junio 12, 2007

Las pavas podrían ser juzgadas por promover el machismo: la arrogancia de sus galanes les suscita un éxtasis de amor.


La ciencia no alcanza a comprender el vínculo de consanguinidad entre los géneros de hábitas tan separados, como son los pavos de América y los pavos reales de la India.


El blandengue emperador Monctezuma tenía en sus corrales millares de pavos, para la alimentación de los carnívoros enjaulados en su zoológico privado.
Esas aves que tienen su agosto en diciembre se originaron hace más de diez millones de años en los Estados Unidos y México. Pertenecen al orden de la galináceas, lo que quiere decir que comparten un antecesor común con las proletarias picatierras, los aristocráticos faisanes y los altaneros pavos reales. Estos tres géneros son oriundos del Viejo Mundo, de lo cual se deduce que el cacareo en la época precolombina, era exclusivo de los politiqueros de entonces. Después se produjo un intercambio en que las gallinas se vinieron para América y los pavos se instalaron en Europa.


Los indígenas llamaban guanajos a estas aves amigas de la vida en sociedad. En su estado silvestre se conducían como los individuos de nuestra especie en las reuniones festivas. Digo esto porque en las bandadas los machos formaban grupos y las hembras, otro. Es decir, que andaban juntos pero no revueltos. Cuando en sus emigraciones a pie se les atravesaba un río, los adultos cruzaban volando mientras sus polluelos lo hacían exhibiendo su dominio natural de la natación. Consumidores de frutos y especialmente de bellotas, se daban banquetes con los insectos. De ellos obtenían los aminoácidos esenciales para fabricar las proteínas del crecimiento de sus células y sus tejidos, o para su mantenimiento.


Los gallos toman por asalto a las hembras de su harén para fecundarlas. Los pavos muy pagados de sí mismos, esponjan las plumas, abanican la cola, arrastran sus alas y dilatan el moco rojo que cargan sobre el pico, cuando sienten que sus pretendidas están en celo. Fascinadas por tal despliegue, se postran virtualmente como implorando a sus galanes que se dignen a hacerles el amor. Todas las aves de este orden poseen uñas ganchúas para excavar la tierra. El gusano o la lombriz que pudieran encontrar es bien acogido por su buche, pero su objetivo primordial es aprovisionarse de calcio que consumen al por mayor en la formación de la cáscara y la clara de huevos.
Igual que las gallinas, vuelan a los árboles para echarse a dormir desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana. A pesar de su relativa corpulencia, los pavos son presa fáciles de la lechuzas, los búhos y los rabipelados, matarifes que coinciden en la técnica de beneficiarlos cercenándoles la yugular, mientras están en brazos de Morfeo. Las hembras cavan sus nidos en los que depositan su colchón de plumas. Allí ponen unos catorce huevos primorosos por su color amarillo ahumado con manchas que a veces son de un relevante carmesí: Sus parientes los pavos reales, son nativos de Asia y también en sus especies los machos hacen una exagerada ostentación de sus adornos para tentar a sus frágiles consortes.


En Europa se les trataba como a los príncipes recién llegados, y se les usaba sólo como aves decorativas. Por cierto que su colorido no es real, pues se debe a las refracciones y reflexiones de la luz sobre las capas nacaradas de sus plumas. Su suerte individual les volvió la espalda cuando se les reservó como plato de honor, bien horneados desde luego, para los caballeros y paladines. Admirados además por los poetas, alcanzaron un puesto en la Iliada de Homero, en Java se les considera guardianes del Paraíso y los cristianos hicieron de ellos el símbolo de la resurrección. Para la naturaleza son simples eslabones de una cadena, encargados de ayudar en la dispersión de las semillas de los frutos que ingieren y en el control de los insectos.


El proceso del huevo alpollo: a los cinco días de incubación aparece en la amarailla una inexplicable red de vasos sanguíneos que le llevan al embrión todo lo que necesita para la criatura que se está fabricando.

El desarrollo del huevo hasta que se convierte en polluelo es el mismo en todas las ocho mil especies de aves que hay en el planeta. El del pavo se incuba en treinta días. En la amarilla el embrión se hace visible a los cinco días de haber empezado a recibir la temperatura de fiebre alta que proporciona el cuerpo de la madre. A los doce días el embrión se diferencia de la yema, con la que lo une el cordón por el que toma los materiales que le hacen falta. A los quince días dispone de órganos incipientes entre los que se destacan los ojos. A los veintitrés días el pichón está terminado, pero deberá fortalecerse plenamente durante una semana, absorbiendo el resto de los nutrientes. Al de este período, perforará la cáscara para salir al aire libre e iniciar un pío-pío más escandaloso que el de los pollitos.

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