noviembre 23, 2012

En las barbas de la Seguridad Nacional científicos ajenos a la tiranía echaron las bases de la Asociación para el Avance de la Ciencia, ASOVAC.

 
En el logotipo de la Asovac aparece un buho, símbolo de la sabiduría, junto con un microscopio  en que se examina el micromundo y una estrella que es la alegoría del universo

La Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia fue la simiente de las espigas interdisciplinarias que han surgido en los promisorios campos del conocimiento en venezuela. Sin los aportes de esta institución, el país careceria de la infraestructura que tenemos en esta esfera de la intelignecia. Hace casi ventinueve años, que sin ninguna expetiencia y con sólo el primer año de bachillerato, fui incorporado aln regimiento paracientífico, que entonces formara el doctor Francisco De Venanzi, motor de este rotundo cambio en la compañía del doctor Marcel Roche quien también confió en los dones informativos del nuevo recluta que era yo, en pos de estos dos hombres que tanto talento me infundieron. 

En esa época mis errores eran más ostensibles que los de ahora, pero mis dos patrocinantes  eran indulgentes y sabían que todo aprendiz se equivoca siempre. Yo los admiraba por el caudal informativo que les había dado el estudio y por la enterza de permanecer apartados de los cauces oficialistas y de soportar la riesgosoa ojeriza a que se exponían los que no estaban con la dictadura. De Venanzi había dejado su cátedra en protesta por la eliminación de la autonomía universitaria. Quiso la casualidad que su cuartel general, el Instituto Roche, estuviera en la Plaza Morelos a cien metros del cuartel general de los torturadores esbirros de Pedro Estrada. 

En el Instituto Roche nos encontrábamos pichones de periodistas como yo  y pichones de científicos como Raimundo Villegas, el actual Ministro de Estado. Allí con actitud flexible para la aceptación de los muchachos candidatos a miembros, actuaban De Venanzi y Roche vertebrando la ASOVAC, un movimiento en que se representaban más de treinta especialidades, cuyoscultivadores confrontaban sus respectivos logros  en las célebres convenciones para el Avance de la Ciencia. Contrastablemente esa fue la época de oro de la ciencia en los periódicos. Como la censura dictatorial suprimía muchos  materiales, el espacio vacío esa ocupado con las informaciones de nosotros, noveles reporteros.

De Venanzi incluye en el patrimonio de su noble sabiduría, el arte de estimular haciéndolo creer a uno que es valioso. Este fue el secreto del éxito que tuvo al reunir un ejércitos de novicios del conocimiento que lo amaban, cultivándolo con perseverancia y con honestidad. En muchas ocasiones cuando  mecanografiaba en el Colegio de Médicos las reseñas de los trabajos más llamativos de cada convención, De Venanzi leía mis cuartillas como quien no quiere laq cosa, sacaba la pluma fuente y escribía a mano correcciones hechas siempre en el lenguaje del quehacer informativo del periodista. Me entusiasma reconocer que también me enseñó cosas de mi oficio, con esa enriquecida intuición suya, tan enfundada en la más genuina modestia. 

Por lo que yo recuerdo, De Venanzi no era un devoto de la ciencia por la ciencia. Digo esto por dos razones: la primera era que siendo rector de la Universidad Central de Venezuela me dijo que la ciencia era la clave del porvenir del hombre y de sus sociedades. La segunda es que conspirando contra Perez Jimenez, nos propuso a Amílcar Gómez y a mi procedimiento tecnológico para enmudecer el sistema de comunicación del gobierno. Es cierto que algunas veces he lucido como si no quisiera la ciencia básica. Resumiré mi pensamiento al respecto recordando el hecho, de que en las naciones en que más se aplica la ciencia en la producción, la ciencia básica cuenta con los financiamientos que se merece.

Yo nací el doce de marzo de 1924. El doctor De Vennzi también nació el doce de marzo de un año que todavía no me ha revelado. Estoy por creer que las predicciones de su pseudociencia que es la Astrología, al observar que tenemos el mismo signo zodiacal, parecidas limitaciones físicas,  y una firma determinación de trabajar que es el mejor modo de vivir. Pero también en estos terrenos sigue siendo un maravilloso maestro, pues hace más de tres décadas le dio un jake victorioso a cierto síntoma que habría sido letal, si él no lo hubiera afrontado con una actitud más heróica que terapéutica. Su artículo de ayer  sobre mi persona me comunicó tanto júbilo como la distinción que me otorgó la UNESCO; no sé si, con acierto. He reflexionado que si yo fuera digno de esos conceptos cuales son los que se merecería él, que promovió la fe en sí mismo  en toda una legión de hombres en que el suscrito es uno más      

La Ciencia Amena de Arístides Bastidas.
29 de Octubre de 1981
 

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