septiembre 15, 2006

El óvulo es cincuenta mil veces más grande que el espermatozoide; sin embargo éste es el que decide el sexo del ser que van a formar.


Al mes de embarazo el huevo fecundado tiene un un tamaño diez mil veces superior al del momento de la concepción.

El recén nacido no s otra cosa que el feto que había a los tres meses de la concepción, pero en el que se ieliminaron las imperfecciones y se ultimaron todos los detalles.

Uno se pregunta si se deben a la casualidad, ciertas analogías entre los fenómenos de la materia y los de la fisiología. En el átomo, el electrón es 1087 veces más chiquito que su antagonista, el protón, y sin embargo tienen las mismas cargas eléctricas aunque opuestas. Pues bien, el espermatozoide es 50.000 veces más chiquito que el óvulo, pero ambos tienen cargas genéticas iguales, es decir 23 cromosomas el óvulo, la célula más grande de nuestro cuerpo y 23 cromosomas el espermatozoide, la célula más pequeña. En los dos ejemplos citados pudiéramos reafirmar el principio de que es la calidad y no la cantidad, lo que le da importancia a la masa en los procesos de la naturaleza.

El espermatozoide no obstante su tamaño ultramicroscópico, entra en el óvulo que mansamente acepta el sexo que unilateralmente es impuesto por el huésped. Se deduce que la mujer es neutra en este sentido, y que es el varón el que decide si el nuevo será como elle o como él. Apenas se conocen las dos cargas genéticas armonizan sus diferencias, y se ponen a trabajar en la estructuración de n individuo que será el fruto de su entendimiento. El mismo ser se realiza en una fracción de segundo, a pesar de la inmensa complejidad de las diferencias. Hoy se calcula que los genes del embrión humano podrían dar lugar a trillones de combinaciones. Cada persona corresponde a la combinación elegida, porque seguramente era la más ventajosa.
Sellado el arreglo las dos partes se fusionan constituyendo una sola célula que a la media hora empezará a dividirse en dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos células y así sucesivamente en una progresión geométrica interminable. A los dos días el embrioncillo, visto a través del microscopio muestra el aspecto de una mora. En este nivel de desarrollo se da cuenta de que la trompa de Falopio es una residencia con alojamiento pero sin nutrientes, que demanda insaciablemente. En busca de algo más seguro, decide marcharse y ayudado por los cilios del tubito, es impulsado hacia la pared interior del útero.

En su nuevo destino le es cambiado el nombre de mórula que traía, por un más respetable, el de blastocito. Este, forma suavemente una cavidad en la que se coloca protegido por una capa mucosa. Así ocurre la nidificación del huevecillo fecundado. En lo sucesivo las operaciones en su interior, se volverán más complejas. Sin embargo hay allí un fantástico ordenador, que no se equivoca nunca en el manejo preciso de los miles de millones de corpúsculos infinitesimales a su disposición, colocándolos a uno por uno en el lugar señalado previamente con el rigor matemático de una computadora.

A estas alturas han pasado siete días desde la concepción. El blastocito ha tomado medidas muy importantes para su porvenir. Ha comisionado a unas células para que formen la placenta, a través de la cual recibirá oxígeno y alimentos, pero guardando una marcada independencia que de inmediato se advierte en la sangre que empieza a fabricar, distinta de la que corre por los vasos de la respectiva embarazada. Otras células diseñarán el saco amniótico, dentro de cuyo líquido el huevo flotando continuará su pasmosa actividad. La células restantes del blastocito constituirán tres capas, en las que se hallan listos hasta en sus últimos detalles, los planos del futuro bebé.

De la capa externa surgirá el supremo y futuro jefe de este organismo: el cerebro y los nervios con un cortejo de tejidos de segunda como lo son: los de las uñas, os cabellos, las glándulas sudoríparas y salivales, el cristalino de los ojos, el revestimiento de la boca y el esmalte de los dientes. De la capa intermedia saldrán el esqueleto, los cartílagos, las arterias, las venas y los vasos capilares, los riñones, la dermis y el tejido conjuntivo. En la capa externa se confeccionarán el órgano más grande del cuerpo, el hígado, el estómago, los intestinos, el páncreas y glándulas como la tiroides. A las cuatro semanas la fase final del proyecto está lista para su definitiva ejecución. Sin embargo, la masa del embrión no es mayor de a de medio quinchoncho.

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