octubre 04, 2004

Galvani se equivocó en su experimento con la rana pero así abrió nuevas puertas para el estudio de la electricidad.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 4 de Octubre de 1981.


Se atribuye a Galvani también el experimento en que dos varillas conectados entre sí, una de cinc tocando el nervios de la pata denuna rna y otra de cobre tocando el músculo provocaban el salto de la misma. (Rep. Lezama)

No cabe duda de que nuestro cuerpo y el de los animales se valen de la energía eléctrica para el cumplimiento de sus funciones. A sabiendas de eso, los neurólogos diagnostican el estado del cerebro según las millonésimas de voltios que registren los electroencefalógrafos. Los marcapasos suministran a los corazones fatigados la corriente que les faltan para latir normalmente. Esto no quiere decir que fueran correcta la hipótesis de Luiggi Galvani (1737-1798), sobre la existencia de la electricidad animal. En su descargo se podrían decir dos cosas: que su error promovió el avance en esta parte de la física, y que cualquiera lo habría cometido.

En su adolescencia, Galvani se interesó poco por el conocimiento. Estaba huérfano de la innata curiosidad que acompaña a toda vacación científica. Fueron sus propios padres quienes lo disuadieron de hacer la carrera sacerdotal convencido de que su porvenir estaba en la medicina. Los hechos les dieron la razón, pues Galvani se destaco tanto en la ciencia de Hipócrates, que al año de doctorado, y sin haber cumplido los 25, la Universidad de Bolonia lo incorporaba como profesor a la cátedra de Anatomía. Pronto se hizo famoso por las observaciones útiles para curar, que hacía en los cadáveres que disecaba.

En la época, todo laboratorio poseían una maquina electrostática, en la que, mediante el frotamiento de un disco giratorio de cristal almohadillas de cuero revestidas de oro, se generaban electricidad negativa y electricidad positiva. Este fluido como equivocadamente se le consideraba entonces, intrigaba por su misterio a mentes capaces, ansiosas de explicarlo todo, un día de 1780, Galvani vio saltar las patas de una rana muerta, apenas las tocó con el escalpelo con que las iba examinar. No se le escapo el detalle de que al mismo tiempo, había saltado una chispa de la máquina electrostática, operada por su ayudante. Galvani repitió de ex profeso la fortuita experiencia con el mismo resultado. Galvani estaba enterado de la demostración de Franklin, de que los relámpagos se debían a la electricidad. Durante una tormenta, guindo de una verja de hierro, un gancho de latón del cual pendían unas patas de rana. Cada vez que estas, movidas por el viento tocaban el hierro, saltaban de inmediato. Desconcertado inicialmente, meditó al respecto, hasta concluir en que la electricidad estaba en los músculos de las patas. La de signo negativo estaba en el interior y la del signo positivo en la superficie externas. Su razonamiento fue aceptado por sus contemporáneos, menos por uno: Alejandro Volta.

Por negarse a prestar el juramento de lealtad a la República Cesalpina de Napoleón, Galvani fue despojado de la Cátedra en la que había permanecido 37 años. (Rep. Lezama)


Este negó que hubiera electricidad animal, aduciendo que lo que en realidad pasaba, era que las patas se estremecían por el choque de corrientes opuestas en dos metales diferentes. No pudo persuadir a su paisano de que su deducción era acertada. Luego de la polémica entre ambos, Volta creó su famosa pila de energía química, alternado láminas de cinc con láminas de cobre, separadas por trozos de fieltro empapados de agua y sal. En cuanto a Galvani, es innegable que abrió la brecha por donde se encaminarían los progresos en esta área de la física. Se merece por lo tanto la popularidad alcanzada por su apellido, utilizando hoy para denominar diversos procesos e instrumentos.

Hoy se sabe que la chispa de su laboratorio disparó electrones que movilizaron los del acero del escalpelo, para reactivar los nervios de las patas de la rana. Galvani fue objeto de muchas distinciones de la Cátedra de Anatomía que heredara en la Universidad de Bolonia, de su suegro. El final de su existencia estuvo saturado de penalidades. Entristecido por la muerte de su esposa, sufrió el despojo de su cargo por oponerse a la creación de la Republica Cesalpina, con la que Napoleón fragmentara a Italia, patria del ilustre científico. Cuando abatido por la pobreza en la Universidad, ya era demasiado tarde.

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