noviembre 13, 2011

Un paraíso peor que el infierno es el que logran los que caen en la esclavitud de la heroína y de sus mortales efectos.

La planta de la adormidera tiene un inocente aspecto y no es responsable, por supuesto, de los malos usos que se le han dado.

Dentro de estas cápsulas estan las semillas del opio y dentro de ellas un látex que, al contacto con el aire, se solidifica adquiriendo su propiedad de estupefaciente.


Desde la antigüedad los paraísos artificiales suscitados por algunas sustancias naturales frustraron a quienes los habían disfrutado con los infiernos auténticos que los esperaban en cada despertar. Ellos no sabían la razón que el falso bienestar causado por la infusión de algún vegetal, se transformaría en un calvario agobiante, Los farmacólogos de hoy aceptan que el principio de que a una acción corresponde una reacción tan generalizado en física, es igualmente válido en el organismo del ser humano y de todos los animales; a cada excitación corresponde una depresión. Este es el caso del lánguido y martirizante ratón o resaca, de quienes se entusiasmaron con extremo con unos tragos en la noche anterior.


En la medida en que ha sido intenso el estímulo con que un individuo se dopa, será también el desvanecimiento que sufrirá cuando se le haya pasado el efecto. Puede ser que redoblando el estimulo recupere el estado de supuesta placidez, pero si tal practica se prolonga, el respectivo sujeto se pondrá en el caso de quien ha vendido su alma al diablo. Esta es literalmente la situación del drogadicto, que en los periodos al declive final, se comporta como los “muertos parados” a que alude el léxico popular. Esta verdad siempre dramática alcanza la mas lastimosa de todas las sintomatologías en las que toman el siempre luctuoso camino de la heroína.


Durante centurias los asiáticos se recrearon con los sueños que tenían mientras chupaban sus largas cachimbas de opio. Aunque tuvieran la buena alimentación de los mandarines, esos viciosos nunca pasaban de 35 años. En el siglo pasado cuando la química empezaba a hacer sus admirables transformaciones, extraía de esta planta cristales brillantes como los de la azúcar refinada. Aquellos cristales tenían la virtud de mitigar dolores fuertes, de causar la sensación de que flota en una nube y como daban ganas de dormir, se les dio un nombre derivado de Morfeo, el Dios del Sueño, morfina. Ella es diabólica para quienes la usan fuera de sus indicaciones medicas, Pero engendró otros cristales igualmente inodoros, brillantes, blancos y amargos que solo sirve para el mal.


Son ellos los que llevan el nombre de Heroína, considerada hoy como la reina de esas drogas mortales. Desde 1898 los químicos combinaron la morfina con acodo acético, hacen otras operaciones y obtienen este compuesto cinco veces más tóxico. Un gramo es diluido en casi dos litros de agua, alcohol y cloroformo. Se dice que desata un calor que va desde los pies hasta la cabeza, Las ramificaciones del sistema nerviosos periféricos son engañadas y transmiten al cerebro los signos de un orgasmo, que no debe ser muy perfecto porque para ello no bastan los ardores unilaterales de un solo individuo.


Si éste repite la experiencia necesitará porciones cada vez mas crecientes de la droga, que por cierto exige una máxima destreza en el manejo de la jeringa con la que el afortunado se puyará todas las venas del cuerpo, convirtiéndolas en collares de nódulos duros como piedras, esclerosadas y finalmente purulentas. Las cédulas en su totalidad, como les ocurre con otras drogas heroicas, se habitúan a ellas de tal modo que sin su presencia tienden a paralizar la generación de energía y la elaboración de proteínas. Para trabajar piden cada vez más y mas sustancia deteriorante. El sistema neurovegetativo la reclama con más urgencia que el alimento o el agua.


No es que él sea cómplice de las sustancias ni complaciente con el enviciamiento de las células. Es que saben que la huelga de éstas si no reciben el tóxico, se traducirá para el paciente en una angustia mortal, acompañadas de sudores fríos, calambres en todos los músculos por falta de oxígeno, vómitos, diarreas, respiración jadeante, duplicación de los latidos cardíacos, dolores desde la punta de los dedos de las pies hasta los pelos de la cabeza y ganas de morir. En Nueva York donde muere diariamente una persona por esta causa, se han autopsiado personas que tenían a lo largo de su cuerpo hasta 1800 estigmas, dejados por las hipodérmicas. Estos sin contar los que fallecen por hepatitis víricas, abscesos de pulmón, tétanos y apergaminamiento de la piel a consecuencia de la caquexia.

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