mayo 26, 2006

Hay canguros arbóreos que no necesitan paracaídas si se lanzaran de una altura de un edificio de seis pisos.

De los canguros como de los demás marsupiales podría decirse, que poseen casas portátiles con abrigo seguro para sus hijos. En efecto, en la parte inferior de su vientre cargan mullidas bolsas dentro de las cuales se haya una despensa bien surtida de nutrientes que es la mama. A su pezón la cría recién nacida se adherirá con la boca para chupar de cada vez que se le despierte el apetito. Previamente y después de nacer se habrán deslizado por una avenida húmeda que la madre le enmarca con la lengua, para que se dirija al expresado recinto. Ahí permanecerá el cangurito hasta que a los cuatro o cinco meses salga a realizar las primeras exploraciones de su ambiente donde deberá aprender a conseguir su sustento.

Esta cangura nis ilustra sobre la relativa facilidad con que ella cumple sus deberes maternales

Este animal es típico producto de una ecología específica, lo cual se evidencia en el hecho de que no sabe vivir fuera de Australia, que por cierto, lo incluyó en su escudo. Se han reproducido en un numeroso conjunto de especies que van desde lo que alcanzan sólo un tamaño de miniatura, no mayor de treinta centímetros, hasta los corpulentos que miden más de dos metros y pese a 90 kilos. Son herbívoros, pero hay unos que practican una dieta a base de las hojas que ramonean de los árboles. Hay otros que residen en zonas cálidas, de la selva y que sólo comen insectos.

El su continente sobre el equivalente al ganado vacuno nuestro. Ellos rumian las raciones vegetarianas, después de lo cual las depositan en la panza, donde al igual que en las vacas, miles de millones de microbios útiles, transformarán la celulosa, fermentándolas, en moléculas y aminoácidos simples. Con estos materiales obtienen el combustible para moverse y vivir y desde luego, las proteínas para el crecimiento y la renovación de los tejidos. Antiguamente los a australianos los empleaban como animales de cría, pero por razones que se desconocen prescindieron de los bistec de canguro que al parecer serían muy compactos y de difícil masticación.

Son famosos por los saltos de seis metros de longitud que pueden dar cuando huyen. Son animales de paz, carecen de armas agresivas pero tienen una estrategia defensiva, cuya eficiencia se advierte en la continuidad de su supervivencia, a pesar de esa plaga humana que son los cazadores deportivos. A la máxima velocidad de 50 km por hora que pueden desarrollar, dan, virajes repentinos haciendo gala de un pasmoso dominio de la fuerza centrífuga, para aprovechar la sorpresa de sus perseguidores, mientras siguen a todo escape.

Hay zoólogos que cuentan el caso de ejemplares que en plena carrera se volvieron al frente de sus enemigos para saltar limpiamente sobre ellos, también con la misma intención de salvar el pellejo.

Hay un canguro arborícola, a pesar de que no tiene rabo prensil ni tampoco manos con la flexibilidad de la de los monos, este cuadrúpedo es capaz de caer a una altura de 18 metros, sin que se le fracture de ningún hueso ni experimente la menor molestia. Esto se debe a que sus poderosas patas traseras y su musculoso rabo se conducen como resortes de una insólita elasticidad. Este don es característico de todas las especies de canguros, que por cierto adoptan con absoluta fidelidad el mismo diseño. Las únicas diferencias apreciables que ostentan son de carácter antropométrico, es decir que están en el tamaño.

Aún los gigantes que pesan al nacer unos 20 gramos y miden más de dos centímetro y medio. Eso se explica porque la gestación placentaria es muy breve, no pasa de los cuarenta días. De aquí que las criaturitas de estos marsupiales salgan a completar su formación en la bolsas maternas. Los hay solitarios pero a veces se agrupan en hordas, llamadas así porque cada quien anda de su cuenta, sin jefes que se hagan obedecer ni centinela y cuiden de la integridad física del grupo, como ocurre con las manada de otro animales. Parientes de ellos son los rabipelados criollos, también diminutos al nacer, pues no son más grandes que una abeja y pesan apenas dos gramos.

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