diciembre 03, 2004

Un matrimonio indisoluble el de la materia con el movimiento y el del movimiento con la materia: La quietud no existe en el cosmos.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas
Un día tal como hoy, 3 de Diciembre de 1981

La máquina de movimiento perpetuo que ensayara Leonardo Da Vinci, tenía dos globos llenos de mertcurio en los extremos de sus brazos. Al comprobar su fracaso el gran humanista y científico reconoció la imposibilidad de alcanzar este cometido. (Rep. J. Grillo)

En la Galaxia del remolino se evidencia sobre sí misma en los brazos de espiral, que se forma con una parte de sus miles de estrellas, junto con las nubes de gases y de polvo interestelar que la acompañan. (Rep. J. Grillo)

Un dicho popular afirma que el movimiento se demuestra andando y una sentencia científica podría añadir que la materia se expresa moviéndose. Así es porque en este universo nada de lo que contenga masa está quieto. Las galaxias con sus miles de millones de estrellas se desplazan nadie sabe hacia dónde. Las estrellas describen a su vez órbitas inescrutables. De un modo igualmente incesante, los planetas caminan alrededor de los soles y las lunas dan vueltas en torno de los planetas. Los físicos han comprobado que los electrones giran sobre sí mismo al tiempo que hacen millones de paseos por segundo torno del núcleo de los átomos. Y dentro del núcleo, los protones y los neutrones ejecutan una danza interminable denominada spin.

El movimiento inquietó a los hombres de las primeras civilizaciones, que ensayaron 1000 maneras inútiles para entenderlo. Aristóteles se aventuró sin éxito, al definirlo como el producto o inicial de una fuerza, pero que después se mantenía por la presión de aire comprimido que generaban los cuerpos que lo cruzaban. Era así como trataba de explicar el perpetuo movimiento de la tierra y lo demás astros en el espacio. Según y su sucesores que desconocían las leyes de la gravitación, la flecha o la piedra disparadas, volvían a tierra para recuperar su inmovilidad original. En ésos días del paganismo habían religiosos persuadidos de que el movimiento de los planetas se debía al secreto impulso que le daban los dioses.

En el siglo XIII se destacó el filósofo francés Jean Buridan, quien sostenía que las vueltas de los cuerpos en el espacio se debían a una fuerza inicial no renovada, que hacía innecesario el empujón que pudieran darles los ángeles. En el siglo XVI Galileo lograba los primeros hallazgos del hombre sobre el movimiento, arrojando desde la torre de Pizza una bala de cañón y otra de mosquete, que a pesar de sus pesos diferentes, caían al mismo tiempo sobre el suelo. Después Newton descubriría la capacidad de atraerse que poseen los cuerpos y señalaba los principios de la inercia, según los cuales una masa en reposo se quedará así mientras le falte una fuerza que la impulse.

Y al contrario una vez impulsada se moverá indefinidamente mientras no haya otro fuerza que lo obstruya el paso. Eso dejó en claro el movimiento de rotación de los planetas sobre sí mismos y su movimiento de traslación alrededor del Sol. Hace 5 mil millones de años fueron lanzados al espacio, pero cayeron en los dominios gravitacional del astro rey. La fuerza centrífuga de ellos se equilibró con la fuerza centrípeta de la atracción del Sol, quedando en las mismas condiciones de la piedra atada a la punta de un cordel que hacemos girar con nuestra mano desde la otra punta. En los días de Alberto Einstein científicos como Nieels Bohr descubrirían que en el microcosmos había también un núcleo con pretensiones de Sol por su poder de atracción sobre sobre unos corpúsculos, los electrones planetarios que giran en torno a él.

Uno de las diferencias fundamentales está en que el Sol se vale de su fuerza gravitacional para mantener a los planetas en torno suyo, y el núcleo se vale de su electricidad positiva para mantener en su torno a los electrones con carga negativa. El ejemplo de los planetas hizo creer durante siglos en la posibilidad de construir la máquina del movimiento perpetuo. Esta sería equivalente al motor que se autoalimentará de energía haciendo girar con su funcionamiento el dínamo generador de electricidad. Ésta idea que no descartada para siempre cuando Leonardo Da Vinci después de sesudos estudios, exclamó: "Oh, especuladores sobre el movimiento perpetuo, ¿cuántas vanas quimeras habéis inventado en su búsqueda? Id a reuniros con los que buscan el oro". (Aludía a los alquimistas que pretendían transmutar el plomo gris en el metal amarillo).

Olvidaba informar que las radiaciones del sol hacen mover caóticamente, a las moléculas de los gases; como lombrices que se deslizan sobre otras, a las moléculas de los líquidos;como lombrices que se deslizan sobre otras, a las moléculas de los líquidos; y como lentísimas tortugas a las moléculas de los sólidos. Este movimiento molecular se traducen en calor. Ahora bien, en el cero absoluto, a 273 grados bajo cero de los termómetros convencionales, las moléculas se aquietarían por completo, fuertemente compactadas en una inmensa masa en que el aire y los gases también serían sólidos como el hierro.


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