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enero 09, 2014

Al fundar la antisepsia Ignacio Felipe Semmelewiss abordó la nave en que los envidiosos harían naufragar su vida.

Al fundar la antisepsia Ignacio Felipe Semmelewiss  abordó la nave en que los envidiose harían naufragar su vida.
Aún existe en Budapest el Hospital St. Rochus, donde Semmelweiss reconfirmó la importancia de la antisepsia.

Hubo una época en la que los más pulcros hospitales de Europa, se morían como condenadas inrremisiblemente a la última pena, doce de cada   cien mujeres recientes paridas. Las dos autopsias revelarán que la llamada fiebre puerperal era la causa de estas defunciones que ocurría incluso, en pacientes que había ingresado llena de salud, en las salas de obstetricia.El médico y biólogo Ignacio Felipe Semmlweiss (1818-1865)., era un recién graduado cuando se preguntó por qué ese final trágico no le acontecía a las parturientas atendidas en sus domicilios por sus comadronas. Lucía realmente aventurada la sospecha de un investigador que no había cumplido los 28 años: eran los galenos, a pesar de su toga y birrete los responsables de un mal que no se registraba en manos de las parteras empíricas? 

Semmlweiss  había nacido en ciudad de Pest, al sur del Danubio, asiento de mercaderes y de gentes comunes y trabajadores. Por esa razón era vista desdeñosamente por los habitantes de la margen norte de la otra urbe, donde estaban los poderes públicos y los aristocráticos orgullosos de sus títulos,  sus blasones, y de otras necesidades. El muchacho era despierto y a pesar de la humildad de su origen, pudo conseguir los médios para cruzar el río y para lograr que lo admitieran en las aulas de la Universidad de Buda. El acceso al plantel se lo habían facilitado los mismos profesores que los examinarán y apreciarán su promisoria e inteligencia. 


Si Semmelweiss hubiera vivido un año más, habría disfrutado la satisfacción y el desagravio implícito, que le hubiera dado Pasteur al denunciar a los microbios causantes de enfermedades.

No les defraudaría su confianza pues a los 23 años ellos mismos se complacería poniendole las calificaciones de Summa Cun Laude su tesis doctoral. El prestigio era tal que muy pronto fue llamado por las autoridades sanitarias de Viena, capital del imperio Austro-Húngaro en 1844. Se le nombró jefe de servicios de partos y de inmediato el entendió que  algo debía corregirse con urgencia,  para impedir de desenlace luctuoso de madres que había estado a luz venturosamente. De cierto hecho infortunado le permitió intuir lo que pasaba,  algo desconocido había infectado la pequeña herida de un dedo, que un médicse hiciera mientras disecaba un cadáver.

Este murió a los pocos días y Semmlewiss  advirtió que tanto los síntomas del enfermo autopsiado, coincidían con las de la fiebre puerperal. El especialista dedujo que estaba ante un enemigo invisible y en 1847 dispuso que todos sus colegas se lavaran bien las manos, posibles fuentes de contagio, con una solución de cloro, el mismo que hoy se usa para hacer agua potable. Bajo protesta fue cumplida su disposición, cuyo éxito se evidenciaba al año cuando se había reducido al 1% el 12% de los decesos por fiebre puerperal. Sin embargo, los facultativos austríacos estarán resentidos, pues no quería aceptar que el  húngaro les enmendara la plana, ni mucho menos que les atribuyera las comadronas una higiene mayor. 

Los microbios serán conocidos pero a nadie se le había ocurrido pensar que seres tan minúsculos pudieran minar la vida de un hombre fuerte. Tampoco nuestro biografiado de hoy les reconoció ese rol. Sin embargo, los atacaba como quien lucha victoriosamente contra un adversario en la más absoluta oscuridad, pues el cloro mataba los estreptococos hemolíticos que se fijaban en las manos de los médicos al ponerse en contacto con los cadáveres que debían disecar. Luego, en las maniobras de parto, los microbios pasaban al útero, cuya mucosa convaleciente y sangrante, era un caldo de cultivo para tales gérmenes que de inmediato formaban colonias móviles que se desplazaban por la sangre. 

Semmlewiss  no podía conocer esta explicación, y por este punto flaco sus celosos colegas, lo hicieron devolver a Hungría, aduciendo razonamientos patrióticos, cuando esta nación se alzó contra Austria. Semmlweiss repitió felizmente su experiencia en el hospital St. Rochus de Budapest, pero en su suelo natal también sufrió los ponzoñasos de la envidia profesional. Se le llamó charlatán y se le apostrofó de farsante mientras se consideraba que las bajas de la mortalidad con la antisepsia que él había creado, eran casuales y carecían de un fundamento científico. No resistió la presión del agresivo escepticismo que lo rodeaba y terminó confinado en un manicomio. En 1865, año de su muerte, aparecía el hombre que le daría la razón ante la ciencia y la historia: el químico Luis Pasteur.

enero 08, 2014

Dos millones de ventanillas tiene el aire acondicionado que en tiempo de frío y de calor funciona dentro de nuestro cuerpo.

Dos millones de ventanillas tiene el aire acondicionado que en tiempo de frío y de calor funciona dentro de nuestro cuerpo.


No son las ropas en sí las que preservan de la deshidratación en el desierto, sino las capas de aire que obran como ailslantes del calor entre ellas y el cuerpo de quienes las portan


Una fracción de las moléculas de agua que forman las nubes es aportada por los seres de la especie humana y otros mamíferos, cuyos termorreguladores, provocan el sudor para mantener estable la temperatura del cuerpo. Tenemos en la base del cerebro, el hipotálamo, un centro de diversas responsabilidades entre las cuales está la de impedir que nos calentemos demasiado. En el primer caso faltaría la energía para las reacciones químicas de la vida en el protoplasma celular. En el segundo, el exceso de energías alteraría las sustancias utilizadas en la continua renovación de los tejidos del organismo. Se deduce de ello la gran importancia fisiológica de la transpiración.

Disfrutamos junto con los caballos y miembros de otras especies, el privilegio de innumerables y microscópicas ventanillas a lo largo de la piel. Se trata de los poros que son las boquillas externas de tuberías enrolladas como ovillos debajo de la dermis y a partir de las ramificaciones más periféricas de los vasos capilares. Estos ovillos que terminan en los poros son las glándulas sudoríparas de la cuales tenemos un copioso surtido: dos millones. Ellas constituyen un sistema de aire acondicionado casi perfecto, pues transportan un líquido constituido por agua en una noventa y nueve por ciento; sal común, otros cloruros e indicios de fosfatos en un 0,6 %, urea y ácidos grasos en un 0,4%. 



 Aquí vemos la conexión de los capilares con las glándula sudoríparas a través de cuyos microscópicos  calibres sale el dudor vaporizado, para condensarse en la piel de la que se desprenderá gasificado. 

 El sudor es el vehículo del calor sobrante en el interior del cuerpo y al salir se evapora dejando una impresión de frescura por el principio de que todo gas que se desprende absorbe calor. Todos hemos sentido la sensación helada que quedaría en el sitio en que nos echáramos éter. El proceso de transpiración no se detiene nunca aunque en el frío se vuelva imperceptible. En un ambiente normal cada persona expulsa hasta un litro de sudor por día, el cual arrastra quinientas calorías en promedios, o sea el veintidós por ciento de las que gastamos en cada lapso de veinticuatro horas. En los trópicos nuestro sistema termorregulador se las arregla para estar con Dios y con el Diablo.

Digo esto porque nuestros cuerpos emplean en su que hacer bioquímico las radiaciones solares disminuyendo así el consumo de carbohidratos, azúcares y grasas que es alta en los climas templados de Europa y Norteamérica. Pero al mismo tiempo aumenta la segregación de sudor para contrarrestar la quemante acción del astro rey. También lo hace para neutralizar el calor de un atleta en plena acción, determinando por la elevada combustión que suscitan sus tejidos y por la fricción propia de sus movimientos. Hay ciertos animales que se asfixiarían con una competencia de treinta o cuarenta metros. Entre ellos se hallan los chigüires porque carecen de glándulas sudoríparas y no pueden refrescarse arrojando borbotones de saliva caliente por la boca como lo hacen los perros que tampoco las tienen.

Se ha demostrado que en el desierto un hombre puede perder hasta un litro de agua por hora, debido a los reajustes impuestos por las glándulas sudoríparas y por su amo y señor, el hipotálamo. Ahora bien, si en vez de las gruesas ropas que le preserven a un beduino la humedad de la piel, se le expusiera desnudo, podría sufrir en 60 minutos una deshidratación de casi cuatro litros y un gasto energético de dos mil calorías, equivalente a las que obtendría en medio kilo de pan. Hay personas con tendencia a la sequedad de la piel, anhidrosis, en oposición a otras que con un aumento leve del termómetro sudan copiosamente, hiperdrosis.

Hace más de doscientos años se sabe que el sudor da olores tan individuales como las huellas dactilares. El origen de estos y el de otros emanados de pies y axilas se explica por el efecto de los ácidos grasos volátiles que salen en las gotas de este compuesto orgánico transparente y de sabor salado. Por cierto que hay científicos que han acogido como fenómeno cierto el aludido por el evangelista Lucas en este versículo: “Y fue su sudor como gotas de sangre que corrían hasta la tierra”. En efecto, ese síntoma atribuido a Jesús cuando oraba en el Monte de los Olivos se denomina hematidrosis y es experimentado en zonas debilitadas de la piel por personas sometidas a emociones fuertes como la tristeza y la angustia que Mateo viera en su Maestro en vísperas de la inmolación. 

 La Ciencia Amena. Arístides Bastidas. 10 de Octubre de 1985.

diciembre 27, 2013

Aduaneros que nunca se equivocan en las visas de ingreso que suelen conceder son los pelillos que en los intestinos les dan paso solo a los nutrientes.

En este corte distinguimos las distintas capas del intestino delgado, y las vellosidades que absorben las suatancias alimenticias. Algunas de éstas por cierto, son fermentadas por microbios de la flora intestinal, para que se vuelvan asimilables. 

Es errónea la idea de que los alimentos se incorporan a nuestro organismo apenas los tragamos. Continúan literalmente afuera mientras no reciban el visto bueno de de las barreras arancelarias, que solo existen en las paredes del intestino delgado de seis metros de longitud. La boca, el esófago y el estómago  son estaciones de paso, pero en éste último, la comida debe aguardar el tiempo necesario para que la amasen y para que las proteínas sean descompuestas en aminoácidos. De lo primero se encargarán los movimientos peristálticos del estómago y, de lo segundo, las pepsinas activadas por el ácido  clorhídrico el cual tiene además la misión de matar a las bacterias malignas y las que podrían provocar perjudiciales fermentaciones. 


En esta región con forma de pera invertida no se asimila nada, salvo la miel y el alcohol, porque las sustancias nutritivas son indiferenciales de las superfluas, debido a que unas y otras forman parte de partículas relativamente grandes. En un momento dado la puerta queda acceso al instestino delgado se abre y luego de admitir una dosificada porción el quimo se cierra. Una y otra vez hará lo mismo hasta que se agoten las existencias de tránsito en esa cavidad. Estaacción es gradual a fin de impedir las indigestiones, las cuales ocurren cuando el intestino delgado recibe más alimentos de los que puede procesar. Tales desórdenes ocurren en personas en quienes una rabia o un susto, han descontrolado el funcionsamiento de la referida puerta o píloro.   

La primera parte del intestino delgado es el duodeno donde un compuesto tan alcalino como el bicarbonato de sodio, neutraliza el ácido clorhídrico. Así, se esta zona se convierte en un campo de batalla  sin ganadores ni perdedores. Una buena parte de las setecientas enzimas de nuestro cuerpo , desboronan en corpúsculos microscópicos las partículas mencionadas, al tiempo que las grasas son transformadas  por la bilis en goticas infinitesimsales que dan lugar a algo así como una crema incolora. En la segunda parte, el yeyuno y en la tercera, el íleon, hay millones de aduana infalibles en la identificación de los nutrientes para darles luz verde y de los excedentes para remitirlos al intestino grueso. 

Estos aduaneros est'an representados por aglomeraciones de estructuras con el aspecto de pelillos  que salen de las células epiteliales o superficiales en la pared del expresado conducto. Ellos actúan como una esponja secaante una masa húmeda. Esta es una verdad a medias, ya que tiene la potestad de sweleccionar las moléculas de carbohidratos, los aminoácidos, las grasas y los minerales que demande el cuerpo. A sabiendas de que necesitamos de urgencia las vitaminas, ya que nuestro no sabe producirlas, las reconocen de modo especial, porque son las únicas sustancias que llegan inalterables a esa región. Este mecanismo opera con los principios  de la démosis. Cuando ello sucede los alimentos son por fin parte de nuestro cuerpo pero todavía no tienen vida. 

Es inexplicable para los físicos la fase en que las grasas caen en la sangre y las demás sustancias se trasladan hasta el hígado. Es inexplicable porque esos componentes foráneos tienen una concentración menor que la de la sangre o la del tejido hepático. El fenómeno es tan paradójico como el de un cuerpo de agua que chupara la de una espenja húmeda. Deºallí que este fenómeno haya sido bautizado la démosis al revés. Estamos al tanto de que laqs grasas ceden su energía  y si no es necesaria se integranen el tejido adiposo o sea en la manteca que se forma debajo de la piel, tan evidente como el resto del organismo de que forma parte.
 
La glucosa derivada de las harinas y los azúcares ee comprimida por el hígado y transformada en glucógeno a fin de que ocupe poco espacio. El destino de los aminoácidos será el departamento en el caldo de las células, llamados ribosomas. En éstos se les reemsamblarán en proteínas que serán como la reencarnación de las ingeridas en un huevo o en un bistec. los aminoácidos se alternarán, sin embargo, en la forma en que los demande el tejido que habrá de constituir o reconstituir. Este fenómeno puede ser lento en la formación de glóbulos rojos cuya vida es de tres meses, en la formación de la epidermis que muere al mes de nacida o en la formación del tejido epitelial de los intestinos, el cual es reemplazado cada cuarenta y tres horas. Este hecho da  lugar a  la increíble verdad  de que una persona sana y alimentada se come diariamente algo de sus propias extrañas: !Cincuenta y cinco gramos de células epiteliales de sus intestinos.!
 




 

marzo 10, 2013

Es con el arco reflejo que puede explicarse la causa de los movimientos que hace el rabo que suelta el tuqueque.

Es con el arco reflejo que puede explicarse la causa de los movimientos que hace el rabo que suelta  el tuqueque.

El buho tiene perfeccionado como pocos animales , el don de cerrar la pupila casi del todo frente a la luz y abrir del todo en la oscuridad para ver como rayos X a los ratones que se comen.

Son innumerables los actos que nuestro cuerpo ejecuta sin tomar en cuenta para nada, ni a la conciencia ni a la voluntad, sin embargo, los mismos no se realizan anárquicamente, sino dentro de un orden y con una facilidad muy precisa. Estoy aludiendo a hechos como el de la respiración, los latidos cardíacos, los movimientos peristálticos del tubio digestivo, la digestión de los alimentos, su conversión en materia viva dentro de las células, la fabricación de células nuevas, la destrucción de células viejas, la generarción de energía dentro de la mitocondrias y pare usted de contar. Todo esto tiene un comando supremo en el sistema neurovegetativo, desde donde se imparten órdenes, obedecidas con más disciplina que la de un antiguo regimiento prusiano.


El nervio receptor situado en el tendón de la rodilla y el nervio motor que lo hará moverse situado  en la médula, forman un típico arco-reflejo de dos neuronas. 

Todos recordamos que los reflejos condicionados, mediante los cuales la más ligera enanación de un perfume nos desata el recuerdo de lsa mujer amada que lo usara, valga el ejemplo, son aprendidos. Es intuitivo que el escolar siente cuando termina una clase, pero no el que experimenta y por la misma razón, cuando oye el timbrazo que le anuncia la hora del recreo. En estas dos situaciones la captación de los estímulos, uno olfatorio y el otro auditivo como el dela succión en los niños o el de contraer la pupila de  manera que llegue a la retina, sólo lla luz adecuada para mirar una imagen o un paisaje. 

La facultad de pestañear es congénita, pues tiene el propósito de lubricar o hidratar permanentemente la supeficie del ojo. Un nervio receptor envía a una neurona denominada afectora en la parte ¨no pensante¨del cerebro la señal de que falta agua. La respuesta viene de inmediato para que se produzca el parpadeo que repondrá el grado normal de humedad. Pero el pestañeo puede quedar bajo el dominio de la voluntad y de la conciencia, ya que podemos hacerlo cada vez que queramos. No podríamos en cambio aumentarlo o disminuir la temperatura del cuerpo o sentir sueño cuando lo deseáramos por la sencilla razón de que esas atribuciones son exclusivas de una región del encéfalo, denominada el hipotálamo. 

Si un equilibrista pisa por casualidad la punta de una aguja, un reflejo natural lo hará saltar peligrosamente  sobre la cuerda, pero de inmediado la conciencia reemplazará al instinto, devolviéndole su sentido del entrenamiento que le permitirá proseguir su exhibición luego de algún balanceo. Ahora bien, de qué modo operan los reflejos en los que jamás interviene el cerebro?.  Es muy popularizada la estampa del tuqueque que cuando se siente perdido ante el gato, le arroja la más original de las cortinas de humo, soltándole el rabo cuyos dinámicos saltos desvían la atención del felino.

En el bachillerato suele hacerse el experimento de cortale la cabeza a una rana.Sus patas estirarán , a pesar de que tiene céfalo, cada vez que las mismas sean puyadas o tocas por una corriente eléctrica. Quién no recuerda el ensayo de Galvani, aunque su  conclusión de que existía la electricidad animal fuera equivocada?. Cuando el médico nos golpea con un martillo de goma, los tendones debajo de la rodilla, la pierna , salta por su propia cuenta, eso se debe a que el nervio sensitivo le remitió a la neurona motora situada en la médula la respectiva información, para que enviara la expresada respuesta. Véase pues como el grueso cordón que nos baja por el espinazo asume decisiones autónomas.

Una serpiente decapitada se contorsiona repetidamente y un pollo guillotinado puede dar algún paso. La causa de ambos fenómenos está en que la médula da órdenes que pueden desatar reacciones en cadena, en la que un músculo  al tiempo que se mueve estimula un nervio sensitivo del músculo vecino   que al mismo tiempo actuará sobre la neurona del otro y así sucesivamente. Esta explicación es válida tambien para el rabo del tuqueque, que aunque desconectado de la médula está capacitado para obedecer a posteriori la últim aorden que recibiera. Mucho le queda a la ciencia por explorar en este paraje de los refljos, sobre los cuales Ivan Pavlov nos legara sus originales trabajos.

La Ciencia Amena de Arístides Bastidas. 
9 de mayo de 1984

diciembre 02, 2012

Un par de riñones sanos filtran quinientos litros por día y luego de purificarlos emplean sólo litro y medio para la orina.

Un par de riñones sanos filtran quinientos litros por día y luego de purificarlos emplean sólo litro y medio para la orina.
Este corte transversal de un riñón nos da una idea de los diferentes departamentos en que el agua sucia de la sangre es limpiada para ser devuelta a la circulación.

Tomamos en cuenta a los riñones cuando por motivos ajenos a su voluntad, dejan de hacer su finísimo trabajo de filtros que entre billones de moléculas que examinan diariamente, diferencian las que son buenas para reintegrarlos al torrente  circulatorio, de las que son malas para expulsarlos por indeseable en  la orina. Nuestro cuerpo es una inmensa colección de fábricas, que como las de nuestras ciudades, también arrojan desperdicios y sustancias tóxicas,  que si se quedaran en nuestro organismo nos quitaría la vida en un plazo de  hora. Los riñones vigilan permanentemente, desde el nacimiento hasta la muerte, el contenido de la sangre, manteniéndola libre de la densa polución que se desprende de las industriosas células.

Los riñones, ya lo sabemos, están colocados a nuestras espaldas y ambos lados de la columna vertebral. Semen¡jantes a grandes granos de caraotas, su longitud suele ser de diez centímetro y su peso no pasa de doscientos gramos. Su color rojo oscurono nos da idea de la lozanía que los caracateriza en las personas saludables. Por la arteria renal que viene de la de la orta la sangre entre en ellos cruzando cuatro millones de nefrones de que están formados. Estos son unidade compuestas de redes de vasos capilares o glomérulos, las dos capas que laos envuelven y los túbulos ultramicroscópicos. Si se les pusiera en línea recta cubtrirían la distancia que hay entre Caracas y Maracay.    

A estos túbulos no llegan las proteínas de la sangre debido a que son muy grandes para cruzar el fino cedazo que en cambio  dejó pasar el agua en compañía de sustancias útiles mezcladas con las de desecho. Estas últimas son identificadas nadie sabe como. De inmediato el mismo mecanismo que devuelve a la sangre las moléculas vitales arroja al exterios las peligrosas. Estas como ya lo insinuamos hacen un viaje de cien kilómetros hasta desembocar finalmente en una cavidad situada el en centro de cada órgano: se trata de la llamada pelvis renal, cuyo trabajo es una verdadera mantequilla pues consiste en despachar la orina qu se ha formado por el uréter hacia la vejiga. 

El riñón tiene resueltas las ecuaciones que sería necesario para formular para el mejor aprovechamiento de la presión de la sangre y de la presión osmótica. Esta última, es regulada con la precisión matemática de un gran físico en su laboratorio. El procedimiento con que el riñón toma sus desiciones, está influenciado por hormonas o emisarias del cerebro, aunque se desconozcan el modo en que cumplen su cometido. Se estima que procesan unos quinientos litros de agua por día, de los cuales devuelven al organismo más de cuatrocientas noventa y ocho, o sea el 99,60%.

El cuatro por ciento de la orina está fomado por úrea, sal común, creatinina, fosfatos, ácido úrico, y otros componentes que proceden de las células muertas durante el catabolismo. Estos excedentes sólidos son disuletos en el líquido pero por algún defecto congénito se concretan en torno de una bacteria muerta o de algún otro corpúsculo. Es así como se forman las piedras o cálculos colocados en la pelvis renales. Por cierto que la orin a sale de ésta como si se diera la fuga, a razón de 30 gotas por segundo.  Mientras permanezca en la vejiga está a salvo de toda corrupción, la cual se iniciará al poco tiempo de que la orina haya tomado contacto con microbios inmunes a la acidez de tal medio.

Hay casos en que la formidable eficiencia de los riñones fracasa permitiendo la salida de compuestos necesarios. Tal sucede por ejemplo, en el caso de los diabéticos que tienen la sangre saturada de glucosa. La concentración de azúcar es tan alta que  los canalículos sólo pueden devolver al cuerpo una parte de ella. La restante se marchan con la orina  que po eso sería dulce, para el que se atreviera saborearla. Durante la Segunda Guerra Mundial el científico holandés Willerm Kolff inventó el rinón artificial que usa el principio de la dialisis, mediante el cual es posible hacer un análisis fundado en la capacidad de ciertas sustancias para travesar membranas porosas. 

noviembre 19, 2011

Los difamados intestinos son refinados y elistescos cuando escogen las sustancias que nos permiten vivir.



La apéndice humana absorbe toxinas de las fermentaciones en el ciego, pero su papel es insignificante en relacion con el que desempeña otras especies, donde su tamaño es mucho mayor. Aquí vemos la de un hombre y la de un conejo

Los intestinos están ocupando la atención del mundo, por el mal que aquejaba al señor Reagan. Sin embargo, su importancia ha sido siempre notable, por los imprescindibles servicios que prestan a la vida. Su funcionamiento se refleja en el resto de nuestro organismo y hasta en el sentido de la convivencia. Sería nuy dificil encontra un humorista en personas con estreñimiento o diarrea.

A lo largo de ese tubo con diez secciones se efectua reacciones químicas y bionalitica, que comprendemos a media y que jamás podriamos ejecutar en el más sofisticado laboratorio en esta era de las computadoras electrónicas, las cuales hacen de todo, menos fabricar vidas.



La parte interior de los intestinos tiene un gran poder de absorción, formado por pliegues como los de un acordeón, tiene la increible superficie de 300 m2.

Los intestinos gozan de cierta independencia, pues, hacen su oficio a la perfección, en personas a quienes les han extirpado el estómago. Eso, sí, en estos casos exigen que los alimentos se les entregue bien masticados. El extremo superior de esta tubería tiene una puerta que se abre automaticamente solo cuando está listo el quimo elaborado por el estómago con sus jugos y sus enzimas. El píloro, que se llama así a la puertecilla citada, toma el buen cuidado de dejar pasar sólo las porciones que podrán tratarse en el interior de los seis metros enrollados del instestino delgado.

Para impedir que las masas superiores de este ducto desciendan por efecto de gravedad, hay una membrana. Es el Mesenterio que como vemos después, atiende otros deberes más esenciales. Cuando la comida llega en una blanda masa y humeda al duodeno, éste usa parte de los tres litros de sustancias alcalinas que segrega, para neutralizar el ácido clorhídrico o muriático con que fueron pulverizados el bisteck, las caraotas y las arepas del almuerzo o de la cena. En el yeyuno y en leon un arsenal de enzimas se encargarán de romper las cadenas de las proteínas y de reducirlas a eslabones o aminoácidos aislados.

Los carbohidratos serán convertidos en moléculas de glucosas iguales al azúcar de la uva. Estos nutrientes serán asimilados a traves de pelillos denominados villis, que existen en una proporción de 1.000 centimetros cuadrados. Aunque no podemos verlos uno por uno, resultan gigantesco al lado de las microvellosidades, que también absorben sustancias útiles como las moléculas de oligoelementos metálicos. Estas son tan numerosas que existen a razón de doscientas mil por milimetro cuadradados. Estos compuestos corpusculares entrarán por los vasos capilares que hay en el expresado Mesenterio, de donde se dirigirán al hígado que es algo así como un santuario donde serán purificado para su utilización futura.

Las grasa por la acción de la bilis son simplificadas en gotitas microscópicas que ingresarán por la vía linfática a la sangre, con destino a las células que las enviarán a los centros de almacenamiento debajo de la piel. Al final del instestino delgado hay una válvula que solo se abre cuando llegan los residuos descartadospor inútiles. Estos son recibidos en el Ciego, primera parte del instentino gruego, por legiones y legiones de diversos microorganismos que descompondrán la resistente celulosa que abunda en la concha de las frutas y semillas, y en la parte fibrosa de raices como la yuca, la zanahoria. La celulosa es un delicado plato para estos microbios que la usan en su reproducción, al tiempo que nos hacen el favor de elaborarnos con esa materia prima, vitamina K y del complejo B.

El colon ascendente, el descendente, el transversal, el sigmoideo, el recto y el ano, junto con el ciego, tienen una longitud aproximada a los dos metros.m El bolo fecal es deshidratado hasta que adopta una forma semidura y cilindrica, que al presionar las paredes sensibiliza las terminaciones nerviosas. Ellos informarán al cerebro de la existencia de excentes indeseables, el cual a su vez ordenará su expulsión, provocando los movimientos peristálticos que nos obligan a ir al baño. Parece que la exagerada ingestión de grasas aumenta el desgate intestinal y que el consumo adecuado de celulosa se lo facilita, desarrollándole resistencia a polipos cancerosos, como los que afectaron al mandatario norteamericano.

noviembre 13, 2011

Un paraíso peor que el infierno es el que logran los que caen en la esclavitud de la heroína y de sus mortales efectos.

La planta de la adormidera tiene un inocente aspecto y no es responsable, por supuesto, de los malos usos que se le han dado.

Dentro de estas cápsulas estan las semillas del opio y dentro de ellas un látex que, al contacto con el aire, se solidifica adquiriendo su propiedad de estupefaciente.


Desde la antigüedad los paraísos artificiales suscitados por algunas sustancias naturales frustraron a quienes los habían disfrutado con los infiernos auténticos que los esperaban en cada despertar. Ellos no sabían la razón que el falso bienestar causado por la infusión de algún vegetal, se transformaría en un calvario agobiante, Los farmacólogos de hoy aceptan que el principio de que a una acción corresponde una reacción tan generalizado en física, es igualmente válido en el organismo del ser humano y de todos los animales; a cada excitación corresponde una depresión. Este es el caso del lánguido y martirizante ratón o resaca, de quienes se entusiasmaron con extremo con unos tragos en la noche anterior.


En la medida en que ha sido intenso el estímulo con que un individuo se dopa, será también el desvanecimiento que sufrirá cuando se le haya pasado el efecto. Puede ser que redoblando el estimulo recupere el estado de supuesta placidez, pero si tal practica se prolonga, el respectivo sujeto se pondrá en el caso de quien ha vendido su alma al diablo. Esta es literalmente la situación del drogadicto, que en los periodos al declive final, se comporta como los “muertos parados” a que alude el léxico popular. Esta verdad siempre dramática alcanza la mas lastimosa de todas las sintomatologías en las que toman el siempre luctuoso camino de la heroína.


Durante centurias los asiáticos se recrearon con los sueños que tenían mientras chupaban sus largas cachimbas de opio. Aunque tuvieran la buena alimentación de los mandarines, esos viciosos nunca pasaban de 35 años. En el siglo pasado cuando la química empezaba a hacer sus admirables transformaciones, extraía de esta planta cristales brillantes como los de la azúcar refinada. Aquellos cristales tenían la virtud de mitigar dolores fuertes, de causar la sensación de que flota en una nube y como daban ganas de dormir, se les dio un nombre derivado de Morfeo, el Dios del Sueño, morfina. Ella es diabólica para quienes la usan fuera de sus indicaciones medicas, Pero engendró otros cristales igualmente inodoros, brillantes, blancos y amargos que solo sirve para el mal.


Son ellos los que llevan el nombre de Heroína, considerada hoy como la reina de esas drogas mortales. Desde 1898 los químicos combinaron la morfina con acodo acético, hacen otras operaciones y obtienen este compuesto cinco veces más tóxico. Un gramo es diluido en casi dos litros de agua, alcohol y cloroformo. Se dice que desata un calor que va desde los pies hasta la cabeza, Las ramificaciones del sistema nerviosos periféricos son engañadas y transmiten al cerebro los signos de un orgasmo, que no debe ser muy perfecto porque para ello no bastan los ardores unilaterales de un solo individuo.


Si éste repite la experiencia necesitará porciones cada vez mas crecientes de la droga, que por cierto exige una máxima destreza en el manejo de la jeringa con la que el afortunado se puyará todas las venas del cuerpo, convirtiéndolas en collares de nódulos duros como piedras, esclerosadas y finalmente purulentas. Las cédulas en su totalidad, como les ocurre con otras drogas heroicas, se habitúan a ellas de tal modo que sin su presencia tienden a paralizar la generación de energía y la elaboración de proteínas. Para trabajar piden cada vez más y mas sustancia deteriorante. El sistema neurovegetativo la reclama con más urgencia que el alimento o el agua.


No es que él sea cómplice de las sustancias ni complaciente con el enviciamiento de las células. Es que saben que la huelga de éstas si no reciben el tóxico, se traducirá para el paciente en una angustia mortal, acompañadas de sudores fríos, calambres en todos los músculos por falta de oxígeno, vómitos, diarreas, respiración jadeante, duplicación de los latidos cardíacos, dolores desde la punta de los dedos de las pies hasta los pelos de la cabeza y ganas de morir. En Nueva York donde muere diariamente una persona por esta causa, se han autopsiado personas que tenían a lo largo de su cuerpo hasta 1800 estigmas, dejados por las hipodérmicas. Estos sin contar los que fallecen por hepatitis víricas, abscesos de pulmón, tétanos y apergaminamiento de la piel a consecuencia de la caquexia.

diciembre 04, 2010

Como una mariscal de campo pero sumisa ante el cerebro se comporta la glándula hipófisis, gobernante de nuestras hormonas.

La Ciencia Amena de Arístides Bastidas.
18 de Diciembre de 1981


Un diagrama de la hipófisis o pituitaria. Hipócrates intuyo la existencia de los principios vitales que ella genera y los llamo hormonas.


Una insuficiencia de la hipófisis da lugar a un enanismo de personas que aunque bien proporcionada tiene aspeco infantil y son incapaces de reproducirse.

Además del rápido sistema de comunicaciones telegráficas que tiene le cerebro en la red nerviosa, cuenta con otro semejante al de los mensajeros a pie que usaban los Incas y otras culturas del pasado. Este último está representado por las hormonas que llevan personalmente las instrucciones de lo que debe hacerse a la tiroides, a las suprarrenales y a las gónadas, responsables del impulso sexual y cómplices de la naturaleza en el hecho de procurar placer para asegurar las oportunidades de la procreación. El cerebro es el señor supremo de esta organización postal, pero no le rige directamente, sino a través de una lugarteniente a la que ha cedido una parte de sus poderes. Se trata de la hipófiis o pituitaria.

Si ella y sin el trabajo de sus emisarias, no podríamos ser lo que somos ni comportarnos como seres normales. El cerebro está recibiendo continuamente, una nutrida información de la marcha del organismo y sobre todo de las necesidades que experimenta para mantener la existencia y actividad. El mismo se encarga de desatar la sed para obligarnos a ingerir agua que nos falta o estimularnos el apetito, para que cubramos el déficit de nutrientes y de calorías que estamos sufriendo. Pero hay otros quehaceres que como veremos, se los encomienda a la expresada glándula, verdadero mariscal de campo en el arte de mandar y de hacerse obedecer.

¿Qué aspecto tiene este órgano con tan altas responsabilidades?. Los anatomistas dicen que es un poco más grande que un garbanzo. En su cara delantera segrega seis (6) hormonas, una de las cuales actúa desde el momento en que se forma el embrión. Se trata de la Somatotropina(STH) a la que debemos el crecimiento. Con un método que se ha negado revelarnos, sintetiza las proteínas para aumentar el número de células e incrementar el volumen de ellas y el de los tejidos que lo forman. Aunque al concluir la adolescencia ya no crecemos más, la hipófisis sigue produciendo Somatotropina para mantener en buena forma partes blandas del cuerpo como la piel, el hígado o la lengua.


Además, a medida que llega la vejez esta sustancia va haciendo crecer los huesos de la nariz y el de la quijada. La hipófisis suministra la tiroxina la cual sacude a la tiroides, a fin de que el metabolismo, proceso básico de la vida, no se detenga ni por un instante. Desde los años 50 en las farmacias vendían la ACTH, imitación mala como todas las imitaciones, de las hormonas adrenocorticotrópica, que al establecer contacto con las suprarrenales, las obliga a generar cortisona natural, ese medicamento que es como una hojilla, pues puede cobrar a la salud intereses usurarios, los bienes que a veces le concede. Las suprarrenales como se sabe, se parecen a dos maníes y cabalgan sobre los polos superiores de los riñones, como lo indica su nombre.

Las tres hormonas restantes de la parte anterior de la hipófisis, tienen el destino de ordenarle a los ovarios la liberación del óvulo y la segregación de estrógeno y de progesterona. Hacen lo mismo con los testículos al imponerle el deber de producir semen y testosterona. Se cree que en la pared central de la hipófisis se sintetiza la hormona que va a determinar el color de la piel y la raza o mestizaje al que pertenecemos. Por último,, en la parte posterior de la hipófisis se aposentan dos hormonas procedente del cerebro que tienen entre sus facultades, la de provocar las contracciones del parto y la inducción de la leche materna después del nacimiento(Oxitocina) y la hormona que estimula el incremento de la reabsorción de agua en los riñones y en los vasos sanguíneos. (Vasopresina –ADH)

Si la cara delantera de la hipófisis funciona mal el afectado padecerá de la diabetes insípida o enfermedad de la sed, durante la cual un individuo puede beber diariamente treinta litros de agua y orinar una cantidad aproximadamente igual. Afortunadamente, esta enfermedad se cura con un extracto del lóbulo anterior de la hipófisis tomada de los animales. Olvidaba decir que esta soberana de nuestro organismo está situada en la base del encéfalo, en una cavidad ósea, cerca de la silla turca y encima del conducto nasal. La denominación de pituitaria se la dio Vesalio, el fundador de la Anatomía, porque creyó que era la que originaba las mucosidades de la nariz.

septiembre 19, 2010

El rol principal de la digestión no puede cumplirlo el estómago: es un privilegio que se reserva el instestino delgado.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 11 de Diciembre de 1991






Todas la paredes del tubo digestivo generan ondas peristálticas que cumplen el aspecto mecánico de la digestión.


El tubo digestivo es un laboratorio, en distintos departamentos, dotados algunos de funciones específicas. Este laboratorio está afuera de nuestro cuerpo aunque creamos todo lo contrario. Las mucosas de la boca, el esófago, el estómago y los intestinos están tan aisladas y tan en contacto con el aire como la propia piel. Pero en ellas hay determinaciones nerviosas más tupidas que un arrozal. Antes de una comida se activan, unas para avisar al cerebro que nos van a servir del filete que estamos apeteciendo. Otras, para traer la orden del mismo a fin de que se nos vuelva agua la boca, de éstos encargan las glándulas que segregan la saliva. Esta contribuye a la fase pre-digestiva con una propiedad mecánica y otra de carácter químico.

Este par de propiedades actúan a lo largo de los ocho metro de este tubo. La saliva posee una viscosidad que lubrica los alimentos masticados para su deglución. Una vez que el bolo alimenticio atraviesa el esfínter superior del esófago, no puede devolverse. Las ondas peristálticas lo obligan a descender hasta el estómago. Este, con su aspecto de pera invertida, puede almacenar hasta dos litros de comida. Se toma todo su tiempo para amasarla con un movimiento constrictor de sus paredes. No le hace nada a los almidones convertidos en azúcar por la tialina de la saliva, pero si a las proteínas que identifica, nadie sabe como. En éste propósito juega un papel precioso para nuestra vida, el ácido clorhídrico, mejor conocido como ácido muriático.

El estómago lo libera y simultáneamente se reviste de una capa de moco que lo protege contra el mismo. Este ha sido activada por la enzima denominada pepsina y entre ambos libran una paliza demoledora a las proteínas. La carne y la arepa, verbigracia, son reducidas a un puré, en el que no distinguiría quien es quien y con el ácido clorhídrico mata los microbios que pudieran podrirlo.

Ésta previsión es necesaria porque el quimo no puede pasar todo al mismo tiempo, a la estación inmediata, el duodeno, parte inicial del intestino delgado. Entre este y el estómago hay un portero, el píloro, muy estricto en su tarea de controlar el paso de pequeñas porciones del mismo. Deben hacer cola pues se le admite en la medida en que el duodeno las procesa. Al cruzar los siete metros y medio de intestino delgado, toda la sustancia han cambiado de identidad, salvo las vitaminas y sales minerales..

Unas y otras se mantienen intactas, ya que de otro modo no podrían ayudar al mantenimiento de nuestro organismo. En el duodeno, en el yeyuno y en el íleon, los tres segmentos de intestino delgado, ejércitos de enzimas, vapulean al quimo para transformarlo y apoderarse de sus compuestos útiles. Los azúcares y carbohidratos entregan rápidamente la guardia, desdoblándose en glucosa, el combustible de todos los animales. Las proteínas son los siguientes en aceptar que las despojan de su personalidad, las grasas oponen una tenaz resistencia pero las enzimas y la bilis la convierten en góticas microscópicas, emulsionadas igual que las sometidas por el jabón en las manos cubiertas de manteca.

El siguiente ejemplo nos dará una idea es la relampagueante eficiencia de tales enzimas. Para disgregar los aminoácidos de una proteínas los químicos deben hervirlas durante más de 18 unas en una solución fuerte de ácido clorhídrico y a una temperatura de 165°.C. Pues bien, este trabajo lo hacen las enzimas del intestino delgado en menos de cuatro horas y a una temperatura de 37 grados C.

Cuando sentimos acidez es porque el quimo que llegó al duodeno es mayor que el que éste es capaz de procesar. En este caso son insuficientes las dosis con los dones alcalinizantes de bicarbonato de sodio, suministrada por el páncreas a través de sus jugos. ¿Cómo integrar en nuestro cuerpo las sustancias digeridas? Son absorbidas por las paredes de millones de pelillos más finos sin hilos de telaraña.

Todavía los fisiólogos desconocen el modo en que estos pelillos que cubren la superficie del intestino delgado, reconocen la sustancia amigas para abrirles las puertas e identifican a las residuales para rechazarlas.

Antiguamente se pensaba que estos pelillos denominados Villi, cumplía su función por ósmosis, como las raíces de las plantas. Se acababa de descubrir que en la medida en que están mojadas atraen más agua en sus proximidades. Este hecho desobedece las leyes de la física, según las cuales los cuerpos líquidos de mayor densidad absorben a través de un tabique a los de menor densidad. Es bueno recordar que los villi se las arreglan para remitir las grasas directamente a la sangre y para enviar por otro conducto, la glucosa o gasolina del cuerpo y los aminoácidos a esa silenciosa fábrica que es el hígado.

enero 02, 2010

Con sus linternitas oscilantes los isótopos radiactivos lo ven y lo revelan todo cuando los meten en nuestros cuerpos.

Ya SABEMOS que nuestros ojos son demasiados toscos para captar las pequeñísimas longitudes de onda que caracterizan los rayos. La importancia de su descubrimiento se ha hecho mayor para la ciencia a medida que pasa el tiempo. Sin embargo tenían la limitación de que solo retrataban las partes duras. Para captar con ellos las partes blandas del cuerpo, que se hace necesario la ingestión de un líquido contraste que muchos pacientes no pueden tolerar. Y aun en los casos en que no ocurre este inconveniente, tiene otro de que no llega a las zonas intersticiales ni nos muestras deformaciones microscópicas, causantes de problemas serios de salud. Hacia falta otro medio para explorar detalladamente a los órganos que nos forman.

Los isótopos radioactivos en los pulmones, despiden impulsos que al ser ampliados, se registran graficamente durante la escintigrafía.

En los años 40 fallaron todos los intentos de enviar sustancias a zonas determinadas del organismo con el fin de que nos dijeran lo bueno y lo malo que encontraran a su paso. Al finalizar la guerra en 1945 los científicos y los políticos, algunos de ellos con remordimiento de consciencia, se apresuraban a desarrollar planes para usar la energía atómica a favor de la especie humana y de la paz. En 1934 los esposos de Frederick e Irene Joliot Currie habían descubierto la radiactividad artificial, es decir, la desatada por el hombre en sus laboratorios. Con ese fin tomaba átomos normales, y les sobrecargaba el núcleo hasta hacerlos inestable.


Los contadores Geiger - Muller son detectores electrónicos que reflejan en un centelleo luminoso o golpeteo sonoro la radioactividad de los isótopos, vengan de donde viniera.

Tales átomos trataban de recuperar su estabilidad, desintegrando algún nucleon. Así empezaban a expulsar radiaciones, las cuales, se podían medir por la velocidad del golpeteo sonoro o del centello luminoso en los contadores gelger. En 1935 Schoenheimer había descubierto con el deuterio, que las grasas que comemos tenían que pasar ocho días como parte del tejido adiposo, antes de que el organismo utilizara su energía. Había hallado también que el gas carbónico que expulsamos por toxico, era parcialmente usado en la confección de ese combustible biológico concentrado, que es el glucogeno del hígado. Aquel año también se había hecho un pequeño ensayo sobre el comportamiento del fósforo radiactivo en los tejidos animales.

La guerra había detenido tales trabajos, pues todo el esfuerzo para el dominio de la fuerza nuclear, se dirigía exclusivamente a la confección del pavoroso artefacto. En 1946 y en la preocupación de la energía nuclear dejara algún provecho constructivo, tales estudios encontrarían un marco adecuado. Previamente se comprobó que la introducción de microdosis de átomos e isótopos radiactivos en el cuerpo no causaba daño. Los utilizados eran los que despiden las radiaciones gamma, que por ser las más poderosas, dejan un rastro fácil de seguir con los contadores geiger, administradas en cantidades del todo inofensivas. Así fueron las vísperas de la medicina nuclear, en las que el país tiene a especialistas tan calificados como Raúl Vera y Rubén Merenfeld.

Pronto se supo que cada isótopo enviado a través de la sangre se detenía en un órgano al que era a fin: los del yodo, en la glándula tiroides; los del fósforo, en los huesos; los del oro, en el hígado; los del cromo, en los glóbulos rojos; los del tecnecio, en los tejidos cerebrales y así sucesivamente. Con isótopos radioactivos se estableció por ejemplo que la orina de hoy contiene el agua que nos tomamos hace un mes. Esto dejo claro que el cuerpo humano protagoniza una perpetua renovación en sus materiales. El agua que nos bebemos hoy iniciara una aventura a través de los billones de células hasta que finalmente encontrara en los riñones la puerta de salida.

Gracias a los isótopos radiactivos, algunos de los cuales se aplican en el tratamiento de ciertos tumores malignos, pudimos establecer que los glóbulos rojos duran tres meses y que nuestros organismos no se desprenden del hierro que había en ellos, sino que lo recicla en la fabricación de los reemplazantes. Con esta técnica se precisan las cantidades de sangre que los ventrículos arrojan por minuto y la velocidad de la circulación. Con este recurso son explorados el hígado y los riñones, para determinar las anormalidades que pudiera haber en su funcionamiento. Se ha avanzado mucho en este aspecto pero son muchas las expectativas insatisfechas de esta medicina.

noviembre 12, 2009

Cuando las plantas padecen anemia por falta de hierro sus hojas se tornan blancas como si fueran de papel



El hierro es básico para los glóbulos rojos, pero desconocemos la ubicación exacta del vanadio, que cuando falta del todo quita el apetito y cuando sobre, aumenta las grasas en los cerdos.

No debemos sorprendernos de que en el cuerpo
humano estén presentes casi setenta elementos de la materia, entre gases, metaloides y metas. Esta es una herencia que todos los seres vivientes terrestres, hombres, plantas, animales, microbios trajimos del mar, cuna de la vida primigenia en el que están disueltos casi todos los cuerpos, comprendidos en la tabla de Mendeliev. Lo que si resulta interesante es el hecho de que los pobladores de las aguas azules, no solo aceptaran en su constitución a esos elementos, sino que también aprendieran a aprovecharlos de la manera mas optima. Así, el caldo inerte del océano con todas las sustancias que flotan en el, tiene hoy su replica en la sangre aunque esta no solo sea transparente y haya adoptado el color rojo.

Además, la sangre es un tejido vivo y el agua marina no alcanzara nunca ese tango. Pero sigamos con nuestro asunto. Un bioanalista comprobaría que estamos hechos de un 65% de oxigeno, un 18% de carbón y un 10% de hidrogeno, los cuales junto con las visibles proporciones de calcio y de fósforo en el esqueleto, compartirían la denominación de macroelementos. Estamos familiarizados con ellos y también con minerales que intervienen en nuestra fisiología, como agentes decisivos de la buena salud y de la alegría de vivir, pero en cantidades pequeñas e infinitesimales.

Son llamados microelementos u oligoelementos. El mas famoso de todos es el hierro, que al oxidarse le da su color a los glóbulos rojos. Está entre los poquísimos materiales que el organismo humano y el de los animales sabe reciclar, pues es retirado de los hematíes muertos para incluirlo en los que habrán de nacer. Por regla general se llama oligoelemento al que no llega a un gramo por kilo en la composición del cuerpo. En este caso se hallarían el sodio y el potasio. A ambos se le atribuyen las funciones de conductores eléctricos al servicio del cerebro y el corazón. Se estima que el último es en parte radiactivo, a fin de participar en las mutaciones genéticas exigidas por las readaptaciones.

Ya sabemos que la falta de hierro causa anemia en casi todos los miembros del reino animal. Data de hace poco tiempo relativamente, el hallazgo de que la carencia del mismo ocasiona un daño parecido a los árboles y a sus afines, pues les impide generar suficiente clorofila y les cambia el verde esperanzador de sus hojas por el cloro blanco del raquitismo. Aclaro como en las películas que cualquier semejanza con hechos reales y ficticios se debe a pura coincidencia, pues no simpatizo con ninguno de los dos matices. El cobre anda también en nuestro tejidos sin que sepamos cual es su oficio.

En cambio se ha determinado que las plantas que no tienen crecen mal, porque es un eficiente ayudante en la asimilación del nitrógeno, tan fundamental para la confección de proteínas. Ese metal de nombre tan extraño, el molibdeno, es indispensable para que los vegetales conviertan al fósforo inerte de la tierra en el fósforo orgánico de la vida, Se ha establecido que la inexplicable quema de ciertas hojas vegetales, se debe a la acción de sales nítricas empozadas en sus vénulas por falta del molibdeno que las hiciera circular. En cuanto al zinc se le observa un comportamiento contradictorio, pues mientra su carencia frena el crecimiento de las plantas su exceso hace lo mismo con animales como los erizos.

Los avances en esta área son posibles porque la ciencia dispones de aparatos que pueden identificar una solo parte de cien millones de partes, es decir, un gramo de sal en cien mil litros de agua. Así se ha descubierto que el hígado es un autentico centro minero, pues cuando nos excitamos vierte en el torrente sanguíneo partículas de manganeso, silicio, aluminio, titanio y cobre, que seguramente van a cumplir una misión reguladora aunque nadie sabe como. Otra novedad es la importancia del manganeso es la formación de los huesos, su ausencia los debilita al tiempo que disminuye el poder reproductivo y neutraliza algo tan sagrado y hermoso, como es el instinto maternal. Así, en una etapa preliminar esta el conocimiento de los oligoelementos. Cuando sepamos lo que hacen, como lo hacen y cuando lo hacen, se resolverán muchos de los actuales enigmas de la salud y de la vida.

octubre 31, 2009

Sin comprobación experimental la sospecha de es alergia el desacuerdo que suele haber entre las suegras y sus yernos.

Hasta comienzos del siglo los seres humanos sufrieron la mas curiosa de todas las enfermedades, sin identificarla en lo mas mínimo y confundiéndola mas bien con padecimientos conocidos. El enigmático mal sigue aun por igual sus caprichosas consecuencias, rayanas en muerte muchas veces. Se dice que fue la causa indirecta de la muerte de los médicos de cabecera de Enrique VII, el que mataba a sus esposas y el de Solimàn El Magnífico, que amó a la suya hasta después de muerte. El primero hizo castigar con la última pena al facultativo de confianza, por su incompetencia en tratarle un asma aguda; y el segundo le cobró así a su galeno la ineficacia de sus recetas para sanarle una urticaria a la sultana.

La urticaria, las vejigas y las ulceraciones alérgicas se deben a que el exceso de histamina permeabiliza las paredes de las arteriolas, haciendo que por ellas se desparrame bajo la epidermis u otro tejido, el suero sanquíneo.

Ninguno reos más inocentes a pesar de la real sentencia condenatoria, porque los pacientes sometidos a su examen, tenían alergia, una palabra que habría de establecerse sólo en 1906, cuando el alemán Clemens Von Pirquet la creara para apellidar ciertas respuestas anómalas del cuerpo humano. El término está hoy universalizado en la ciencia hipocrática del mundo, con sus dos raíces griegas: Allos: otro y ergon: reacción, que significa reacción diferente. En efecto, esta lesión se caracteriza por el hecho de que el cuerpo humano no reacciona bien sino mal o muy mal a la ingestión de sustancias inofensivas.

Hoy se aplican a la espalda del paciente, parches contentivos de la sustancia sospechosa. Los responsables son descubiertas por la mancha roja que dejan en el lugar donde fueron puestas.

En los años de 1920 los médicos estaban al tanto de que el las épocas en que bosques y arboledas impregnaban el aire de polen, se multiplicaban los enfermos de las vías respiratorias superiores. Sus fosas nasales se convertían en manaderos de agua y moco. Estornudaban copiosamente, sentían malestar y dolor de cabeza en los casos extremos. No tardaron de explicarse el mecanismo inicial de tal sintomalogía. La inmensa mayoría de las personas no sentían ningún trastorno cuando las partículas de polen entraban en las narices. En cambio había una minoría de individuos, en quienes surgían los signos anotados con una intención defensiva.

Habitualmente las mucosas segregan una saliva espesa semejante a la baba, para atrapar en la misma y neutralizar los corpúsculos intrusos, vivientes como las bacterias o inertes como el polvo. El estornudo tiene el propósito de expulsar por las malas a tales intrusos. Esto es lo que ocurre sin que nos demos cuenta, cuando somos sanos. Cuando solomos alérgicos esa respuesta es desmesurada, digna de ser comparada con el intento de Matar un zancudo a tiros de ametralladora. En este caso los centinelas del sistema inmunológico han dado una alarma hiperbólica, cuyas consecuencias se vuelven contra la fortaleza que estaban llamados a cuidar.

Por nuestra sangre circulan ejércitos de celosos anticuerpos, que nos protegen de las agresiones eternas. Si se hallan en un organismo sensibilizado a sustancias, que para el resto de la gente son inocuas, los anticuerpos inician una batalla cabalmente innecesaria y perjudicial. Durante la misma las células vecinas se alteran segregando heparina, acetilcolina y sobre todo histamina.

Ella es ordinariamente nuestra aliada, pues instalada en nuestros tejidos y especialmente en pulmones e hígado, dilatan los vasos capilares cada vez que hay que bajar la presión arterial. Pero el exceso de ella durante estos choques, puede incluso determinar casi un estancamiento en la sangre venosa, el cual conduce a una muerte apresurada.

Este grave accidente lo han sufrido personas que se inyectaron penicilina aunque era alérgica a ella. Existen alrededor de trescientas sustancias alérgenas entre la que además del polvo. Se cuenta los mariscos, pescados, algunas carnes, fresas, leche, frutas, huevos, quesos, chocolates, verduras, cientos fármacos, detergentes, colorantes, plumas, pelos, lana, sudor de ciertos animales, picadas de insectos y pare usted de contar. Las emanaciones de algunas pinturas frescas pueden estrechar la luz de los bronquios, congestionarlos de moco y causar dificultades respiratorias a veces peligrosas. Aunque se acepta que un alérgico puede desatar su mal con solo pensar en la sustancia dañina, no se ha comprobado que sean por alergia los desacuerdos entre suegras y yernos.

diciembre 17, 2007

Aunque en el estómago la comida sufra un fuerte bombardeo, los intestinos son los únicos que la hacen asimilable

Durante toda mi vida , yo también creí que el estómago se hallaba detrás del ombligo, pero ayer un médico amigo me sacó del error. Está mucho más arriba, a la izquierda, debajo del diafragma, el músculo que nos da la fuerza para toser y estornudar. Con su forma de pera invertida el estomago puede almacenar hasta dos litros de alimentos, mientras les aplica los jugos digestivos y las enzimas que elaboran cinco millones de glándulas, distribuidas en toda la superficie de su pared más interna. Además de ésta , tienen una membrana submucosa que a la hora de trabajar, porque hay comida o porque la persona sufre una excitación, asume un color rojo por la sangre que en tales momentos ofrecen los minúsculos vasos que la forman.

Obsérvese que la mayor parte del aparato digestivo, no se halla en el estómago, sino en los intestinos que no están tan bajo como creemos.

Son activados por innumerables nervios periféricos que hay en esa zona, los cuales al agitarse, nos producen ahí la sensación que experimentamos cuando nos dan un susto, por ejemplo. La tercera capa está constituida por resistentes fibras musculares, encargadas de batir la comida hasta que pulverizada y semisólida, está lista en el quimo que será despachado en pequeñas porciones al intestino delgado. La pared exterior del estómago es serosa y al igual que la de todas las visceras está revestidas permanentemente de un lubricante por el cual los órganos se deslizan entre sí, sin hacerse el menor daño.

Ni Hipócrates, ni el autosuficiente Galeno y ni siquiera el modesto Vesalio, el fundador de la anatomía moderna sospecharon lo que ocurría en esta cavidad después de la deglución de los nutrientes sólidos. Durante siglos se supuso que se pudrían, lo cual, de ser cierto habría originado las más graves intoxicaciones.

Hay en Europa unos pájaros llamados Milanos que tienen el don de regurgitar las cosas inútiles que pudieran tragarse. Esta propiedad le sirvió al investigador francés René de Reaumur, para crear el primer conocimiento acerca de lo que hacía el estómago. Eso lo logró cuando una de estas aves devolvió los pedacitos de esponja que él le había hecho ingerir. Los mismos estaban impregnados de un líquido corrosivo, que en vano había intentado desmenuzar las fibras de la esponja.

En 1822, en las fronteras del Canadá con Michigan, Alexis San Martín, joven traficante de pieles, recibía un tiro de escopeta en uno de sus costados. Aunque se recuperó de la herida, ésta le dejo un orificio de seis centímetros de diámetro, el cual fue para su cirujano, William Beaumont, como una ventanilla por la que saciaría una curiosidad que le acuciaba desde sus años de estudiante: la de saber lo que realmente le sucedía a los alimentos que masticados y ensalivados, llegaban a esta zona después de cruzar el cardias o puerta de salida del esófago.

San Martín se prestó durante más de catorce años a los respectivos experimentos, dada la gratitud por su salvador. Este introducía por la fístula trozos de carne, de pan, de tubérculos y los extraía después, saturados de potentes sustancias que estaban a punto de desintegrarlos. Sacó más de cincuenta conclusiones de sus resultados, entre los cuales estuvo la de que esta cámara era un puente de paso, donde los alimentos eran simplificados pero no del todo, pues el resto de la tarea para que el organismo absorbiera sus principios útiles, debía cumplirse en los intestinos. Estos, por ciertos están en el lugar que nos tocamos en la infancia cuando decimos que nos duele la barriga.

Las úlceras del estómago se deben al jugo gástrico, que cuando es segregado por desequilibrios emocionales, vuelve a su acción digestiva contra las paredes del estómago, por encontrarlo vacío. A fin de que ello no suceda, estos pacientes reciben la recomendación de comer pequeñas porciones a lo largo del día. Como ya informé, la digestión del estómago es siempre parcial salvo dos casos, la de la miel y el alcohol que son asimilados allí mismo. La razón de que una persona que ha cenado bien tarde más que bien no lo ha hecho en embriagarse, es que la bebida en tales casos, es trasportada a los intestinos con el bolo alimenticio. Así baja su agresividad y es más lenta su integración al torrente circulatorio, que es el que la lleva a la cabeza

octubre 29, 2007

Durante tres cuartos de siglo hubo un mal que jugó al escondite con los neurólogos del mundo: fue el descubierto por Alois Alzheimer

A los 50 años Rita Hayworth empezó a beber compulsivamente: eso era una secuela de los primeros sintomas del mal de Alzhemier


Enfermedad silenciosa era el nombre que se le daba al Mal de Alzheimer en 1987 cuando se le reconoció como causa de la muerte de la cimbreante actriz Rita Hayworth. Hoy de Departamento de Salud de EE.UU tiene un registro de 4 millones de estos pacientes y de 100 mil que fallecieron. Entre nosotros habría 10 mil atacados por el flagelo. Es más insidioso que el cáncer del estómago, pues quienes lo sufren en sus primeras fases se ven saludables, tranquilos y normales. Después se le advertirán signos como falta de memoria, distracción y estados compulsivos. El avance de la alteración es fatal y en un momento dado, el paciente olvida hasta las palabras corrientes, les cuesta reconocer a parientes y amigos y deja de recordar sus nombres. Es entonces y no antes cuando los electroencefalogramas les registran leves alteraciones y los tomógrafos atrofias ligeras en la corteza cerebral.

Pero estas señales son también las de los otros desequilibrios psiquiátricos y neurológicos, por lo cual ese Mal fue objeto de erróneos diagnósticos durante siglos. Estos enfermos sienten hambre, sed, sueño y satisfacen esas necesidades tan bien como los sanos. Caminan sin rumbo fijo, ven, oyen, sienten pero de un modo automático. Carecen de la capacidad perceptiva de quien capta simultáneamente en una flor, por ejemplo, su forma, sus pétalos, sus colores, su cáliz y su aroma. Conservan buenos sus cinco sentidos, pero no pueden ni clasificar, ni procesar sus sensaciones. En el momento más crítico de su proceso, miran sin ver, oyen sin escuchar, olfatean sin diferenciar los olores, saborean sin gustar y sólo el tacto les funciona bien.

Sin embargo, mantienen normales los aparatos de respiración, de digestión y de circulación. Llegan a ser descerebrados virtuales que andan, hablan o levantan pesos. Un síntoma relevante es la pérdida del sentido de la orientación. Este síntoma se acentúa como los demás a una velocidad que depende del tiempo que tarde en concluir el ciclo involutivo. Este puede durar de tres a diez años a partir de las primeras anomalías. Investigaciones actualizadas desmintieron la versión de que era una secuela del envejecimiento, y de que se contraía a partir de los 45 años de edad. Así lo había establecido el investigador que lo describiera por primera vez en 1907. Fue Alois Alzheimer, psiquiatra alemán disidente del psicoanálisis freudiano quien retaba a los partidarios de Freud para que explicaran este síndrome irreversible con la teoría de los traumas de la infancia.

¿Por qué los extrovertidos se volvían silenciosos y indiferentes y por qué oradores de palabra fácil vacilaban y se enredaban en el empeño de construir pequeñas frases?. Alzheimer atribuyó la enfermedad que hoy lleva su nombre a la degeneración senil y presenil. Como ya dijimos, los resultados del aparato que mide los impulsos eléctricos del cerebro y los del otro que hace retratos en tres dimensiones en regiones que no se ven eran similares a los de otras anormalidades neurológicas. Todavía no hay ni una prueba de sangre, ni del líquido céfalo-raquídeo, ni ninguna otra que revele la enfermedad de Alzheimer en los laboratorios bioanalíticos. El problema no reside en los impulsos eléctricos y por eso no lo acusa el electroencefalograma.

El diagnóstico se intenta a través de los signos externos, pero ya en Nueva York se le hace con el auxilio de un complicado aparato llamado Tomografía por Emisión de Positrones. En las autopsias de los difuntos de este Mal se observa una vieja mortalidad de neuronas en una zona llamada hipocampo y en el denominado córtex cerebral. Estos son los centros de la memoria, del conocimiento y del razonamiento. Las neuronas vivas del cerebro presentan en su interior, fibrillas enrolladas en forma de helicoide. Hay abundancia de amiloides, sustancias parecidas al almidón en los riñones y en el bazo del cadáver a los que dan un color blanquecino. Estas características se observan en una escala notablemente menor en cuerpos de ancianos. De estos hallazgos se deduce que si bien la enfermedad de Alzheimer se nota a partir de los 65 años puede ocurrir en enfermedades menores.

Es remota la posibilidad de un tratamiento. Se ha hipotetizado sobre el fármaco, que obrara como la dopamina artificial en los pacientes de Mal de Parkinson quienes no secretan esa sustancia. Pero la acetilcolina que deja de producir el cerebro de un paciente de Alzheimer, es irremplazable. La artificial que se le aplicara experimentalmente fue un rotundo fracaso. Las neuronas no pueden reciclarla como hacen cada segundo con la que ellas elaboran. Por otra parte, no hay hasta ahora ninguna esperanza de frenar la involución de la sustancia gris en estos enfermos . Las neuronas se vuelven cada vez más inmaduras, por lo cual el afectado retrocede paulatinamente a las fases iniciales de la vida hasta adoptar la posición fetal.

septiembre 23, 2007

Sin dejarse descubrir guarda su incógnita el órgano que rige la formación de nuestros anticuerpos.

Batallones de linfocitos acuden al lugar del transplante para impedir personalmente y por las malas de aceptación del órgano extraño.



Entre los avances inmunológicos está el de que con la papaína de la lechoza, los científicos pueden partir en cilindros la proteína de los anticuerpos o cortarlas a lo largo, como en trozos de leña, con el 6-mercaptometano.


En los recientes años ha habido avances en el conocimiento del sistema empleado por nuestro cuerpo para defenderse de las invasiones de microbios y virus. El interés por esta línea de investigación se ha acentuado, por el propósito de hallar un medio de impedir el rechazo de los órganos transplantados, sin que los ejércitos de glóbulos blancos y anticuerpos que nos protegen, bajen la guardia o se debiliten. Como ocurre siempre, los hallazgos y los pasos venturosos en la penumbra de los desconocido han planteado nuevas interrogantes dejándonos la impresión de que penetramos dentro de una oscuridad mayor. Por ejemplo, ya no hay duda de que la glándula timo tiene el papel rector en la inmunidad del cuerpo.

Ella es como una horquilla guindada debajo del cuello y tras el esternón. Si se elimina en las crías recién nacidas, de ratones y conejos, éstas mueren precozmente a los tres meses con una empobrecida capacidad para formar linfocitos, los más sabios custodios de la salud. Se considera que hay linfocitos que sólo adquieren sus aptitudes para el contraataque después que procedentes de la linfa o minúsculos vasos sin células rojas, hacen una pasantía por el timo, maestro que les enseña a cumplir las instrucciones que la naturaleza les asigna. Ahora bien, si el timo es tan valioso por qué disminuye gradualmente el tamaño a medida que crecemos, hasta desaparecer casi del todo en los adultos?

Ha sido largo el trayecto cubierto para descubrir los secretos de la sangre, Hace tres siglos, Leeuwenhoek era el primero en ver en una gota de sangre, acumulaciones de platillos escarlatas, con bordes gruesos y el centro hundido. Sin saberlo había descubierto los glóbulos rojos. Estas son las únicas células coloreadas del torrente circulatorio, pues las restantes son blancas. Los glóbulos blancos eran mil veces más grandes y sin embargo, fue hace cien años cuando la mirada humana pudo percibirlos. A comienzos de este siglo se sabía que constituían los escuadrones móviles de nuestro cuerpo, con la misión de aniquilar a los intrusos vivos y a las partículas inútiles.
Fue en los años 60 cuando se vino a establecer el particular rango de los linfocitos, que constituyen el treinta por ciento de los glóbulos blancos. Cuando ellos detectan a un enemigo por primera vez, su primera acción es la de fotografiarlo de frente y de perfil en tres dimensiones. A continuación fabricarán millones de moldes vivientes con las características de armaduras que se adaptan a un cuerpo. Estas armaduras perseguirán a los microbios para cerrarse herméticamente en torno de ellos, matándolos por asfixia y con fermentos venenosos. Este modo de ser y de actuar ha justificado la denominación de anticuerpos que le dan los médicos y nosotros también.
Ahora bien, existen linfocitos con estructuras externas que los habilitan para matar personalmente a los gérmenes adversarios de la vida. La investigación orientada a saber cómo adquieren sus prodigiosas facultades han arrojado informaciones como la de que pueden generar hasta diez mil tipos de esas escuderas que nos inyectamos para fortalecer nuestras defensa y que se llaman gamma globulinas. En el conocimiento de los linfocitos se han dado pasos sutiles para nosotros los que desconocemos la materia, pero tan extraordinarios, que por sus contribuciones en este sentido, le fue entregado el Premio Nóbel a Baruj Benacerraf, un caraqueño de nacimiento que desde su niñez adquiriera en el exterior su alta formación científica.
La nueva fase en esta búsqueda se acaba de abrir al comprobarse que el rechazo de la piel injertada no ocurre en los pollos a los que se ha extirpado el timo. Sin embargo, tales aves conservan el don de fabricar anticuerpos, que les es conferido por un apéndice al final del intestino, la bolsa de Fabricio. Esto ha hecho suponer que el timo rige las respuestas inmunológicas de los linfocitos, que actúan personalmente, pero que la de los que elaboran anticuerpos es controlada por un órgano que en las aves es la bolsa de Fabricio, pero que en los mamíferos y en nosotros, está por descubrirse. Tal se deduce de que los pollos, si conservan el timo, rechazan el injerto de piel extraña, aunque se les privara de su medio de fabricación de anticuerpos.

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