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marzo 02, 2013

Genio en el estudio del cielo Tycho Brahe no es conocido como Nicolás Copérnico o Juan Kepler, vivió en un tiempo intermedio entre ellos dos.

 Genio en el estudio del cielo Tycho Brahe no es conocido como Nicolás Copérnico o Juan Kepler, vivió en un tiempo intermedio entre ellos dos.

Hiparco, un siglo antes de Cristo, descubría una estrella que no figuraba en el mapa de ellas, vigente desde los tiempos egipcios. Esta hazaña de identificar con una sola mirada, y sin ni siquiera el auxilio de una lupa, iba a ser sensacionalmente superada por otro astrónomo genial, cuyo nombre es digno de una mayor difusión. Ubicado cronológicamente entre Copérnico y Kepler - otros dos colosos de la investigación del cielo - quedó injustificadamente eclipsado por ellos. Me refiero al danés Tycho Brahe (1546 - 1601), cuyos estudios se sabe tan poco como acerca de sus orígenes  familiares. Se cree que procedía de una familia acomodada y orgullosa de sus blasones vikingos. Tampoco hay una confirmación histórica de que fue el sobreviviente de un parto dificil en el cual murieron su madre y su hermanito gemelo.
Brahe se equivocó en un segundo al calcular la verdadera longitud del año, en lo cual  fue superado por los mayas.

En los días de su juventud, las relaciones de los centros culturales y planteles educacionales de Europa eran tardías y lo eran más con Dinamarca, cuna de Tycho Brahe, y con los demás países nórdicos, por el congelante frío  que los sigue azotando durante la mayor parte del año. Nuestro micrografiado de hoy tenía que poseer  recursos, porque había adquirido, editadas en la imprenta, inventadas 120 años antes, el Almagesto de los árabes vertido en latín. En realidad el conocimiento astronómico concentrado en este texto era el de Ptolomeo. Este autor de una geografía en varios tomos, fue meritorio recopilador, pero no creador. Omitió la idea correcta de Aristarco de que la Tierra giraba alrededor del Sol, fortaleció la equivocada y opuesta teoría geocéntrica además de aceptar un Universo de esferas en las cuales andaban los astros.

A los 26 años Tycho Brahe, con unas pupilas más perpicaces que las de Hipartaco, hacía un enriquecido inventario al firmamento. Durante año y medio le siguó el rastro a una estrella que ningunos ojos, aparte de los suyos, habían visto antes. Estaba al tanto de que en el año 1052 los chinos y los japoneses habían conservado un fenómeno parecido. Tycho Brahe escribió un tratado de este trabajo,  y le dio a este punto, más brillante que Venus hasta que desapareciera, el nombre de Nova. Sus hallazgos atrajeron la atención de los científicos notables que iban a su patria a visitarlo y a enterarse de sus progresos. Uno de ellos había sido el comprobar que las tablas astronómicas de Alfonso El Sabio, habían errado en un mes la fecha de la aproximaciñon de Saturno y Júpiter.

A pesar de su mente prodigiosa y de sus experiencias acertadas, Tycho Brahe siguió admitiendo como auténtico el faso Universo de los griegos, hasta que lo asaltó una duda llena de lógica. Descubrió un cometa y pronto advirtió que su orbita no era circular y que de existir las esferas previstas por los Helenos, tendría que chocar con algunas de ellas. No ocurrió ninguna catástofe y por la cabeza del investigador pasó una idea revolucionaria: las órbitas de los astros eran ovaladas?. Aristóteles no había llegado a esta conclusión, porque con la confianza en su infabilidad, consideró que los cometas no podían chocar con nada porque estaban hechos de una sustancia que solo existió en su inamginación: el éter. Federico II, orgulloso de su vasallo, le cedió una isla en la cual estableció con disímiles artefactos e inventos, pero sin telescopio, el primer observatorio astronómico. 

El cometa le suscitó múltiples meditaciones y es curioso que, en vez de aceptar la idea correcta de Copérnico de que la Tierra girarar en torno al Sol, publicada tres años antes del nacimiento de Brahe, éste se hiciera autor  de una enmarañada suposición.Era que el Sol giraba entorno a la Tierra, mientras que los demás planetas giraban alreddedor de él. En Praga, Tycho Brahe, fue el mentor de otro genio, Juan Kepler. Lo que aprendió de su maestro y sus propias aptitudes, le permitieron deducir ls verdad de que las orbitas de los planetas en torno al Sol son elípticas. Brahe estaba atrapado en el concepto de Aristotélico de un Cosmo, que era con respecto al verdadero cosmo, una gotica de agua con respecto al Océano Pacífico. 

Tycho Brahe es el más penetrante observador, sin telescopio, del cielo que ha tenido la humanidad. Hoy sabemos que sus novas, tan admirablemente descritas por él, son estrellas opacas que de súbito se acrecientan y desprenden una luz intensísima que las hace más visibles  que las demás. Luego desaparecen por la sencilla razón de que estallan en fragmentos y así dejan de existir. En 1580, Brahe demostró que el calendario establecido por Julio César marcaba los años minutos después de que terminaban y que, por eso, las conmemoraciones religiosas llegaban con una anticipación de diez días. Gregorio II se apoyó en esta observación científica para introducir su calendario, todavía vigente, en el cual no son bisiestos  todos los años terminados en 00. Solo lo son los divisibles por 400, como 1l 1600, el 2000, etc.


diciembre 27, 2009

Cuando se descubrió Urano ningún sabio ponía en duda la creencia de los egipcios de que había seis planetas.

William Herschel había afianzado su crédito de astrónomo, antes de descubrir Urano con un torrente de novedades sobre la Luna que no advirtiera Galileo

Un siglo después de que Galileo inventara el telescopio, el mapa celeste era enriquecido por el astrónomo inglés John Flamstee. El artefacto le había permitido ver estrellas que habrían resultado increíbles para Iparco, que en los tiempos griegos, las contara una a una y las ubicara en su catalogo. Pero Flamsteed había incluido en la constelación de Tauro, un punto de luz pálida e inapreciable a simple vista. Faltaba un siglo para que su William Herschel le enmendara la plana, sosteniendo que aquel rastro era cometa. Hasta entonces, se mantenía inmutable el sistema de los seis planeta, descubierto por los sacerdotes egipcios.

Desde 1774 Hersche pulía lentes cada vez mas grandes y mejores secundado por su hermana Carolina, la primera mujer astrónomo. Así logró un telescopio potente, a través del que hiciera las observaciones que le condujeran a la citada conclusión. Luego notaria que aquel punto pálido, tenia la redondez de un disco y cambio de parecer asegurando que se trataba de un nuevo planeta. Las dudas de sus contemporáneos, que fueron muchas, se desvanecieron y hasta los astrólogos, tan obstinados con su falsa ciencia, callaron cuando Herschel demostró que la supuesta estrella describía en torno del sol orbitas elípticas, análogas a las de la Tierra, Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter.


El planeta Urano tiene nubes y atmósfera, su temperatura es tan gélida que allí en unos cuantos segundos una mosca advirtiera la solidez del vidrio blindado.


Agradecido por el respaldo que le diera Jorge III, de Inglaterra, quien era como él, nativo de Hannover, Alemania, bautizo el nuevo planeta en 1781, como Georgium Sidus. Mas tarde sus colegas lo persuadieron de que siguiera la tradición de usar los nombres de los Dioses paganos para estos astros. El recién descubierto recibió entonces el apelativo de Urano, padre de Saturno, en la mitología griega. Ha sido larga la investigación para conocer los pelos y señales de ese vecino, uno de los cuatro gigantes de la familia planetaria, situado a una distancia del astro rey veinte veces mayor que la de la tierra y a dos mil novecientos millones de kilómetros de ella .

Siete años tardó en llegar a Urano la nave norteamericana Voyager II que en estos comienzos de 1986, está remitiendo la fotografías que le ha hecho y en las que se revela que tiene catorce lunas y se confirma que ese planeta al igual que Saturno, está circundado por anillos de hielo, hierro y otros materiales que le dan el aspecto de un platillo volador. Nueve anillos aparecen en Urano, algunos de ellos coloreados por razones que los fisicos de la NASA tratan de comprender. La luz que llega a esas jurisdicciones del sistema solar es tan pobre que aunque le pega de frente a los polos, dada la extremada inclinación del eje de rotación de Urano, no alcanzó a disminuir la temperatura promedio de este coloso la cual es de ciento setenta y dos grados bajo cero.

En esos linderos del frío súper congelante los gases se solidifican. Se cree por eso que las estructuras compactas superficiales de Urano son en buena parte de metano y amoniaco. si es asi queda descartada la posibilidad de que en esa region pudiera haber alguna forma de vida. Las observaciones del Voyager II son bastante precisas pues los lentes telescópicos de sus dos cámaras, que lo fotografiaron desde la relativa cercanía de ochenta y dos mil kilómetros, permitirían leer un libro a un kilómetro de distancia. Los mismos tomaron detalles de Ariel, Umbriel, Titania, Oberón y Miranda, los satélites que inicialmente se encontraran en este astro.

Los recientes hallazgos indican que hay otras nueve con la particularidad de que giran al revés del planeta y de que con su gravedad influyan en el equilibrio de los anillos. Existe la sospecha de que estos satélites llegarían a treinta. Si esto fuera cierto se rompería el record de Saturno al que se le han contado veinte. Se supone que Urano rota en forma relativamente rápida sobre si mismo; pues su día es ligeramente inferior a las veinticuatro horas que dura el nuestro.

Su año equivale a mas de ochenta y cuatro años terrestres, periodo que tarda en hacer sus viajes turísticos alrededor del sol. El viernes veinticuatro de Enero, dia de su mayor aproximación a Urano el Voyager II recogio para el saber humano una información muchas veces mayor que toda la que ha sido obtenida desde que se le descubriera, hace doscientos cinco años.

diciembre 10, 2009

En las estrellas pulsares los mosquitos tendrían que andar con cuidado: si logran despegar pesarían más que los aviones 747,

El pulsar 4C-21.53 a la derecha tiene una masa muy superior a la de la Tierra, porque equivale a la del Sol. Pero la densidad de la primera 5,5 y de los segundo 1,4 no se puede compararse con la de él que es de decenas de miles.

La nebulosa de Tauro, concentración de escombros celestes donde lo único vivo es el pulsar del Cangreso.

Cada cuatro siglos ocurriría en nuestra galaxia, el cataclismo de una gran estrella, que después de brillar fantásticamente se esparecría en pedazos dejando vivo su corazón. Esto sería el núcleo de ella y en el mismo electrones y protones se fusionarían dando lugar a las llamadas estrellas de neutrones. En su interior, la fuerza gravitacional cohesiona tan fuertemente a la materia, que desaparece el espacio que suele haber dentro de los átomos o entre sus partículas. La fricción creciente, no sólo origina una densidad inconcebible, sino que también hace desprender partículas cargadas que al tomar una atmósfera de apenas varios centímetros disparan ondas luminosas y ondas radiales que recorren distancias de hasta cien años luz.

Esta distancia en kilómetros se expresaría así: 95 seguido de tre ceros. Pues bien, esos cuerpos con señales que hacen su recorrido tan grande son los pulsares o estrellas pulsantes. En 1967 cuando se les detectara por priemera vez, entusiasmaron a los amigos de la ciencia ficción, con la idea de que sus emisiones contenían mensajes de seres racionales en remotas latitudes de la Via Láctea. Como cada tic-tac implica el gasto de miles de megavatios, los científicos concluyeron que ninguna civilización cometería la locura de despilfarrar tan enormes concentraciones de energía en la aventura de encontrar un interlocutor.

Los astro-físcos en los años siguientes se dedicaron al deporte de cazar pulsares, ansiosos de que la nueva información que les aportaran les ayudara abrir una rendija en los cerrados cortinajes del cosmos. Han podido probar que el pulsar Cangrejo que está en la Constelación Tauro, es el corazón de la supernova que estallara en el año 154. La misma no da una vuelta sobre sí cada año como la Tierra sino treinta vueltas por segundo.

Con su indescriptible compactación, neutraliza la fuerza centrífuga que le habría desintegrado de otra manera. Pueden ser otras las razones del fenómenopero es lógico pensar que las leyes físicas conocidas en Tierra, son válidas en los demás linderos del Universo.

Hasta ahora se han ubicado trescientos cincuenta pulsares, dilapidando siempre chorros colosales de fuerza, en ese pasatiempo, en le que despiden sus radiaciones no en la forma de linterna que se prende y se apaga sino un faro que hace girar la luz hacia uno y otro lado constantemente. De allí que la denominación de pulsares no sea ya tan correcta a pesar de que serán tarde para cambiarla. Sólo tres de esas insólitas estrellas han sido encontradas en el lugar donde explotan supernovas, lo cual hace que la idea de su procedencia, vuelva al terreno de las hipótesis. A ello ha contribuido el último pulsor hallado en 1983 por el astrónomo Carl Heiles, de la Universidad de California y a través del observatorio de Arecibo, en Puerto Rico.

Se trata del 4C-21.53 en la costelación del Zorro Menor. Este nuevo astro con su volumen de sesenta y tres kilómetros, gira seiscientas cuarenta y dos veces por segundo y aunque según los cálculos terrestres estaría al orde de romperse en pedazos por la fuerza centrífuga, nada le ha pasado. De acuerdo con ciertas normas dataría de solo hace veinte años pero resulta que en los tres últimos tres siglos y medio la astronomía no ha registrado ningún estallido de supernova en las juridisciones donde está 4C-21.53. Este hallazgo lejos de aclarar dudas, ha aumentado la perplejidad de los que ganan la vida auscultando las intimidades del cielo.

Un pulsar con veinte kilómetros de diámetro, tendría la misma masa del sol. Una cabeza de alfiler de esta materia pesaría treinta toneladas aquí en la tierra. La fuerza gravitacional es diez mil millones de veces mayor que la que nos rodea y por eso un mosquito que fuera a aterrizar en un pulsar tendría que tomar muchas precauciones , pues caería con el peso de un avión 747. Se estima que una hormiga que fuera a escalar una piedra en aquel medio necesitaría una energía superior a la usada por un alpinista que durante cincuenta años ascendiera diariamente al Monte de los Himalaya. Mientras los científicos se desesperan por hallar la verdad hay novelistas que tienen estos niveles de la astrofísica un manantial inagotable.

diciembre 05, 2009

Jamás volverá la Tierra al espacio que deja atrás porque el Sol la arrastra a ella y la galaxia lo arrastra a él.

Las temperaturas solares son dignas de temer, porque además de que las olas son de fuego, alcanzan alturas de hasta trescientos mil kilómetros.

Según una teoría novedosa las estrellas pueden nacer solitarias o en compañía de otras., como sucede en las maternidades. El Sol sería de estas últimas y al igual que sus hermanas habría vagado por el espacio hasta encontrar un asiento para él y los miembros de su cortejo. Su jurisdicción comprende unos diez mil millones de kilómetros, la cual sería pequeña si se compara con la de la estrella más cercana, Próxima Centauri, cuyos dominios son cuatro veces mayores. Es merecida la grandiosidad que le atribuimos al astro rey, pero éste se aprovecha de la vecindad, para presumir de que es el centro del universo. De no ser por la ilusión óptica que nos causa, lo veríamos como un faro de cinco milímetro a una distancia de cincuenta y siete centímetros.

Si salió de un parto múltiple como se ha sugerido, debió estar entre las hijas menores ya que es una estrella mediana en nuestra Galaxia. Su volúmen es un millón trecientas mil veces que el de la Tierra, pero como está constituido principalmente por hidrógeno, helio y otros gases, su esponjada masa equivale a trescientos treinta y tres mil veves la de nuestro planeta. Se le podría comparar con esos personajes que fingen tener mucho por dentro. Peo seríamos injustos porque el Sol necesita de esa constitución interna en que el hidrógeno al fusionarse y convertirse en helio, le da la magnificencia de su luz.

Cada segundo se aniquilan en su seno a la temperatura de cuarenta millones de grado C., cuatro millones trescientas mil toneladas de materia. No hay que temer por ahora la extinción del Sol, pues a ese ritmo habría que esperar sesenta mil millones de años para que se quemara del todo. Los rayos que nos llegan tienen, en el momento de su partida, cinco mil ochocientos grados C., que se debilitan durante los ciento cincuenta millones de kilómetros de su recorrido por el gasto de desplazamiento, y por el mínimo calor que le ceden a los solitarios átomos, que a razón de uno por centímetro cúbico, existen en el vacío del espacio.

Los modernos espectroscopios que se registran a través de sus colores propios de los elementos químicos en las estrellas, revelan que en la corona del Sol, hay hierro, calcio y níquel. En su interior están los restantes miembros de la tabla de Mendelelev, aunque dispersos y atomizados y sin adoptar , desde luego las concentraciones sólidas en que los conocemos. . El Sol ofrece a la astrofísica la ventaja de su proximidad, que nos permite estudiar en él las características de las lejanas estrellas. En su estructura parece confirmarse la hipótesis de que la totalidad de los gases metaloides y melates, se forman por fusiones sucescivas que comienzan con las del hidrógeno y concluyen con las de uranio.

Las manchas solares se llaman así, no porque sean opacas u oscuras, sino porque corresponden a regiones de la fotósfera, zona intermedia entre el núcleo y la atmósfera, menos caliente que la de su entorno. Hay una posibilidad infinitesimal de que haya aguas que vuelvan a pasar por un mismo río, contrariando el postulado dialéctico de Heráclito. No hay en cambio la posibilidad de que nuestros astros puedan recoger sus pasos, ya que el Sol nos arrastra a la meteórica velocidad de doscientos dieciséis kilómetros por segundo para cubrir en doscientos treinta millones de años, su orbita en el centro de la Galaxia.

Cuando el Sol retorna al punto de partida éste ya no es el mismo porque también la Galaxia lo ha arrastrado a él y a todas las estrellas y demás cuerpos que la constituyen. El Sol gasta en promedio veinticinco días en girar sobre sí mismo. Por cierto, que es errónea nuestra apreciación de que el Sol describe en torno a al Tierra una espiral de norte a sur y visceversa, a la que se deberían las cuatro estaciones en el norte y en el sur. Lo que en realidad sucede es que nuestro globo gira siempre como una zaranda a la que se acaba la cuerda y por esa razón hace que en cierto momento un polo o el otro miren casi de frente a la candente bola, lo cual le ocurre también dos veces al año a la barriga del planeta en el Ecuador.

diciembre 28, 2004

Aún en la hora de su muerte Copérnico seguía temiendo el riesgo de que lo quemaran vivo por su teoría heliocéntrica.


El esquema de la teoría heliocéntrica de Copérnico, con la cual se explicaba muy bien la causa del alejamiento y la aproximación de los demás planetas a la Tierra.
Durante 14 siglos no hubo una sola voz que osara objetar la idea de Tolomeo, de que la Tierra colgaba inmóvil en el espacio, mientras los demás astros, empezando por el Sol, giraban en torno a ella, en un tributo de perpetua sumisión. El dogma teológico le dio a la teoría de nuestro planeta era el centro del Universo, la categoría de axioma sagrado. Quienes no la admitieran, quedaban bajo la vigilancia presagiosa de los tribunales de la Inquisición. Dentro de este marco, haría su gran revolución científica, un sacerdote experto en derecho canónico, sabía lo que le aguardaba por el desarrollo de un pensamiento diametralmente opuesto al imperante.

Hemos aludido a Nicolás Copérnico (1473-1543), hijo de un comerciante acomodado, y sobrino de un obispo poderoso. Sin embargo, pudo sortear el riesgo de una existencia confortable y protegida, con su firme devoción por los estudios. A los 18 años, en Cracovia, que entonces era un vigoroso centro intelectual, adquirió el dominio de las matemáticas y de la geometría espacial, que aplicó en sus incipientes observaciones del cielo entre 1491 y 1495. Pero su consurado tío lo apremiaba para que siguiera la carrera eclesiástica, y el joven Copérnico debió complacerle, inscribiéndose en la facultad de derecho canónico de la Universidad de Bolognia, Italia.
Copérnico ignoraba que Aristarco había pensado como él, aunque conocía las sugestiones que contra la teoría geocéntrica de Tolomeo, hiciera su antecesor, Nicolás de Cousa.
Después de su ordenación, supo alternar sus deberes de la Iglesia con los del Conocimiento. En la época existían las Tablas Alfonsinas sobre los astros del cielo, que a pesar de que habían sido hechas en 1252, estimaron la duración del año, con tanta precisión, que sólo se equivocaron en 90segundos de más. Copérnico analizó en ellas el movimiento de los planetas conocidos, percatándose de que el no era explicable por la teoría geocéntrica. En cambio sus apreciaciones matemáticas sobre esos movimientos, le cuadraban muy bien, al suponer que el Sol no era el que daba vueltas en torno a la Tierra, sino que era ella que giraba en torno de él, en 1525, ya no tendría duda acerca de su gran descubrimiento.

Fue entonces cuando empezó a escribir a mano, desde luego, y con el mayor sigilo, los tomos repletos de cálculos experimentales de la obra que llamaría Revolutionibus Orbium Caelestium. No obstante la plena certidumbre de que su teoría helicéntrica era la correcta, siguió trabajando en la clandestinidad, sin atreverse a publicar su hallazgo. Quiso callar su miedo por la hoguera, dedicándole su trabajo al Papa Juan Pablo III esperando que en las reformas del Concilio de Trento, liberalizarían el criterio de la iglesia en el campo astronómico. Por otra parte, siempre inquieto por su seguridad, hizo que un clérico de apellido Osiander, le prologara la obra, conceptuándola como una mera e inocente hipótesis.

En medio de sus vacilaciones, tuvo la suerte de contar con un discípulo genial, que fue Jorge Von Lauche, quien con su pseudónimo de Rheticus, había introducido cambios sustanciales en el uso de la trigonometría. Rheticus hizo un largo viaje en 1539 para estudiar con Copérnico y leer su manuscrito. De inmediato se asocio a las ideas del maestro, anticipó algunos comentarios, y lo convenció de que mandara a imprimir sus tomos. El fundador de la moderna astronomía, accedió a ello en 1543, durante una enfermedad y en vísperas de su muerte. Sobre su tumba cayó la furiosa reacción de supuestos sabios envidiosos y de creyentes fanáticos que lo apostrofaban de sacrilegio irredento.

Aunque el Santo Oficio declaró herética la obra, matemáticos como Erasmo Reinhold, la leyeron de punta a punta. Reinhold empleó cálculos que allí encontró, para elaborar las nuevas tablas planetarias. Lutero, de quien era seguidor, le dijo indignado que Josué, el sucesor de Moisés, había ordenado no a la Tierra sino al Sol que se detuviese. Tuvo que llegar el año 1609 para que Kepler aclarase el único error de Copérnico, señalando que las órbitas planetarias alrededor del Sol no eran redondas sino elípticas. Habría que esperar todavía que Galileo, con el auxilio de su telescopio confirmara, aunque asustado el pensamiento de Copérnico, casi un siglo más tarde.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas
Un día tal como hoy, 28 de Diciembre de 1982




diciembre 06, 2004

El Universo de los antiguos era como una gran cosa dentro del cual vivíamos: en la actualidad pareciera que no tiene fin.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 6 de Diciembre de 1991




Las Estrellas también nacen, viven y mueren. El Sol, una de las más medianas, es un adulto en la mitad de su existencia.

El estudio del Universo es un ejemplo clásico de que mientras más avanza la ciencia, más lejos estamos de la verdad. Durante milenios los chinos y los occidentales mas sabios creyeron que el Sol, La Luna, mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, constituían el Cosmos. Las estrellas eran las cabezas de los alfileres luminosos encajados en el firmamento para decorarlo. La noción de que la Tierra era el centro del mundo estuvo en la mente de Platón, de Aristóteles y de Ptolomeo tiene le dio fundamento científico a esta teoría. Un visionario griego, Aristarco, fue otro efecto de escarnio y estuvo a punto de que el paganismo le impusiera la penitencia de morir. Se consideró como una estupidez y una herejía su hipótesis de tierra la Tierra la que giraba alrededor del Sol.

Hiparco hizo el primer mapa de las estrellas sin sospechar ni remotamente la verdad de que eran sóles como el nuestro, más grandes unos, más pequeños otros. Tuvieron que pasar 19 siglos para que Aristarco fuera reivindicado por Copérnico también éste temió que la religión lo inmolara por negar que nuestro planeta fuera el corazón del Universo. El hombre pudo verlo más allá de sus narices, con el telescopio que inventara de Galileo. Cuando él divisó por primera vez las montañas y los cráteres de la Luna, imagino que las estrellas debían detener estructuras y inapreciables a simple vista. La inquisición no pudo contra el artefacto que por acercar la imagen de los astros permitía ser verdad es reñidas con el dogma. La astronomía se perfiló desde entonces como una ciencia exacta, y escaló metas inimaginables incluso para Copérnico y Galileo.

Las exploraciones con lentes cada vez más perfeccionados y de mayor espesor, revelaron nos sólo que las estrellas eran iguales al astro rey y que éste era una de ellas, sino también que había luces de una intensidad hasta 100.000 veces superior a los que nos disipa las sombras. Se supo que el mapa de Hiparco que agrupa las estrellas veríamos una noche, era uno de los más insignificantes e interés los millones de enjambres que captan con los telescopios. Tras el aspecto blanquecino del cielo se localizaron inmensas aglomeraciones de estrellas. Los astrónomos entendieron que se hallaban ante un sistema de una insondable complejidad. Lo denominaron Vía Láctea y creyeron que ocupaba los cuatro puntos cardinales del Universo.

En la primeras décadas del siglo Einstein hacía sonreír al mundo al afirmar que hasta del cielo era mentiroso. Lo decía porque vemos estrellas muertas hace tiempo cuya luz es ahora cuando nos está llegando. Surgió una nueva rama de la astronomía, la astrofísica. Se confeccionaron radiotelescopios, a través de los cuales no se ve nada pero se detectan los astros como nosotros a personas por el taconeo de sus zapatos. El hombre volvió a asombrarse ante la realidad de que nuestra galaxia, con 200.000 millones de estrellas, era una de las miles de millones que hay en el Universo. Actualmente los observatorios del planeta le siguen el rastro a grupos de galaxias que se desplazan en línea recta a 60.000 kilómetros por segundo, un quinto de la velocidad de de la luz.

Se han descubierto extraños cuerpos como los quáseres a distancia de millones de años luz, sin que sepamos lo que en verdad son. Los agujeros negros no tendrían nada pero tales pues serían grandes masas de una enorme compactación, por lo cual podrían atraer y tragarse hasta la luz. A y estrellas de neutrones entre los cuales no cabría ni un objeto tan delicado una hebra de telaraña. Un centímetro cúbico de ellas pesaría 80 toneladas en en la tierra. Existe hoy una hipótesis que refuta la tradicional de que el 99% la materia está en las estrellas. Entre ellas habría espacios llenos de polvo y de que gas invisibles, los cuales contendrían el 90 por ciento de la masa del universo.

La función de las estrellas es la de crear luz, emperatriz suprema del espacio y fruto de la materia transmutada en fuego. Nunca hemos sabido mas cosas acerca del universo y no un plan hemos tomado conciencia dio hoy acerca de los abismos de la ignorancia que nos separan de él. Es lógico que nosotros, los del común, lejos de suponer como los griegos y y los medios medievales que había fronteras para el mundo lo concibamos como algo que no tiene principio ni fin un. Einstein dijo que según sus ecuaciones, el espacio era finito, curvo, pero no limitado. Esta apreciación es un verdadero galimatías para nosotros, sin embargo hay una ejemplarización pero permitiría medio entenderla un. Una nave que volara en línea recta en el espacio intergaláctico y no encontrara obstáculos volvería su punto de partida. Una persona superbiónica que mirara en línea recta en el mismo espacio podría verse de espaldas a si misma.

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