octubre 16, 2004

El enfisema pulmonar pone al paciente en el caso del pobre que se muere de mengua aunque tiene real en los bolsillos.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 16 de Octubre de 1985

Los puntitos son los alvéolos receptores del oxigeno y las partes claras corresponden a las zonas donde éstos fueron destruidos y el aire atrapado y sin circulación. (Rep. Estrella)

No imaginamos que asimilamos el oxígeno en seco, porque no lo tomamos de un entorno líquido como los peces. Sin embargo, en este aspecto y en otros muchos la vida, en todas sus manifestaciones, sigue asociada indisolublemente al agua. Para que nuestros pulmones puedan captar el expresado y vital gas, se revisten de una lámina húmeda a perpetuidad en la que se disuelve después que lo hemos inhalado. En este sentido nunca tienen problemas, pues éstos se deben más bien a las agresiones del medio externo que les proporcionamos y por la negligencia con la que a veces miramos los males de las vías respiratorias. es como sí olvidáramos que hasta una suspensión de cinco minutos en su servicio de aire para que la muerte llegue irremisiblemente.

A fin de comprender la dolencia de que hablaremos hoy, hace falta que recordemos cómo funciona los pulmones. Son un amasijo de saquitos que sí lo viéramos al microscopio lucirían como racimos de uvas cada uno. El oxígeno hospedado en la capa acuosa de los órganos, es acogido en esos saquitos que suman el total de trescientos millones y cuyos abultamientos, responden a una estrategia de la naturaleza, orientada a disponer de la mayor superficie posible en el menor espacio. En efecto, los pulmones extendidos a todo lo largo y ancho ocuparían un área de cincuenta y cinco metros cuadrados. Se deduce que para usar toda esa extensión en la capacitación de oxigeno deben tener la capacidad de estirarse y encogerse.

Los alvéolos son sacos microscópicos con el aspecto de moras, a través de los cuales recibimos el oxigeno y expulsamos el gas carbónico, cuyas concentraciones aumentan en los enfisemas pulmonares. (Rep. Estrella)

Conservan toda esa características en toda su plenitud las ciudades, cambian el Rosado vivo que tienen en los niños, por un Rosado gris con motas negras que tienen en los adultos. Ese color es reemplazado parcialmente en los pulmones de los fumadores por otro que recuerda los techos de las antiguas cocinas horageñas de carbón con estalatictas y todo lo demás. Está confabulación de sustancias arrojadas por las maquinas, del cancerigeno e infartante contenido de los cigarrillos y de las bacterias da lugar a la bronquitis crónicas, acentúa la predisposición a los ataques asmáticos y montan un escenario presagioso.

En estos casos los pulmones son obligados a hacer esfuerzos superiores a sus posibilidades. Para capturar hasta la última molécula de oxígeno a su alcance, dado que el que es el que llega es insuficiente, se ensanchan desmesuradamente. Los alvéolos deben conducirse como peones que en vez de un pesado saco, cargan varios sobre su hombro. Hay un momento en que literalmente se revientan. Millones de esto microscopios servidores quedan destruidos, mientras los dos esponjosos órganos se exceden todavía más en el empleo de su elasticidad con la intención de que no nos falte en las células y en los tejidos el comburante al que debemos la vida y la energía para trabajar y disfrutarla.

Así hay un momento en que empiezan a formarse en los pulmones bolsones de aire, que no circula porque el tejido que las contiene ha perdido su facultad de contraerse y las mismas quedan atrapadas. El enfermo sufre la paradójica situación de poseer oxígeno estancado que no puede utilizar, mientras que simultáneamente, trata de tomar más aire pero no puede porque el centro de almacenarlo está copado. Tales son los síntomas del enfisema pulmonar, que puede ocurrir pasajeramente por accesos de tos prolongada o por una respiración dificultosa transitoriamente. Está es una fase aguda y curable de enfisema, para el que no hay tratamiento cuando se hace crónico, porque es debido al deterioro de los pulmones y sus alvéolos.

En la antigüedad, cuando la gente estaba bajo el azote de los tubos de escape y cuando los europeos desconocían el tabaco que le mandáramos de América, el enfisema pulmonar era casi exclusivo de los sopladores de botellas, en nuestro tiempo se ha generalizado y es una agente de muerte, no sólo por el déficit de oxigeno que nos acarrea sino también por las insuficiencias cardiacas a que dan lugar, las cuales son causadas a la pobre presión a que es sometida la arteria pulmonar. Esta debe a un congestionamiento de la sangre porque la reducción de los alvéolos y de los vasos capilares les faltan vías de transito de una ciudad, cuando hay calles que han sido cerradas.


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