadoras, más ágiles, más competentes y mejores dotadas.

Los primeros animales que intentaron la navegación aérea fueron los peces voladores, que todavía se impulsan dentro del agua para saltos hasta de seis metros fuera de ellos. El honor de la locomoción en la atmósfera lo conquistaron los insectos a pesar de que sus alas tienen un movimiento primitivo análogo al de un helicóptero. Hubo un momento en que sin enemigos que los controlaran, se multiplicaron exageradamente. Constituyeron peligrosas plagas que amenazaban la propsperidad de los helechos gigantes y sus cálidos bosques  llenos de humedad y de hermosura. En eso se aparecieron los antecesores de los reptiles que se liberaban del agua, atraídos por las excelentes  proteínas de las libélulas, las cucarachas  y sus afines. 

Los recién llegados también proliferaron alimentados con diminutas presas que cazaban en grandes cantidades. Algunas de estas especies variaron su dieta, haciéndose vegetarianos y carnívoros insaciables. Hubo grupo insuficientemente equipados para compartir por la comida. Entre éstos se hallaban los pterosaurios, que no eran rivales ni para lo gigantescos  brontosaurios ni para el enorme y sanguinario tyranosaurio que tenía fauces armadas con centenares de puñales del más blanco marfil. Los pterosaurios dominaron entonces el aire a través del cual explotararían la despendas del mar.

Los reptiles asumieron el comando del planeta hace unos doscientos cincuenta millones de años. Se desconoce con exactitud el período en que aparecieron los que volvieron al océano con el aspecto de ballena y los que desarrollaron alas membranosas de hasta 7 metros de envergadura. Sus cuerpos eran livianos para aprovechar las corrientes en el planeo. Cuando sorprendían a un pez en la superficie de las aguas, descendían en vuelo rasante, lo atrapaban entre sus mandíbulas  con dientes y se volvían a elevar. Se ignora si eran capaces de aletear al escalar las alturas, pues ello pertenece en el terreno de la hipótesis. Los fósiles rescatados  revelan que poseían  un largo dedo, con el cual sostenían el tejido tegumentoso, ensamblado en forma parecida al de las alas de los murciélagos.

Sin duda de que sus patas les permitieran una marcha normal, aunque es evidente que los restantes dedos de sus brazos los usaban para subir a los acantilados, desde donde se lanzaban de un modo más acertado que el de los seres humanos que practican hoy el deporte de los ícaros. A pesar de su rudimentario dominio de la areonáutica, permanecierion en este mundo por varios millones de años hasta que se acabaron para siempre sin dejar seguidores. Al igual que sus hermanas de  tierra  y agua sufrían la contrariedad de ser animales de sangre fría, que así se continua llamando a los que no tienen la propiedad con que las aves y los mamíferos se mantienen calientes aunque sea baja la temperatura exterior.

Sería imposible que Raquel Welch fuera amenazada por un pterosaurio cuando se bañaba como se ve en ciertas  películas, por la sencilla razón  de que  hace treinta y cinco millones de años, cuando se extinguieron esos animales, no existían ni siquiera los monos, mucho menos las mujeres. Hay que recalcar que el bisabuelo de las aves  fue un reptil muy distinto de los que llegaron a volar. Se supone que fue un tecodonto, de poco tamaño, que andaba sobre sus patas traseras equilibradas con la cola. Por alguna mutación dio lugar al Archacpteryx, que existió hace ciento cincuenta millones de años. Tenía cabeza de cocodrilo, huesos macizos, carecía de quilla y sólo sabía planear. Con todo y eso era un ave porque tenía plumas y sangre caliente.


Los reptiles voladores y los dinosaurios fueron ensayos que la naturaleza archivó  por sus malos resultados. Pero otras líneas lograron perennizarse en el planeta. Fueron aquellas de las que se derivaron los caimanes, las babas, las tortugas, los morrocoyes, los lagartos, las iguanas, las serpientes y las tuateras. Los mamíferos reemplazaron a los reptiles, pero éstos tuvieron los tres caracteres propios de la evolución: extinción, sobrevivencia y radiación. No recordemos que el huevo con cáscara protectora del agua y del futuro embrión de una criatura, no lo inventaron las aves, los heredaron de los reptiles que con esa innovación suprimieron la dependencia del agua que siguen sufriendo los sapos y otros anfibios. 

La Ciencia Amena



marzo 10, 2013

Es con el arco reflejo que puede explicarse la causa de los movimientos que hace el rabo que suelta el tuqueque.

Es con el arco reflejo que puede explicarse la causa de los movimientos que hace el rabo que suelta  el tuqueque.

El buho tiene perfeccionado como pocos animales , el don de cerrar la pupila casi del todo frente a la luz y abrir del todo en la oscuridad para ver como rayos X a los ratones que se comen.

Son innumerables los actos que nuestro cuerpo ejecuta sin tomar en cuenta para nada, ni a la conciencia ni a la voluntad, sin embargo, los mismos no se realizan anárquicamente, sino dentro de un orden y con una facilidad muy precisa. Estoy aludiendo a hechos como el de la respiración, los latidos cardíacos, los movimientos peristálticos del tubio digestivo, la digestión de los alimentos, su conversión en materia viva dentro de las células, la fabricación de células nuevas, la destrucción de células viejas, la generarción de energía dentro de la mitocondrias y pare usted de contar. Todo esto tiene un comando supremo en el sistema neurovegetativo, desde donde se imparten órdenes, obedecidas con más disciplina que la de un antiguo regimiento prusiano.


El nervio receptor situado en el tendón de la rodilla y el nervio motor que lo hará moverse situado  en la médula, forman un típico arco-reflejo de dos neuronas. 

Todos recordamos que los reflejos condicionados, mediante los cuales la más ligera enanación de un perfume nos desata el recuerdo de lsa mujer amada que lo usara, valga el ejemplo, son aprendidos. Es intuitivo que el escolar siente cuando termina una clase, pero no el que experimenta y por la misma razón, cuando oye el timbrazo que le anuncia la hora del recreo. En estas dos situaciones la captación de los estímulos, uno olfatorio y el otro auditivo como el dela succión en los niños o el de contraer la pupila de  manera que llegue a la retina, sólo lla luz adecuada para mirar una imagen o un paisaje. 

La facultad de pestañear es congénita, pues tiene el propósito de lubricar o hidratar permanentemente la supeficie del ojo. Un nervio receptor envía a una neurona denominada afectora en la parte ¨no pensante¨del cerebro la señal de que falta agua. La respuesta viene de inmediato para que se produzca el parpadeo que repondrá el grado normal de humedad. Pero el pestañeo puede quedar bajo el dominio de la voluntad y de la conciencia, ya que podemos hacerlo cada vez que queramos. No podríamos en cambio aumentarlo o disminuir la temperatura del cuerpo o sentir sueño cuando lo deseáramos por la sencilla razón de que esas atribuciones son exclusivas de una región del encéfalo, denominada el hipotálamo. 

Si un equilibrista pisa por casualidad la punta de una aguja, un reflejo natural lo hará saltar peligrosamente  sobre la cuerda, pero de inmediado la conciencia reemplazará al instinto, devolviéndole su sentido del entrenamiento que le permitirá proseguir su exhibición luego de algún balanceo. Ahora bien, de qué modo operan los reflejos en los que jamás interviene el cerebro?.  Es muy popularizada la estampa del tuqueque que cuando se siente perdido ante el gato, le arroja la más original de las cortinas de humo, soltándole el rabo cuyos dinámicos saltos desvían la atención del felino.

En el bachillerato suele hacerse el experimento de cortale la cabeza a una rana.Sus patas estirarán , a pesar de que tiene céfalo, cada vez que las mismas sean puyadas o tocas por una corriente eléctrica. Quién no recuerda el ensayo de Galvani, aunque su  conclusión de que existía la electricidad animal fuera equivocada?. Cuando el médico nos golpea con un martillo de goma, los tendones debajo de la rodilla, la pierna , salta por su propia cuenta, eso se debe a que el nervio sensitivo le remitió a la neurona motora situada en la médula la respectiva información, para que enviara la expresada respuesta. Véase pues como el grueso cordón que nos baja por el espinazo asume decisiones autónomas.

Una serpiente decapitada se contorsiona repetidamente y un pollo guillotinado puede dar algún paso. La causa de ambos fenómenos está en que la médula da órdenes que pueden desatar reacciones en cadena, en la que un músculo  al tiempo que se mueve estimula un nervio sensitivo del músculo vecino   que al mismo tiempo actuará sobre la neurona del otro y así sucesivamente. Esta explicación es válida tambien para el rabo del tuqueque, que aunque desconectado de la médula está capacitado para obedecer a posteriori la últim aorden que recibiera. Mucho le queda a la ciencia por explorar en este paraje de los refljos, sobre los cuales Ivan Pavlov nos legara sus originales trabajos.

La Ciencia Amena de Arístides Bastidas. 
9 de mayo de 1984

diciembre 06, 2012

El buey y la mula inventaron la calefacción al natural para que el niño no temblara sobre el heno del pesebre.

El buey y la mula inventaron la calefacción al natural para que el niño no temblara sobre el heno del pesebre.
Dos animales, símbolos del trabajo y de la mansedumbre, a falta de otros dones ofrendarán con su aliento al Niño Jesús.
La tecnología de los pingüinos contra el frío incluye además del abrigo de sus plumas, un metabolismo de alta velocidad para generar más calor que el absorbido por los hielos polares.
Durante estos días, un frío invernal, casi colindante con el de la nieve, se instalaba en Judea, obligando a las gentes a refugiarse entrada la noche, en la lumbre doméstica de las viviendas. Los visitantes de Belén, la Casa del Pan, debían guarecerse dentro de los mesones donde el calor de la leña encendida se completaba con el fragoroso vino de viejas vendimias. José y María se habían quedado sin posada quizás, porque el cánon de arrendamiento, por la congestión de gente que fuera a censarse, era muy inflado para ellos. Como si fuera poco, a la falta de albergue surgían ahora los dolores de parto que ni ella ni él aguardaban aún. En estas condiciones el pesebre pareció ser otra bendición del cielo.

El heno ofrecía su fragilidad de mullido de colchón, para el descanso reparador. Y cuando nació el Niño Dios, no había lumbre en el entorno pero sí la calefacción natural, que con sus veinte litros de aire cálido a cada instante ofrendaban los otros dos huéspedes del establo. Jesús, que tal vez pensaba ya, debió preguntarse cómo hacían las dos mansas bestias para emitir tanto calor, si éste es hijo del fuego y ellas no eran dragones. Quizá con sus dones divinos pudo explicarse que dentro del cuerpo de los dos animales algo ardía, de modo tan lento que en vez de quemar surtía el efecto de una caricia protectora.

En efecto, el buey y la mula no podrían ufanarse de sus conocimientos sobre química y termodinámica, pero lo usaban en el máximo de sus propiedades, esta vez no sólo para servirse a sí mismos sino también al cuerpecito pobremente abrigado del recién nacido. Seguramente el futuro redentor entendió también el origen de aquella sostenida temperatura. Los mamíferos son criaturas en cierto modo privilegiadas, porque tienen en la base del cerebro un departamento llamado hipotálamo, que vigila día y noche en medio del hielo o del sol tropical para que los cuerpos que controlan mantengan invariables sus niveles naturales de calor.

Los niños de todo el mundo podrían volver a la carga para indagar si el horno interno que nos hace exhalar aire caliente igual que el buey y la mula, se alimenta con gas como las cocinas, con carbón como las antiguas fraguas o con leña como los fogones campesinos. Hay ciertas analogías con todos esos ejemplos, pero nuestro fogón, como el de la mula y el buey, emplea procedimientos mucho más complicados. Los cuadrúpedos se comen el heno dentro del cual hay una silenciosa pero potentísima fuente de energía química envasada. No la vemos porque sólo es visible cuando la ponemos en contacto con una temperatura crítica como la de la llama de un fósforo.

Esta, incendiaría el heno haciéndolo inútil. Las células de los herbívoros, como el buey y la mula, actúan con una prudencia tan admirable como eficiente. En vez de consumir la energía del heno de un solo golpe, como la haría la llama de un fósforo, la aprovechan pausadamente, tomándose todo su tiempo. No le meten candela sino que el oxígeno que respiramos se combina con el hidrógeno de las moléculas de cada carbohidrato, liberando así la energía química en forma de calor dosificado y adecuado. Los mamíferos aplican estas virtudes en los diversos fines de vida, cuando llega el frío, lo contrarestan multiplicando hasta cuatro veces el consumo de nutrientes o de heno y pasto, como en el caso que nos ocupa.

Huelga decir que como el buey y la mula querían también demostrarle su adoración al Niño Jesús, redoblaron el trabajo de alentarlo con calor, porque comprendían que ésta era la ofrenda más alta de solidaridad y de amor que ellos podían hacerle. Se dice que todos los que sumaron su fe a la fuerza y a la obra del que fuera un niño de pesebre lo acompañan hoy en el reino celestial donde prosigue su obra redentora del hombre. ¿No estarán allá criaturas que también le rindieron tributo al niño en la hora de bienaventurada de su natividad? 
 La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
28 de Diciembre de 1983


diciembre 02, 2012

Los ratones cubren en la noche distancia que serían tan largas como la vuelta a la Tierra de un hombre que anduviera a pié.

Los ratones cubren en la noche distancia que serían tan largas como la vuelta a la Tierra de un hombre que anduviera a pié.

La oscuridad es el medio propio del ratón que, sin embargo hace correrías diurnas, amparándose en la velocidad de sus patas ante el peligro.


Con sus incisivos como escopios pueden reducir a polvo materiales orgánicos, para comerlas o para acolchonar sus nidos. 

Los ratoncitos caseros son el prototipo de los micromamíferos monopolistas, de facultades fisiológicas que los científicos tratan de explicarse. poseen mecanismos secretos y de gran competencia para adaptarse al calor y al frío y para mantener en el trópico o en las regiones subpolares una sin par capaidad reproductiva, que le permite a la hembra hasta seis partos al año con seis crías cada uno. Ahora bien, si no hay comida suficiente se multiplican sólo en la medida en que la consigan. Con ese fin retrasan sus ovulaciones y emiten ciertos sonidos, que expresan su rechazo rotundo a copular  con un macho compulsivo. Los avances en este aspecto de la zoología han sido resumidos para el mundo, por el catedrático F. H. Bronson de la Universidad de Texas en Austin.

Profesor Franklin H. Bronson, Director del Instituto de Biología Reproductiva de la Universidad de Texas, en Austin.

El ratón doméstico es un comensal del hombre desde que éste se hizo sedentario. Sus dones para digerir y metabolizar la celulosa de vegetales, le permitieron asimilar con los alimentos que hurtaba, telas, papeles, cartones, cueros, ciertas maderas. Aprendió a imitar a la rata canguro del desierto que nunca bebe agua pero orina siempre, porque la fabrica combinando el oxigeno del aire con el hidrógeno de la celulosa que es para ellos como son para nosotros el azúcar y los almidones. Todo esto es conocido pero nadie sabe comn hacen los ratones para vivir  cerca de las cocinas o en el interior de cavas congeladas con las misma confortabilidad. Obsérvese que su  minúsculo tamaño les contrarresta la acción reguladora de sus termostatos, por la cual tienen tendencia a enfriarse rapidamente en ausencia del calor y a calentarse cando el mismo es elevado.

De algún modo se las arreglas para ahorrar calorías en épocas de escasez, cuando suelen ser más largas sus jornadas en busca de la dieta diaria. Parece que nevesitan hacer calistenia continuamente, pues según los experimentos de Bronson, un ratón con la despensa de su jaula llena, era capaz de dar, en una rueda vertical anexa, de veinte mil a treinta mil vueltas por noche. Esto es igual al recorrido de entre nueve y quince kilómetros. Esa distancia para un animalito de veinte gramos, sería  igual a la de un hombre de setenta kilos que anduviera entre treinta y dos mil y cuarenta y ocho mil kilómetros entre crepúsculo y crepúsculo. La circunsferencia de la Tierra es de 40.000 Km. Otros hechos dejan impávidos a los investigadores, como el de que si la dieta es deficitaria, la hembra detiene su crecimiento  pero madura sexulamente, mientras los machos hacen lo contrario. En este mundo es usual la presencia de varones bien  formados pero sin ninguna virilidad. Ellos se ayudan con ciertas previsones para procurarse un microclima  estable en sus cuevas. Si el medio externo es caliente aprovechan la neutralidad térmica de las paredes de tierra en sus habitaciones. Y si hace frío los miembros de la familia se juntan resguardando el calor de sus cuerpos y el de sus alimentos. Las parejas hogareñas no admiten visitantes ni intrusos en el habitat de sus correrías.

Con este fin lo marcan con su orina, la cual despide señales de olfatorias que dirán  a los extraños, no sólo que están en terreno ajeno, sino también las características de la especie, el sexo y el nivel erótico de los propietarios. Los nacimientos pueden ocurrir a temperaturas oscilantes entre las seis grados centígrados bajo cero los treinta y cuatro grados centífgrados. Cómo pueden las crías recién nacidas e inválidas sobrevivir a esos fríos sin las estufas que en tales casos usan los seres humanos?  El cuerpo de las madres es insuficiente para abrigarlas a todas, por lo cual dependerán exclusivamente de las calorías de la alimentación al pecho. 

Entre los ratones está prohibido el incesto y las madres lo impedirán airadamentre en el caso de que sus consortes lo intentaran con sus hijas. Estas son destetada a las semanas cuando empiezan a buscarse su sustento. A las tres semanas abandonan el hogar natal y se marchan a fundar el suyo. No creen en aquello de que contígo pan y cebolla, porque antes de dar el sí a un pretendiente, se aseguran  de que haya provisones en su nuevo entorno y aguardan  a que esté lista la madriguera que escavan entre ambos. Es extraño que estos animalitos estén libres de la norma de la vida y de reproducción peculiares de los grandes mamíferos, cuyas épocas de celos no son caprichosos  y aparecen sin adptar  las previsiones inteligentes de los ratones más simpáticos y tan destructores.


La Ciencia Amena
13 de mayo de 1986
 

diciembre 26, 2010

El hombre cree que es superior a los microbios pero se equivoca.

Por Arístedes Bastidas.
Tomado de la Revista M. No. 54. Sept. 1975.


Durante
millones de años
la vida prosperó sin el hombre
y podría continuar sin él,
pero jamás sin
los microbios del suelo.


Objetos innecesarios,
que sólo cubren
las necesidades artificiales
señaladas por Marcuse,
aumentan el gasto de energía
y nos acostumbran
a una molicie perjudicial pa
ra
la salud



La naturaleza debe estar arrepentida de haber promovido como el más equipado de sus modelos, a ese llamado hombre.

Durante 420 millones de años la vida conquistó la parte seca de la superficie planetaria, y allí proposperó a través de las más rica y diversas manifestaciones, tanto en las especies animales como en las vegetales. Los descendientes de las algas y de los peces se instalaron en tierra firme y edificaron sobre ella un generoso imperio natural, regido por opulenta armonía entre los seres que caminaban por los suelos, los que volabam por los cielos y los que habían hincado sus raíces en las entrañas suberráneas para obtener la savia vivificante con que crearían el verde esplendoroso del paisaje.

En tan largo periodo se extinguieron formas de vida que no supieron adaptarse, sustituidas por otras mejor preparadas para la sobrevivencia. Las áreas que permanecieran descubiertas durante 4 mil millones de años fueron cobijadas por un almohadón de restos orgánicos constituidos por dinámicos gérmenes, insectos y lombrices que hacían, antes como hoy, los cambios químicos formadores de las sustancias que absorberán las plantas.

Ahora bien, cuando apareció el bípedo, orgulloso de su inteligencia superior, impuso sus propias reglas persuadidos de que era el rey de la creación. Al intentar sustituir a la naturaleza, la quebrantó con tal gravedad, que no sólo ha extinguido diversas especies animales sino que ha puesto en jaque la existencia de su propio género.

La biosfera, es decir, la franja donde transcurre la vida, comienza a 10.000 metros en las simas del mar pobladas de peces provistos de órganos luminosos, continúa por toda la superficie terrestre y termina en el aire, en las copas de los árboles donde están los más elevados nidos de las aves. Esta franja es proporcionalmente una lámina más delgada que la que cubre una manzana. La residencia de la vida ocupa pues una pequeña dimensión del globo y no hay modo de mudarla para otra parte.

El recién llegado no parece comprender esto. Ufano de su razón la ha deformado tanto que luce preferible la sinrazón con que se han desempeñado los animales. Estos se ajustaron siempre a las normas del bosque, de la selva o la sabana donde estuvieran sus domicilios. Nosotros irrespetamos esas leyes y aplicamos las nuestras que, con el surgimiento de las primeras civilizaciones, consistieron en derribar árboles para diversos usos, sin preocuparnos por sembrar los sustitutos.

El hombre es el único ser que hace guerras masivas contra los miembros de su propia especie. Hubo quienes las justificarán con el absurdo argumento de que los conflictos bélicos, de modo igual a las pestes, controlaban el crecimiento humano. Les declaró también la guerra a distintos animales que ha eliminado, con el objeto de complacer ciertos atavismos como el de la caza, o de atender requerimientos lucrativos. Está a punto de desaparecer el Tigre de Bengala, víctima de una ensañada persecusión a tiros como la sufrida por hervíboros y carnívoros de Africa.

El hombre ha procedido así porque el rompimiento de esos enlaces ecológicos no ha causado dramático desequilibrio aunque, desde luego, lo causa.

Los investigadores estados unidenses quedaron sorprendidos cuando encontraron rastros de DDT en los pinguinos de Alaska, quienes habitan regiones muy distantes de aquellas en que se aplicacban los insecticidas graduales. De inmediato no se podrían vaticinar las consecuencias que ello acarree a esos animales y a los camarones con que se alimentan, que seguramente asimilaron el DDT al ingerir los corpúsculos orgánicos disueltos en el mar contaminado con el mismo, que llegaran a traves de los ríos, procedentes de los labrantíos. Esto podría ser un ejemplo de la vinculación que hay entre todos los fenómenos de la biosfera, aun entre aquellos separados por largas distancias.





Los animales dieron en un regio escenario la bienvenida al hombre hace 500.000 años. Deben estar pensando ahora que es así como paga el diablo al verlos manejar los bienes de la naturaleza con la audacia y los riesgos del aprendiz de brujo, y los respectivos riesgos, por supuesto.

Subrayemos el principio de que la conservación correcta es la que se hace en función de una vida sana y feliz.

Debemos aplicar las normas del mutuo auxilio. Si auyudamos a la naturaleza ella estará en condiciones de ayudarnos más y mejor. Sacrificamos permanentemente cabezas de ganado, aves de corral, cerdos, cuyas carnes han permitido este avasallante aumento de la población. Más como al mismo tiempo renovamos e incrementanmos el número de esos animales, nosotros ganamos por las proteínas que nos suministran, y ellos ganan porque aseguran su perpetuidad. La sociedad con el hombre, por otra parte, los libra de la preocupación de que buscar el sustento.

A fines del siglo pasado, los taladores de los árboles fueron una plaga que asoló los bosques de costa a costa en los Estados Unidos. Quedaron desnudas las superficies ocupadas por los estados de Michigan y Wisconsin. Aparecieron enormes desiertos erosionados donde antes la flora luciera su majestuosa belleza. El gobierno de Teodoro Roosevelt adoptó medidas eficaces. Gracias a las mismas , hoy, cuando la explotación maderera es la mayor en la hostoria norteamericana, se multiplican las reservas forestales porque siembran tres áboles por cada dos que se cosechan. No creo que hagamos algo parecido los venezolanos en la actualidad.

Nos han enseñado a juzgar mal a los microbios. Entre ellos hay algunos que producen enfermedades que nos obligan areplicar con una guerra defensiva. La mayoría, sin embargo, son buenos y provechosos para la existencia de las plantas, de los animales, de los seres humanos. En un puñado de tierra fértil hay un mundo de cientos de veces más poblado que el nuestro. Los contituyen gérmenes que transforman los cadáveres de animales o vegetales en gratos nutrientes de las raíces. Con esos nutrientes de tan feo origen se formarán mas tarde los pétalos de una flor, la pulpa azucarada de una fragante fruta, o el verde sugestivo del césped. Cuando esos microbios , milagros químicos invisbles, no están en la tierra, ella se torna estéril, y sólo sirve de sepultura a las semillas. Durante los incendios, gran parte de esos microraganismos mueren achicharrados por las altas temperaturas.

Dedúzcase fácilmente esta cadena ecológica: los microbios y los animalejos del suelo alimentan a las plantas; éstas alimentan a los animales y a los humanos a través de diferentes niveles; los cuerpos muertos alimentan a los microbios que lo transforman, y este ciclo se repite indefinidamente mientras no sufra interrupciones importantes. La ecología está representada por cadenas de la vida en las cuales los eslabones representan diferentes formas de lela en orden sucesivo. El error del hombre está en estimar que él es el eslabon más significativo y que los parásitos son el más despreciable. O rectifica esa opinión o su porvenir quedará gravemente comprometido. Deberá advertir que la vida existió durante millones de siglos sin su concurso, y aunque podría prescindir de él le sería imposible imposible mantenerse sin el auxilo de los microrganismos ya eludidos.

El señor Marcuse tenía razón cuando censuraba las necesidades artificiales que nos alienan. Podemos entender el papel de las máquinas que nos transportan o que fabrican los productos de utilidad esencial. No podríamos decir lo mismo de los artefactos que empleamos, no para hacer más confortable la existencia, sino para aumentar la molicie y librar a nuestros músculos y a nuestro cuerpo de movimientos y ejercicios buenos para la salud. Además, hemos aceptado masoquistamente la tiranía de ciertos artículos objetables, sin los cuales no estaríamos cómodos.

Entre los mismos se encuentran los recipientes desechables de aluminio, latón, plástico y de vidrio no retornable, con los que ensuciamos el planeta. Y ¡qué decir de la interminable sucesión de las modas!.

Ropas y calzados sin desgaste son echados a la basura para ser sustituidos por aquellos que constituyen el último hit de la novelería. En resumen, hay cosas y objetos innecesarios cuya producción consume enormes cantidades de energía a pesar de que sus fuentes tradicionales se agotan y que arrojan desperdicios químicos contaminantes de la tierra, de las aguas y del aire.

Sería absurdo secundar a Rousseau en su prédica de que el hombre retorne a sus estadios primitivos para ser dichoso. Lo juiciosos es proponer que use más inteligentemente los frutos de la inteligencia, y que no se deje ahogar en el océano de maravillas suntuosas y artificiales que le ofrece la tecnología cuando la dejan de su cuenta, sin las riendas que le den carácter profundamente humano.

Nos jactamos de los ingeniosos hallazgos de la ciencia moderna. Y soslayamos verdades que estaban presentes en otras gentes no tan doctas como las de hoy, pero más conscientes. Veamos unos párrafos de la carta que el Jefe Piel Roja Sealth le escribiera en 1855 al Presidente estadounidende Franklin Pierce:

"No hay un lugar de quietud en las ciudades del hombre blanco. No hay lugar donde oir las hojas de la primavera o el sonido de las alas de los insectos. Pero tal vez porque yo soy un salvaje y no comprendo, el ruido sólo parece insultar mis oídos. El indio prefiere el suave sonido del viento volando como un dardo sobre la superficie del lago, y el olor del viento limpio por la lluvia del mediodía o aromado por los pinos. El aire es precioso para el piel roja. Porque todas las cosas comparten el mismo aire, las bestias, los árboles, el hombre. El hombre blanco parece no darse cuenta del aire que respira." "¿Qué es un hombre sin las bestias? Si todas las bestias desaparecen, el hombre moriía de gran soledad de espíritu, porque todo lo que ocurre a las bestias tanbiém le pasa a los hijos de la tierra. Cuando todos los búfalos sean liquidados, los potros cerreros sean domados, los rincones secretos del bosque estén cargados del aliento de muchos hombres, y la vista de las colinas salpicadas por los cables del progreso, ¿dónde estará el águila? No existirá. Y ¿qué será decirle adiós al lazo y a la caza, el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia? Nosotros podríamos comprender si supiéramos cuáles son los sueños del hombre blanco, qué esperanzas él les describe a sus hijos en las largas noches de invierno, qué visiones queman su imaginación y qué deseos tienen para el mañana. Pero somos salvajes , y los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros"

Yo sostengo a priori de que esos microseres que hay en el silente patrimonio de los suelos, poseen secretos para desafiar airosos grandes inclemencias. A Dios gracias.

Hace casi 30 años, las pruebas atómicas hechas en Bikini hicieron desaparecer todo vestigio de flora y fauna en la isla. Los microorganismos que allí quedaron, como redivivos, facilitaron la germinación de las semillas que retornaron en las aguas o en los vientos a la desértica región. El esplendor de la vida animal y vegetal volvió a Bikini, y yo me pregunto si ese reverdecimiento vital habría ocurrido si la isla hubiera sido invadida por la civilización de que tantos nos envanecemos en nuestras burbujeantes ciudades.


diciembre 21, 2010

Brutos son los que juzgan la filosofía que aplican los asnos a los fines de la convivencia y de su seguridad personal.


En Platero y yo, Juan Ramón Jiménez decía que a los asnos malos deberían llamarlos personas y a las personas buenas deberían llamarlos asnos. Estos animales carecen de la elegancia de los caballos y de expersiones afectivas con sus socios humanos. Diríase que son fríos e indiferentes, y que se rigen por la norma "Que nadie se meta conmígo que yo con nadie me meto". Sin embargo, deben poseer un don subjetivo, porque de otra manera, ¿por qué se le atribuyó a uno de ellos, el privilegio de haber sido el compañero de José, María y el Niño durante la huida a Egipto, o como dócil cabalgadura durante la victoriosa entrada de Jesús en Jerusalén?. Desde la antiguedad los asnos han inspirado a los buenos poetas y Sancho Panza, quien nunca quiso un cordel, derramó lágrimas vivas cuando un atracador de camino le robo a su Rucio. 

Ahora puedo contestarme la pregunta que me hacía en mi infancia sobre el origen de estos amigos, a los que nunca he dejado de considerar como filósofos serios y como genuinos amantes de la paz. Por sus venas y por las de las cebras corren genes del caballo, el cual hace 50 millones de años era registrado por la naturaleza como un nativo norteamericano. Desconocemos la causa por la que emigrara al Asia y al Africa. En estos continenetes, el caballo no sólo diversificó sus razas, sino también dio lugar a varias especies de burros, a la cebra y a una especie parecidas a estas, el Kwaga extinguida por el sujeto que ya ustedes conocen. Los asnos son sobrios, saborean por igual una porción de cebada en granos y un puñado de hierba seca. Pero gustan calmar su sed con agua cristalina y se espantan en una nevada repentina.



En el sudeste de Asia se establecieron tres especies de estos équidos, que nunca se han dejado montar. Entre ellas está la popularizada por los crucigramas. Es el onagro, de 30 cms. más bajo que el asno doméstico. Es el único de este grupo que vive en manadas organizadas, las cuales ven un paraíso terrenal cualquier desierto arenoso, porque en el mismo localizan restos de plantas lignificadas, que ingieren como el más tierno de los platos. Aunque se hayan alejado mucho de sus residencias habituales, nunca se pierden y disponen de un sexto sentido para dirigirse en línea recta a los oasis con pozos de agua en los que nunca han estado. Durante las tormentas se colocan de espaldas al viento y despliegan los abanicos de sus colas a modo de escudo contra el impacto de la arena.

Parece que mientras el caballo se extendía por las zonas templadas del Asia, sus primos avanzaban resueltamente hacia las zonas calientes. Esto explica que los asnos y las cebras se les adelantaran en la toma de las regiones con más de 25 grados C, del sueste asiático y del norte de Africa. Hay que señalar que las reinas de las rayas descendieron al centro del continente negro y, por tanto, son tan tropicales como los cimbreantes palmeras o la cimbreadora rumba. Los asnos, en cambio, desarrollaron una especie en Nubia, la cuna del heroico esclavo Espartaco. Este medio era como una conjunción entre las arenas solitarias que sedujeran a sus ancestros y la fuente de verdes y apetitosos pastos silvestres, a ambos lado del Nilo. Fueron estos los primeros équidos que se dejaron enjalmar por el hombre.
Fue después cuando los caballos concertaron un pacto parecido, mediante el cual recibían cuidados y alimentación a cambios de sus servicios. Nuestros asnos proceden indirectamente de Nubia, pues del norte de Africa fueron llevados a las costas europeas del Mediterráneo. Los asnos es extendieron en Sevilla, Málaga y Alicante por su eficiencia de ayudantes y por su paciencia inconmovibles con quienes lo trataban bien. Durante la invasión de Granada por los árabes, los españoles también fracasaron al intentar usarlos como transportadores de soldados y de efectos militares. Tanto en Egipto como Mesopotamia, los asnos habían hecho gala de su terquedad. Ni por las buenas ni por las malas, habían aceptado que los enrolaran en los ejércitos y mucho menos en las guerras.
Su prodigiosa intuición los hace detenerse ante una víbora enrollada a varios metros de distancia, aunque al igual que quien las conduce, no la hayan visto todavía. Les pueden caer a palos, pero cuando adoptan una alternativa que siempre es hija de la razón, no hay forma de que cambien de parecer. Hace 2 millones de años eran fáciles presa de los tigres y otros felinos. Hoy eluden ese riesgo, con su olfato que les permite detectar, como si lo estuvieran viendo, a un felino oculto a cinco kilómetros de distancia. Hay versiones ciertas de jaguares cebados con rebaños de ganado vacuno. Pero nadie recuerda una historia en la que un carnívoro se haya comido un burro. Este es un campeón en el diseño de medidas precautelativas. Cuando se siente a buen seguro, y hay un ruido que le molestia, corre una cortina que tiene sus oídos y se sumerge en un silencio gratificante. ¿Envidiable verdad?

La Ciencia Amena. 2 de Junio 1992




diciembre 01, 2009

El éxito de los roedores es de una magnitud tal que constituyen la mitad de todas las especies de los mamíferos.



Los ratones son destetados a las seis semanas de nacidos y un mes después están listos para el intercambio sexual y para engendrar docenas de descendientes en su único año de vida.

Los fósiles de los roedores revelan que aparecieron entre hace 1502 y 72 millones de años. Contrariando la tendencia de los demás mamíferos a hacerse grandes, prefirieron con la excepción del chiguire o caíbara, quedarse pequeños. Hoy cosntituyen tres mil especies, es decir, la mitad de las que paren y alimentan al pecho a sus crías. Menudos y vivaces desarrollaron la facultad de abrir la cáscara de la semilla para comerse las reservas. Así se garantizaron una nueva fuente de abastecimiento, inaccesible para los demás animales que expulsan en las heces las simientes guarnecidas que hubieran podido tragarse. Con el fin de introducir este otro régimen dietético, ,os roedores se proveyeron de dos pares de cortantes cinceles renovables. Se trata de los dos incisivos que tienen en cada mandíbula, tan eficientes que les permitieron renunciar a los colmillos o caninos. Es raro que en su mayoría prescindieran del gusto por los bistec, pues descienden de grandes devoradores de proteínas, representados por los insectívoros ancestrales . Sabemos que las ratas le meten a la carne, descompuesta o no, pero son las únicas en el orden de los roedores que se volvieron omnívoros por su estrecho contacto con el hombre en las ciudades. Las demás especies conservan la condición de vegetarianas estrictas. En sus estómagos diminutos poseen jugos gástricos y poderosas enzimas que nos faltan a nosotros y que ellos usan para digerir y metabolizar la celulosa y digerirla como nosotros el pan.

El chiguire con sus cincuenta kilos de peso es el gigante de los roedores y pueden alimentarse del pasto lignificado con estructura de madera que el ganado rechaza.

Es por ello que los ratoncitos caseros pueden alimentarse con restos de papel y de telas que obviamente tienen origen vegetal. Sin embargo, hay en ese mundo un grupo como el de las ardillas que sólo comen las concentraciones de moléculas simple de grasas y de azúcares, que toman de los nueces después de partirlas con destreza increíble. Roen lo que les interesa aprovechando el don de su quijada de desplazarse hacia adelante y hacia atrás. Sus incisivos se amuelan al tiempo que trabajan y aunque el uso lo desgasta, cuentan con una pulpa que alimenta constantemente a las raíces para que crezcan a perpetuidad.

La ardilla es un animal persistente, sumamente tenaz y con una memoria impecable. La mayoría del las ardillas tienen un arsenal de trucos y estrategias que las ayudan a sobrevivir. Para empezar, estos animales han sabido adaptarse a vivir junto a los humanos comiéndose la comida para pájaros, flores del jardín y cualquier cosa que se encuentren a la mano. Son capaces de guardar y esconder su comida y encontrarla muchos meses después. También pueden fingir ocultar la comida para confundir a los posibles ladrones que se encuentren en el área, lo que demuestra un alto grado de astucia e intelecto. (Se agrega este comentario)

Su resistencia, su filo y su poder se pueden deducir de la facilidad con la que los castores cortan los árboles para sus obras de ingeniería hidráulicas. Véanse en ellos que el arte de roer no es ejercido siempre con la intención de calmar el apetito. Para estos casos, los roedores tiene dentro de sus bocas membranas que las cierran detras de los incisivos, impidiendo la entrada de los materiales desprendidos mientras roen y en los cuales no tienen interés gastronómico. Por cierto, que los conejos acusan la particularidad de poseer dos pares de incisivos arriba y dos pares abajos . Son los únicos que escapan a la regla que ya hemos mencionado. Entre los roedores se encuentran cuadrúpedos familiares como el lirón a pesar de que nunca ha vivido en los trópicos.


Lirón Gris, roedor de cola larga con pelo en toda su longitud. Es de color gris claro en el dorso y con el vientre blanco grisáceo.

Este famoso como dormilón, porque cuando llega el nevado invierno a las latitudes templadas en que habita busca refugio e inicia una siesta que dura cuatro meses durante la cual casi no respira y los latidos del corazón se reducen a uno por minuto. En los Alpes están las marmotas que son como conejitos sin orejas. En los ríos vecinos y durante el deshielo de la primavera nadan las ratas de agua muy apetecidas por los clientes de restaurantes finos. En Estados Unidos hay otro animalito con el interesante nombre de perrillo de la pradera. Cavan urbes subterráneas de varios kilómetros cuadrados con un número prodigioso de galerías dentro de los cuales viven hasta cuarenta millones de individuos.

La fecundidad y la proliferación de los roedores resultan asombrosas. Eso lo han comprobado aquí los arroceros, con los ejérctitos de ratas que han hecho fracasar las cosechas. Hacen galas de una capaciadd sexual sorprendente, principalmente en las especies menores. Estas dejaron atrás las exhibiciones del gallo con sus concubinas. Hay ratoncitos que realizan durante sus frecuentes períodos de celos docenas de coitos por día. Los naturalistas consignan en sus escritos el pasmoso dato de un roedor domiciliado en el Note de Africa. Se trata del llamado Jird de Shaw que ha batido todo los records en este sentido, pues puede efectuar doscientos veinticuatro cópulas en dos horas sin dar señales de cansancio ni de aburrimiento después.

Jird de Shaw, el inolvidable y siempre recordado ratoncito por su vitalidad y destreza.

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