septiembre 23, 2007

Sin dejarse descubrir guarda su incógnita el órgano que rige la formación de nuestros anticuerpos.

Batallones de linfocitos acuden al lugar del transplante para impedir personalmente y por las malas de aceptación del órgano extraño.



Entre los avances inmunológicos está el de que con la papaína de la lechoza, los científicos pueden partir en cilindros la proteína de los anticuerpos o cortarlas a lo largo, como en trozos de leña, con el 6-mercaptometano.


En los recientes años ha habido avances en el conocimiento del sistema empleado por nuestro cuerpo para defenderse de las invasiones de microbios y virus. El interés por esta línea de investigación se ha acentuado, por el propósito de hallar un medio de impedir el rechazo de los órganos transplantados, sin que los ejércitos de glóbulos blancos y anticuerpos que nos protegen, bajen la guardia o se debiliten. Como ocurre siempre, los hallazgos y los pasos venturosos en la penumbra de los desconocido han planteado nuevas interrogantes dejándonos la impresión de que penetramos dentro de una oscuridad mayor. Por ejemplo, ya no hay duda de que la glándula timo tiene el papel rector en la inmunidad del cuerpo.

Ella es como una horquilla guindada debajo del cuello y tras el esternón. Si se elimina en las crías recién nacidas, de ratones y conejos, éstas mueren precozmente a los tres meses con una empobrecida capacidad para formar linfocitos, los más sabios custodios de la salud. Se considera que hay linfocitos que sólo adquieren sus aptitudes para el contraataque después que procedentes de la linfa o minúsculos vasos sin células rojas, hacen una pasantía por el timo, maestro que les enseña a cumplir las instrucciones que la naturaleza les asigna. Ahora bien, si el timo es tan valioso por qué disminuye gradualmente el tamaño a medida que crecemos, hasta desaparecer casi del todo en los adultos?

Ha sido largo el trayecto cubierto para descubrir los secretos de la sangre, Hace tres siglos, Leeuwenhoek era el primero en ver en una gota de sangre, acumulaciones de platillos escarlatas, con bordes gruesos y el centro hundido. Sin saberlo había descubierto los glóbulos rojos. Estas son las únicas células coloreadas del torrente circulatorio, pues las restantes son blancas. Los glóbulos blancos eran mil veces más grandes y sin embargo, fue hace cien años cuando la mirada humana pudo percibirlos. A comienzos de este siglo se sabía que constituían los escuadrones móviles de nuestro cuerpo, con la misión de aniquilar a los intrusos vivos y a las partículas inútiles.
Fue en los años 60 cuando se vino a establecer el particular rango de los linfocitos, que constituyen el treinta por ciento de los glóbulos blancos. Cuando ellos detectan a un enemigo por primera vez, su primera acción es la de fotografiarlo de frente y de perfil en tres dimensiones. A continuación fabricarán millones de moldes vivientes con las características de armaduras que se adaptan a un cuerpo. Estas armaduras perseguirán a los microbios para cerrarse herméticamente en torno de ellos, matándolos por asfixia y con fermentos venenosos. Este modo de ser y de actuar ha justificado la denominación de anticuerpos que le dan los médicos y nosotros también.
Ahora bien, existen linfocitos con estructuras externas que los habilitan para matar personalmente a los gérmenes adversarios de la vida. La investigación orientada a saber cómo adquieren sus prodigiosas facultades han arrojado informaciones como la de que pueden generar hasta diez mil tipos de esas escuderas que nos inyectamos para fortalecer nuestras defensa y que se llaman gamma globulinas. En el conocimiento de los linfocitos se han dado pasos sutiles para nosotros los que desconocemos la materia, pero tan extraordinarios, que por sus contribuciones en este sentido, le fue entregado el Premio Nóbel a Baruj Benacerraf, un caraqueño de nacimiento que desde su niñez adquiriera en el exterior su alta formación científica.
La nueva fase en esta búsqueda se acaba de abrir al comprobarse que el rechazo de la piel injertada no ocurre en los pollos a los que se ha extirpado el timo. Sin embargo, tales aves conservan el don de fabricar anticuerpos, que les es conferido por un apéndice al final del intestino, la bolsa de Fabricio. Esto ha hecho suponer que el timo rige las respuestas inmunológicas de los linfocitos, que actúan personalmente, pero que la de los que elaboran anticuerpos es controlada por un órgano que en las aves es la bolsa de Fabricio, pero que en los mamíferos y en nosotros, está por descubrirse. Tal se deduce de que los pollos, si conservan el timo, rechazan el injerto de piel extraña, aunque se les privara de su medio de fabricación de anticuerpos.

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