diciembre 04, 2010

Como una mariscal de campo pero sumisa ante el cerebro se comporta la glándula hipófisis, gobernante de nuestras hormonas.

La Ciencia Amena de Arístides Bastidas.
18 de Diciembre de 1981


Un diagrama de la hipófisis o pituitaria. Hipócrates intuyo la existencia de los principios vitales que ella genera y los llamo hormonas.


Una insuficiencia de la hipófisis da lugar a un enanismo de personas que aunque bien proporcionada tiene aspeco infantil y son incapaces de reproducirse.

Además del rápido sistema de comunicaciones telegráficas que tiene le cerebro en la red nerviosa, cuenta con otro semejante al de los mensajeros a pie que usaban los Incas y otras culturas del pasado. Este último está representado por las hormonas que llevan personalmente las instrucciones de lo que debe hacerse a la tiroides, a las suprarrenales y a las gónadas, responsables del impulso sexual y cómplices de la naturaleza en el hecho de procurar placer para asegurar las oportunidades de la procreación. El cerebro es el señor supremo de esta organización postal, pero no le rige directamente, sino a través de una lugarteniente a la que ha cedido una parte de sus poderes. Se trata de la hipófiis o pituitaria.

Si ella y sin el trabajo de sus emisarias, no podríamos ser lo que somos ni comportarnos como seres normales. El cerebro está recibiendo continuamente, una nutrida información de la marcha del organismo y sobre todo de las necesidades que experimenta para mantener la existencia y actividad. El mismo se encarga de desatar la sed para obligarnos a ingerir agua que nos falta o estimularnos el apetito, para que cubramos el déficit de nutrientes y de calorías que estamos sufriendo. Pero hay otros quehaceres que como veremos, se los encomienda a la expresada glándula, verdadero mariscal de campo en el arte de mandar y de hacerse obedecer.

¿Qué aspecto tiene este órgano con tan altas responsabilidades?. Los anatomistas dicen que es un poco más grande que un garbanzo. En su cara delantera segrega seis (6) hormonas, una de las cuales actúa desde el momento en que se forma el embrión. Se trata de la Somatotropina(STH) a la que debemos el crecimiento. Con un método que se ha negado revelarnos, sintetiza las proteínas para aumentar el número de células e incrementar el volumen de ellas y el de los tejidos que lo forman. Aunque al concluir la adolescencia ya no crecemos más, la hipófisis sigue produciendo Somatotropina para mantener en buena forma partes blandas del cuerpo como la piel, el hígado o la lengua.


Además, a medida que llega la vejez esta sustancia va haciendo crecer los huesos de la nariz y el de la quijada. La hipófisis suministra la tiroxina la cual sacude a la tiroides, a fin de que el metabolismo, proceso básico de la vida, no se detenga ni por un instante. Desde los años 50 en las farmacias vendían la ACTH, imitación mala como todas las imitaciones, de las hormonas adrenocorticotrópica, que al establecer contacto con las suprarrenales, las obliga a generar cortisona natural, ese medicamento que es como una hojilla, pues puede cobrar a la salud intereses usurarios, los bienes que a veces le concede. Las suprarrenales como se sabe, se parecen a dos maníes y cabalgan sobre los polos superiores de los riñones, como lo indica su nombre.

Las tres hormonas restantes de la parte anterior de la hipófisis, tienen el destino de ordenarle a los ovarios la liberación del óvulo y la segregación de estrógeno y de progesterona. Hacen lo mismo con los testículos al imponerle el deber de producir semen y testosterona. Se cree que en la pared central de la hipófisis se sintetiza la hormona que va a determinar el color de la piel y la raza o mestizaje al que pertenecemos. Por último,, en la parte posterior de la hipófisis se aposentan dos hormonas procedente del cerebro que tienen entre sus facultades, la de provocar las contracciones del parto y la inducción de la leche materna después del nacimiento(Oxitocina) y la hormona que estimula el incremento de la reabsorción de agua en los riñones y en los vasos sanguíneos. (Vasopresina –ADH)

Si la cara delantera de la hipófisis funciona mal el afectado padecerá de la diabetes insípida o enfermedad de la sed, durante la cual un individuo puede beber diariamente treinta litros de agua y orinar una cantidad aproximadamente igual. Afortunadamente, esta enfermedad se cura con un extracto del lóbulo anterior de la hipófisis tomada de los animales. Olvidaba decir que esta soberana de nuestro organismo está situada en la base del encéfalo, en una cavidad ósea, cerca de la silla turca y encima del conducto nasal. La denominación de pituitaria se la dio Vesalio, el fundador de la Anatomía, porque creyó que era la que originaba las mucosidades de la nariz.

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