octubre 13, 2004

El Alto costo del marfil debido a la escasez de elefantes, hizo que John Wesly Hyatt inventara el celuloide.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 13 de Octubre de 1982


Así se enlazan las moléculas del algodón pólvora, poderoso explosivo, que se difreencia del algodón normal por el ácido nítrico que se le añadió. (Reo. García).

El auge de la Revolución Industrial en el siglo pasado que florecieran en Europa y especialmente, en USA, un aluvión de empíricos geniales, que sin ninguna formación académica, aportaron inventos de alta rentabilidad para las empresas fabriles. Uno de esos sobresalientes autodidactas fue el norteamericano John Wesley Hyatt (1837-1920). Se sabe que estudió en una escuela primaria de New York, su ciudad nativa. Recién salido de la pubertad se le vio por las calles de vendedor ambulante de baratijas. Más tarde instaló un a pequeña factoría productora de juegos de dominó y de damas, pero en ninguna de estas ocupaciones le iba bien. Por fortuna, le dejaban tiempo para bojear textos usados de química, materia a la que se aficionaria intituivamente.

Por su cuenta realizaba los más locos experimentos, algunos de los cuales le crearon problemas con los huéspedes de los cuartos vecinos de la humilde pensión en que se alojaba. Su formación adolecició del timbre humanístico que dan en las aulas de las buenas universidades. Por eso quizá no sea tan criticable la pasión que sentía por el dinero lícito. Esta motivación y la que le daban sus tendencias de científico silvestre, lo conducirían a ser el padre del celuloide, olvidado precursor de los plásticos que hoy se elaboran, a partir de las moléculas del petróleo y del carbón de piedra. Previamente habían ofrecido a las autoridades de su Estado un método para depurar las aguas, a fin de que pudieran consumirse sin necesidad de hervirlas.

La quincalla no propsperaba a pesar de la diligencia y la amabilidad con que el dueño trataba a los parroquianos. Hyatt tenía a los veinticinco años nociones muy avanzada de las transformaciones que se operan en la materia, mediante las combinaciones de los elementos y compuestos químicos. Las había adquirido en los ensayos que por pura diversión hacia en un improvisado laboratorio. Un aviso en la prensa le llamó vivamente la atención. la firma Phelan & Collender ofrecía una verdadera fortuna, diez mil dólares, a quien ideara un sustituto del marfil en las bolas de billar. El nuevo material tendría que reunir la durabilidad, la resistencia y la flexibilidad que había en el derivado de los incisivos de los elefantes.

Era una época sin radio, sin televisión, sin cine, sin beisbol, sin boxeo. Po tal razón, el expresado juego contaba con millones de fanáticos, que incrementaban diariamente su demanda del mingo rojoy las bolas blancas. Los elefantes del Africa eran insuficientes para suministrar la materia prima exigida por el mercado mundial. Así que ésta subía de precios desorbitadamente. Es obvio que el sustituto del marfil tendría que ser barato para que compitiera ventajosamente. Entonces era muy conocido el colodión, que no era otra cosa que la celulosa vegetal con ácido nítrico y disuelta en éter y alcohol. Se le usaba para cubrir las heridas como se hace hoy con las sufridas por los pugilistascuando les parten alguna zona de la cara.

Ese compuesto lo puede preparar hoy cualquier estudiante utilizando la madera, algodón o papel. La celulosa de éstos unida a los citados componentes da una sustancia blanda y transparente, que se endurece al contacto con el aire. Tal descubrimiento lo había hecho sorprendentemente, en 1846, el literato y pintor francés Luis Nicolás Ménard. ¿Que debía hacerse para reemplazar la rigidez quebradiza de esta sustancia con las propiedades maleables y elásticas del marfil?. Hyatt trató durante varios meses de contestarse esta pregunta, probando centenares de reacciones químicas hasta que al fin encontró la que le haría el acreedor a los diez mil dólares.

Durante la furia del celuloide, después de 1869, la industria fabricaba de ese material objetos más variados y contrastable

La respuesta le pareció una perogrullada. Bastaba añadirle al colodión una cierta cantidad de alcanfor antes de que solidificara, para que se condujera en la forma deseada. Hyatt llamó celuloide a su invento. Este se convirtió en el eje de una supermillonaria, pues se le utilizaba en las bolas de billar, en las piezas de dominó, en las del Ajedrez, en juguetes de todo tipo, en la confección de dados y medallas y en la hechura de los cuellos tiesos de moda en la época. El celuloide elevó su prestigio cuando se le incorporó en las cintas cinematográficas, de las cuales fue dezplazado, por la facilidad con que se inflamaba. De este modo hacía honor a su condición de nieto del algodón de pólvora e hijo benévolo de las intocables nitrocelulosa.






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