diciembre 04, 2004

Acudiendo a una cita fantasma los mariposos de la uva reemplazan a los insecticidas en la protección de los viñedos

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 4 de Diciembre de 1991

El investigador Charles Linn (Derecha) realizándo experimentos con los machos de la mariposa de la uva.

Mientras el hombre estuvo ausente del planeta, las relaciones entre las especies eran las propias de una grandiosa y próspera fraternidad. Plantas y animales se guardaban mutua consideración y habrían visto como una injuria, los calificativos de plaga y malas hierbas. Las criaturas así llamadas contaron durante cientos de millones de años con un lugar en este mundo y contribuyeron más bien al desarrollo de la exuberante naturaleza que había cuando el hombre inventó la agricultura. El desarrollo de ésta propició la presencia de sustancias artificiales y por ende, perjudiciales para todas las manifestaciones de la vida. He aludido a los plaguicidas, herbicidas, insecticidas y otros compuestos que por una insinuante casualidad riman con Sida.

Todavía permanece sin firmes asideros la esperanza de preservar las siembras con el auxilio de sustancias naturales e inofensivas para el entorno biológico. Y por esto nos parece excitante el ensayo de una trampa incontaminante contra la mariposa de la uva, Endopiza viteana clemens. Fue diseñada por el entemólogo Timothy J. Dennehy y sus colaboradores en la Universidad de Cornell entre 1985 y 1990. Los viticultores del estado de Nueva York perderían el 18% de sus vendimias, si dejaran de contrarrestar al expresado insecto con productos de la química industrial. Sin embargo, las campañas ambientalistas le han suscitado un peso de conciencia, a causa de una opinión pública que le es desfavorable. En este caldo de cultivo ha prosperado la estrategia de usar la propia mariposa de la uva para proteger los viñedos.

Para explicarla debe leernos recordar ciertas y curiosas características de los insectos ellos tienen el lugar de narices, dos antenas para olfatearlo todo con ellas reconocen las plantas de las que se ha alimentado por innumerables generaciones con este par de órganos, más que con la vista, reconocen las flores que por divisan a cambio de propinas néctares durante siglos se creyó que los insectos poseían un sexto sentido para todo, captar sus incluso para asuntos sentimentales. A comienzos del siglo se convenía en que se relacionaba mediante secreciones químicas. A esto contribuyó el hallazgo de que las hormigas marcan los caminos que recorren durante sus exploraciónes.

Uno de las aplicaciones pacíficas de la energía atómica, es la de detectar a través de grandes aparatos una parte de punto algo en un millón de partes. Estos avances usados hoy para medir el grado en que ensuciamos el aire, los suelos y los ríos, han permitido localizar en el aire las moléculas a la que se deben las fragancias de una fruta o las emanaciones de un bosque. Los entemólogos sabían que el macho de una especie de insectos, era capaz de dirigirse con el viento de frente y en línea recta a lo largo de kilómetro y medio en busca de una hembra que lo aguardaba y a la que nunca había visto. Con los nombrados aparatos se descubrió que la muy coqueta despedía colores irresistibles para posibles pretendientes en sus alrededores. Así se aseguraba el potencial ejercicio de la maternidad.

Esos colores se deben a sustancias plenamente identificadas, las feromonas. Sirven por igual, como guías en la vía que conducen a las hormigas a un banquete para aumentar el crecimiento de las reinas y para enlazar a los consortes a control remoto. A sabiendas de esto el investigador Dennehy y sus ayudantes colocaron en los viñedos tubos plásticos repletos de las feromonas de la mariposa de la uva. Miles de millones de machos acudieron al llamado. Más que confundidos se enloquecían a ante la ausencia de las ingratas en cuyas alas les habría gustado fallecer. Así se frustra la reproducción de esa depredadora de los viñedos. Las respuestas a las pruebas de esas técnicas han sido tan contundentes que el gobierno de los Estados Unidos ha autorizado su aplicación. Los trabajos de campo se hicieron en los viñedos de la región del Lago Finger y del Lago Erie, de NuevaYork.

Los insecticidas reducen al 0, 49% los daños a la vid. Las feromonas los reducen a un 0,30%. En 12 minutos un trabajador puede distribuir en una hectárea dispositivos con feromonas que protegerán el viñedos durante 100 días. Bajo este punto de vista científico este es un logro extraordinario. Todavía no lo es a la luz de la tecnología porque su costo de producción es dos veces superior al de los insecticidas. En la Universidad de Cornell continúan las investigaciones que hagan rentable este logro. Los expertos consideran que el control biológico de la mariposa de la uva se extenderá a todo el mundo, cuando alcancen la meta de elaborar a gran escala las feromonas y hacerlas competitivas. Algo tiene que haber de malos en estos sistemas sociales en los que las ventajas de la naturaleza son apreciables sólo, si producen dinero.

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