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diciembre 27, 2009

Cuando se descubrió Urano ningún sabio ponía en duda la creencia de los egipcios de que había seis planetas.

William Herschel había afianzado su crédito de astrónomo, antes de descubrir Urano con un torrente de novedades sobre la Luna que no advirtiera Galileo

Un siglo después de que Galileo inventara el telescopio, el mapa celeste era enriquecido por el astrónomo inglés John Flamstee. El artefacto le había permitido ver estrellas que habrían resultado increíbles para Iparco, que en los tiempos griegos, las contara una a una y las ubicara en su catalogo. Pero Flamsteed había incluido en la constelación de Tauro, un punto de luz pálida e inapreciable a simple vista. Faltaba un siglo para que su William Herschel le enmendara la plana, sosteniendo que aquel rastro era cometa. Hasta entonces, se mantenía inmutable el sistema de los seis planeta, descubierto por los sacerdotes egipcios.

Desde 1774 Hersche pulía lentes cada vez mas grandes y mejores secundado por su hermana Carolina, la primera mujer astrónomo. Así logró un telescopio potente, a través del que hiciera las observaciones que le condujeran a la citada conclusión. Luego notaria que aquel punto pálido, tenia la redondez de un disco y cambio de parecer asegurando que se trataba de un nuevo planeta. Las dudas de sus contemporáneos, que fueron muchas, se desvanecieron y hasta los astrólogos, tan obstinados con su falsa ciencia, callaron cuando Herschel demostró que la supuesta estrella describía en torno del sol orbitas elípticas, análogas a las de la Tierra, Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter.


El planeta Urano tiene nubes y atmósfera, su temperatura es tan gélida que allí en unos cuantos segundos una mosca advirtiera la solidez del vidrio blindado.


Agradecido por el respaldo que le diera Jorge III, de Inglaterra, quien era como él, nativo de Hannover, Alemania, bautizo el nuevo planeta en 1781, como Georgium Sidus. Mas tarde sus colegas lo persuadieron de que siguiera la tradición de usar los nombres de los Dioses paganos para estos astros. El recién descubierto recibió entonces el apelativo de Urano, padre de Saturno, en la mitología griega. Ha sido larga la investigación para conocer los pelos y señales de ese vecino, uno de los cuatro gigantes de la familia planetaria, situado a una distancia del astro rey veinte veces mayor que la de la tierra y a dos mil novecientos millones de kilómetros de ella .

Siete años tardó en llegar a Urano la nave norteamericana Voyager II que en estos comienzos de 1986, está remitiendo la fotografías que le ha hecho y en las que se revela que tiene catorce lunas y se confirma que ese planeta al igual que Saturno, está circundado por anillos de hielo, hierro y otros materiales que le dan el aspecto de un platillo volador. Nueve anillos aparecen en Urano, algunos de ellos coloreados por razones que los fisicos de la NASA tratan de comprender. La luz que llega a esas jurisdicciones del sistema solar es tan pobre que aunque le pega de frente a los polos, dada la extremada inclinación del eje de rotación de Urano, no alcanzó a disminuir la temperatura promedio de este coloso la cual es de ciento setenta y dos grados bajo cero.

En esos linderos del frío súper congelante los gases se solidifican. Se cree por eso que las estructuras compactas superficiales de Urano son en buena parte de metano y amoniaco. si es asi queda descartada la posibilidad de que en esa region pudiera haber alguna forma de vida. Las observaciones del Voyager II son bastante precisas pues los lentes telescópicos de sus dos cámaras, que lo fotografiaron desde la relativa cercanía de ochenta y dos mil kilómetros, permitirían leer un libro a un kilómetro de distancia. Los mismos tomaron detalles de Ariel, Umbriel, Titania, Oberón y Miranda, los satélites que inicialmente se encontraran en este astro.

Los recientes hallazgos indican que hay otras nueve con la particularidad de que giran al revés del planeta y de que con su gravedad influyan en el equilibrio de los anillos. Existe la sospecha de que estos satélites llegarían a treinta. Si esto fuera cierto se rompería el record de Saturno al que se le han contado veinte. Se supone que Urano rota en forma relativamente rápida sobre si mismo; pues su día es ligeramente inferior a las veinticuatro horas que dura el nuestro.

Su año equivale a mas de ochenta y cuatro años terrestres, periodo que tarda en hacer sus viajes turísticos alrededor del sol. El viernes veinticuatro de Enero, dia de su mayor aproximación a Urano el Voyager II recogio para el saber humano una información muchas veces mayor que toda la que ha sido obtenida desde que se le descubriera, hace doscientos cinco años.

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