agosto 06, 2007

A pesar de sus liras y arpas los monodias de los griegos nos darían la misma impresión que el canto de las chicharras.

Los sacos aéreos hacen vibrar una membraba con poderosos núsculos- ¿Cuál es la finalidad de este canto de los machos, si al parecer sus hembras no lo hoyen y además lo siguen interpretando después del acoplamiento?


En la mayoría de los insectos, la larva u oruga que sale del huevo, no se parece en nada ni a su papá ni a su mamá. Es una máquina devoradora del vegetal que su preferencia, hasta que debidamente abastecida, inicia un ayuno particularmente sacrificado, porque en tal período sus engranajes genéticos trabajarán aceleradas e ininterrumpidamente. Tienen que hacerlo así porque de otra manera no podrían producir en el plazo prefijado el capullo inerte y la ninfa que lo habitará y que en su fase culminante se transformará en imago, es decir en adulto. Está metamorfosis es completa y distinta de la que adoptan las chicharras o cigarras, integrantes de una familia con cuatrocientas veinte especies.

Las que en ciertas temporadas nos aturden con sus monótonos chillidos, están entre las de las zonas tropicales y calientes, pues la minoría de ellas se adaptaron, nadie podrí decir cuando, a los climas templados de Europa. Las de parejas calientes descienden al igual de sus hermanas del viejo continente y de Norteamérica, de tatarabuelas que tuvieron la resistencia necesaria para sobrevivir a las glaciaciones durante el frío de los polos se extendió a grandes áreas del planeta. Sería interesante definir la función ecológica de este insecto , que se ha defendido de sus enemigos sepultándose la mayor parte de su vida y proliferando copiosamente.

Las chicharras están entre los nemípteros, caracterizados por dos pares de alas y un pitillo portátil para chupar la savia de las plantas en las que moran como huéspedes de una pensión en la que adeudan todos los servicios recibidos. Muchas veces cuando más nutridas están, pagan ese pecado con sus propias vidas, ya cuando alivian el apetito de pájaros glotones, ya cuando otros animales como ciertas arañas, las succionan dejándolas vacías después de matarlas tomándolas por la región en que se unen la cabeza con el tórax. Así, y por deshidratación, se explican los exoesqueletos momificados en tal forma que la cigarra parece viva.

La ninfa de las chicharras es un adulto en miniatura la cual abandona el cascárón, después de haberse formado sin alimentarse y consumiendo sus propios tejidos.

Los griegos tenían a las chicharras como símbolo de los poetas ramplones y los músicos malos. No tenían mucha autoridad para juzgar a los artistas de la melodía, la armonía y el contrapunto, porque aunque tuvieron arpas, laudes y flautas, sus interpretaciones eran casi tan monótonas como el canto de estas divas. Creo que dije mal porque no tienen una voz que les salga de la garganta como las contraltos, ni un sonido violinístico como el de los grillos. Las chicharras serían más bien las encargadas de los timbales de una orquesta, ya que dan sus conciertos mediante vibraciones en membranas tensas, que tienen en la unión del pecho con el abdomen, donde hay un par de mínimas aberturas que actúan como altoparlantes.

Su disfrute del amor es efímero, porque igual que el resto de los insectos basta un solo intercambio sexual para que los huevos queden fecundados. Esto les pasa también a las gallinas que no obstante aceptan de buena gana los nuevos cortejos debido al insaciable erotismo de su sultán. Antes de comenzar sus estribillos, las chicharras cavan hendiduras que servirán de incubadoras en la corteza de las ramas arbóreas. Luego olvidadas de que en este mundo hay que comer y beber para vivir, desgastarán sus energías chillando hasta morir en un lapso no mayor de una semana, pero cuando habrán asegurado la perpetuidad de sus cromosomas.

En efecto, de los huevos nacerán larvas que a las seis semanas abandonarán su envoltura con un diseño igual al de sus padres. Con dos patas traseras parecidas a palas, cavarán la tierra y allí estas ninfas se dedicarán a vivir expoliando la savia de las raíces de su forzado anfitrión. Al vencerse un caprichoso ciclo de meses o de años, según la especie, dejarán su morada subterránea para escenificar el episodio final que ya describimos. Fedro, el fabulista imitador de Esopo, habla de diosas que convirtieron a sus admiradores en chicharras. Censurando a gentes que acostumbraban comérselas. Eliano, autor romano de un libro sobre los animales, dijo: “¿Ignoran acaso estos hombres voraces que ofenden a las Musas, hijas de Júpiter?”.

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