junio 18, 2007

Van Guericke fue un noble que al contrario de los restantes se enorgullecía del trabajo y del estudio: fue el descubridor del vacío.


En la Europa feudal abundaban los señores y los señoritos que ni trabajaban ni estudiaban, por considerar que esos menesteres eran propios de la gente común. Una excepcióm sería el caso de Otto Van Guericke (1602-1682), que a pesar de la preposición de su apellido que le venía de los tiempos germánicos, gustaba de estos siempre en acción. En Magdeburgo y en la vecindad de las frescas aguas del Elba, haría el aprendizaje de las matemáticas, por las que entró para saciar su curiosidad. Nunca habría de faltarle tiempo satisfacerla, en medio de los riesgos y viscisitudes que le salieron al paso cuando atendiera el llamado de su otra vocación: la política.

Desde los días de su adolesciencia se había preguntado la razón de que no pudiéramos ver una masa tan copiosa y tan pegada a nuestros ojos como es el aire. Recuérdese que todavía la ciencia en aquel siglo no había establecido la noción de los gases. Estas cavilaciones le acompañaron incluso, cuando debió huir con su familia, espantado por las sangrientas persecusiones de que fueran los protestantes con los que estaba, durante la guerra de los Treinta Años, antes de que Magdeburgo fuera demolida y saqueada por los que pretendian representar el otro bando de la fe. Refugiado en Suecia, tuvo que aceptar para subsistir, la plaza oficial que en el ejército le ofreciera el rey Gustavo Adolfo II.

Entre las pruebas con que Otto Von Guericke deslumbraba a sus visitantes, estaba la de tocar timbres que no se dejaban oir, estaban entro de algo vacío.


De regreso en sus lares nativos, puso sus conocimientos al servicio de la reconstrucción de Magdeburgo, que el conflicto había dejado en el suelo. Nombrado Burgomestre o Alcalde, aprovechó los recursos de este cargo, para realizar experimentos con los que no había dejado de soñar. Confeccionó una bola de azufre que hizo girar friccionándola sobre un fieltro. Así produjo las primeras chispas de origen eléctrico generadas en un laboratorio. Al hacer esto y atraer con una varilla de vidrio recién frotada trocitos de papel, demostró principios de la electrostática, que un siglo después, en 1752 aplicaría Franklin en sus famosos trabajos.

Guericke era poco amigo de las abstracciones, aunque es en ese terreno donde suelen formularse la hipótesis de la investigación. En toda Europa se desató una polémica acerca del vacío, pues mientras uno repetían que la Naturaleza lo repele, otros decían que era imposible porque Dios está en todas partes. Guericke se abtuvo de intervenir en el debate y mientras se incrementaba la furia de éste, él trabajaba en el diseño de una máquina neumática. Se valió de ella para succionar el aire del interior de un cilindro, al cual estaba ajsutado un pistón que cincuenta hombres juntos no podían extraer, aunque antes de la prueba eso lo hacían como quien saca un corcho de una botella, sirviéndose sólo del índice y del pulgar.



Guericke era amigo de dramatizar sus hallazgos, porque así resultaban más convicentes. En 1654 protagonizaría la más espectacular de sus experiencias. Dos semiesferas de bronce, con 50 centímetros de diámetro cada una, se pegaban y se despegaban con la facilidad de eas latas a las que se le pone y se le quita la tapa. Sin embargo, en aquella prueba de 1654, el emperador del Sacro Imperio, Fernando III abría sus ojos desmesuradamente frente a lo que veía: grupos de ocho caballos de tiro cada uno, tiraban en sentido opuestos las cadenas de las dos semiesferas unidas sin porder despegarlas, mientras que sus cascos resbalaban sobre el suelo en que buscaban un vano apoyo!


Guericke nunca estuvo seguro de que era la presión atmosférica, la que dejaba en el ridículo la fuerza de los caballos que tiraban de sus semiesferas unidas.


Pero cuando Guericke retiró su máquina aspiradora y permitió que el aire reingresara dentro dela esfera, los dos hemisferios fueron separados con sus manos por el propio monarca. Guericke supuso que la fuerza que manetnía el pistón dentro del cilindro y a los hemisferios juntos estaba en el peso del aire, pero la evidencia de que existía la presión atmosférica le estaba reservado a Torricelli, el creador del barómetro. Los hallazgos de Guericke tocaron de lado ciertos aspectos de la biología, pero era muy temprano para interpretarlos. Uno de ellos fue que dentro del vacío de su campana de cristal los ratones morían a los 5 minutos, pero las uvas se conservaban más tiempo de lo normal. No obstante, había descubierto un camino que otros seguirían s más facilmente que él.






1 comentario:

MONTEMEDULIO dijo...

Gracias por tu artículo, muy util, lo utilicé para explicarle a mi hija la prsion atmosmferica.
gracias nuevamente.

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