septiembre 15, 2006

Conocemos muy bien a Colón pero no al cazador de focas que descrubiera para el mundo el sexto continente.


Hace doscientos millones de años un cataclismo separó en seis fragmentos al gran continente que teóricamente existía entonces, denominado Pangea por el norteamericano Alfred Wegener, y Gondvana por los geólogos soviéticos. Los expresados fragmentos se distanciaron lentamente como balsas flotantes, dando lugar a los continentes actuales. En 1942 Colón descubrió el quinto y fue menester que pasaran más de trescientos años para que fuera encontrado el sexto, la Antártida. Este mérito le corresponde a un cazador de focas Nathaniel Palmer, quien devisó un litoral terrestre oculto bajo el imponente casquete del Polo Sur. Entonces se supo que era diferente del Polo Norte, lo que tiene no es tierra sólida sino agua líquida.

Las investigaciones del Año Geofísico Internacional determinaron, a través de los fósiles rescatados en las pocas capas libres de hielo, que este continente tuvo un largo período en que su temperatura y su paisaje presentaban las características de bosques húmedos y calientes como los de nuestra Guayana. Allí crecieron reptiles gigantescos y helechos de gran altura y de gruesos troncos de medio metro de diámetro, que dieron lugar a las enormes reservas de carbón, sepultadas bajo las inmensas montañas blancas. Se desconoce el momento en que los rayos del Sol dejaron de caer directamente sobre esta zona, que así se convirtió en la más colosal fábrica de hielo que hay en la Tierra.

Allí el termómetro desciende de invierno a 80 grados C°, el nivel en que se vuelve sólida. Por esta razón el vapor de agua desprendido del Atlántico y del Pacífico, es en parte atrapado por esta temperatura, que los hace retornar a la nivea superficie. De los 28 millones de kilómetros cúbicos que forman el volumen que está por encima del nivel del mar, sólo 7 millones de Km3 son de tierra . La superficie de ésta es de trece millones de Kilómetros cuadrados, o sea, que la Antártida es un cincuenta por ciento mayor que Europa.

Aquí hay picos de 4.000 metro de altura que algunos geógrafos han considerado, como el comienzo de la Cordillera de los Andes. A veces las tormentas de los océanos alcanzan una fuerza fantástica, que al golpear las inconcebibles moles de hielo, las parten, desprendiendo pedazos que después constituirán los icebergs. El más famoso de todos fue el examinado por los glaciólogos rusos. Medía 162 kilómetros de largo por 72 de ancho y 300 metros de espesor. Su peso era de dos mil billones de kilos (un 2 seguido de quince ceros), y en su superficie de más de 11 mil kilómetros cuadrados cabría el estado Mérida. Por último el agua derretida de ese iceberg, habría bastado para regar el Sahara durante varios años.

Los pinguinos están entre los poquísimos moradores del Polo Sur. Su comida las obtienen en los peces y crustáceos que abundan en el agua.

En las regiones costras habitan los pingüinos, los elefantes marinos y las focas, que al igual que las ballenas tienen en las aguas oceánicas exuberante fuente de alimentación, representadas por el plancton que se produce a una insólita velocidad, para nutrir a diversos peces y en especial el crustáceo krill, parecido al calamar rojo. Por la facilidad con que prolifera y por la variada composición de sustancias esenciales que posee, se le considera como un recurso contra el hambre, del que una emergencia podría echar mano la humanidad. Cuando su pesca se volviera económica, el hombre tendría allí mismo un frigorífico de valde, en el que podría conservar indefinidamente todas las existencias de este animal que hubiera almacenado.

Durante la guerra de las Malvinas se comentó mucho existencia de yacimientos petroleros en la Antártida. Sin embargo no se han encontrado inicios de este combustible, aunque están probadas grandes reservas de hierro, magnetita, magnesio, titanio, hulla. Hay también otros tesoros en que s incluyen diamantes tan buenos como los de Sudáfrica. Lamentablemente todavía no existen taladros que pudieran atravesar los kilómetros de hielo para abrir las cavidades por donde otras máquinas podrían extraer esos minerales. Lo más viable sería el establecimiento de un criadero de ballenas y de factorías anexas para procesar los múltiples productos que se pueden extraer de ellas.

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