octubre 30, 2004

A pesar de su color ambarino de su sabor a agua de mar la linfa es la otra cara de la sangre y como ella, se coagula al aire libre.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 30 de Octubre de 1981


Aquí podemos apreciar el sistema linfático del cuerpo humano, que tiene cierta autonomía a pesar de su estrecha vinculación con el sistema circulatorio (Rep. Estrella).

En la octava década del siglo pasado los filósofos seguían intrigados, por la forma en que la sangre espesa, penetraba por interticios ultramicroscópicos para alimentar y oxigenar a las células, al mismo tiempo que retiraba sus desechos. Esto era como sí un río turbulento se encauzara por pequeños tubos a través de los cuales pasarán junto con el agua, grandes piedras. El fenómeno les aturdía por lo inexplicable. Correspondió al bioquímico inglés Ernest Starling desentrañar el aparente enigma. La sangre como se sabe desplaza inicialmente por las arterias principales, sigue por las menores, continúa por las arteriolas y desemboca en los vasos capilares, por los cuales volverá a las vénulas, venas menores, venas principales y a los pulmones para oxigenarse.

Esto se sabía pero ¿ cono hacían sus grandes moléculas para atravesar cavidades con un diámetro muchas veces menor? Starling identifico un líquido con sabor de agua marina que dañaba a las células. Al examinarlo se descubrió que tenía los mismos componentes de la sangre aunque muy reducidos de tamaño. Tal suspensión acuosa que hoy llamamos linfa estaba cargada de pequeñas moléculas de azúcar, de aminoácidos, de grasas de sales, de urea, de ácido úrico y otros compuestos. Se trataba de algo así como la hermanita menor de rojo fluido. Este al dejar los vasos capilares asumía la identidad de la linfa.

Se supo que está después de operar fuera del mismo por dos centros situados en las vecindades del tórax. Este hecho también misterioso, por que se podía comparar con las aguas de un acueducto, que después de desparramarse volvieran por su cuenta a las respectivas red. Arduas investigaciones permitieron establecer la existencia de unos vasitos supernumerarios: se trataba de los vasos linfáticos por donde la linfa retorna a los dominios del corazón y recupera el aspecto escarlata de la sangre, por que se le incorporan los glóbulos rojos de que ella carece. Otros problema desafiaba la imaginación de los científicos: ¿ Qué la impulsaba, puesto que el corazón no podía hacerlo?.

Otros hallazgos arrojaron más luz en estos parajes de lo desconocido en el cuerpo humano. Se encontró que entre los tejidos está la llamada presión tisular. En la comedia de su intensidad, produce mayor o menor cantidad de linfa. Se aclaró también que nuestros movimientos crean la denominada bomba enfática, que en cada intersticio empuja al expresado líquido haciéndolo entrar por los vasos linfáticos. En el diseño de estos comprobamos una vez más de la naturaleza tiene en el modelo de la materia viva en el moldeo de la materia viva infinitesimal. En efecto, los vasos linfáticos, no obstante ser microscópico tienen válvulas que se abren para dejar la linfa y que se cierran para facilitar su camino hacia las venas.

Este trayecto es larguísimo y se suma al recorrido total de la sangre en nuestro organismo, que se aproxima a los cien mil kilómetros, pues si bien es reducida la longitud de las anchas avenidas que son las arterias, la de los caminitos de hormigas y otros más mínimos cubrirían dos veces y media la circunferencia de la tierra. La linfa se coagula también al aire libre y en su cargamento lleva pasajeros vivos, representados por las células linfáticas, es decir, leucocitos y linfáticos. Esto por cierto son capaces de reconocer como amigas a las diferentes células del cuerpo, aunque no las hayan visto nunca.

Por esa razón, la notable agresividad que los caracterizan, la dirigen sólo contra los microbios. Olvidaba informar que a veces la linfa acarrea toxinas de bacterias que podrían ser dañinas en grado extremo para la vida. A sabiendas de esto, ellas depositan esos materiales indeseables en los ganglios linfáticos, que se encargarán de eliminarlos para no crearles problemas al torrente sanguíneo. Sí los movimientos corporales comunican la energía con que funciona la expresada bomba linfática, ello vendría a robustecer la importancia del ejercicio físico para una buena salud. He aquí un argumento que le regalo a los predicadores de está orientación, mis amigos Pedro Penzini Fleury y Angel Gracía Rodrigo.

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