enero 06, 2005

Hace más de un siglo y medio el autodidacta Joseph Henry creaba un eletroimán que atraía pesos de una tonelada.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 6 de Enero de 1987.

La electricidad sigue siendo en estos días en que podemos escudriñar las profundidades del universo y las intimidades del átomo, una fuerza que se deja manejar conservando oculta su identidad, igual que el magnetismo, la otra cara de la moneda. A comienzos del siglo pasado advertía la estrecha relación entre estos dos fenómenos, por efecto de la casualidad y de la virtud más peculiar de los investigadores, la observación. Simplemente, se fijó en que la aguja de una brújula se dejaba atraer por un cable cargado de corriente. Un notable estudioso autodidacta ampliaría las consecuencias de este hallazgo, después que inglés Sturgeon construyera el primer electroimán que podía levantar pesos equivalentes a cuatro kilos, veinte veces mayor que el del aparato.

Joseph Henry (1797 – 1878) se daría cuenta de que el poder del electroimán sería más grande si los hilos arrollados en la herradura de hierro respectiva, se recubrían de un material aislante que impidiera la pérdida de electricidad por cortocircuitos. Antes de conseguir el revestimiento del alambre de sus bobinas, se dice que tuvo un pleito con su mujer por haber utilizado durante sus ensayos la seda de un vestido de ella. Resuelto el problema a sus colegas de la Albany Academy, con el electroimán que izaba pesos de ciento treinta y cinco libras el cual fue seguido por otro que levantaba una barra de una tonelada como si fuera una barajita. Estos avances carecían entonces de toda aplicabilidad y nadie habría intuido que serían esenciales en las fases superiores de la revolución industrial.

En el Instituto Smithsoniano se conserva pieza valiosa en la historia de la ciencia, el electroimán que en 1831 diseñara Henry. (Rep. Ruiz)


Henry tuvo una infancia paralela a la de Farada por la pobreza de su estrato social, por una escolaridad accidentada y por la necesidad de trabajar tempranamente. Así como el inglés fue aprendiz de encuadernador, Henry fue relojero. A los dieciséis años descubrió casualmente unos libros en una iglesia entre los cuales había uno que le llamó poderosamente la atención. Bajo su título de “Lecturas De Filosofía Experimental” resumía los adelantos en el dominio de la electricidad, considerada entonces erróneamente como un fluido. Con aquellas nociones empezaría a hacer experiencias de juguete.

Producía pilas pequeñas con el diseño establecido por Volta treinta años antes. Se colocaba los cables de los dos polos de las mismas en los párpados para distraerse con la ilusión óptica de chispas saltando cerca de sus ojos. Unía los cables a los extremos de los arrollados en el centro de una herradura para mover sin tocar los objetos metálicos livianos. Así comenzaría las experiencias que en 1831 le conquistaran la fama por la cual, a pesar de ser un empírico, lo harían profesor en Albany y después, en la jerarquizada Universidad de Princenton. En el curso de sus trabajos se hizo la pregunta siguiente:” ¿Si la electricidad es capaz de crear un campo magnético, éste a su vez no podría generarla?”


En 1983 el Congreso Internacional de Electricidad en Chicago honró la memoria de Joseph Henry bautizando con su nombre la unidad de autoinducción descubierta por él. (Rep. Ruiz)


Faraday se le adelantó dando una respuesta positiva al demostrar que una bobina girando en medio de un circuito de imanes producía electricidad en efecto. Correspondería a Henry la iniciativa de hacer que un electroimán atrajera y soltara una lámina metálica, en la medida en que se le transmitía y se le interrumpía la electricidad de una batería a través de un cable a una milla, es decir a mil seiscientos metros de distancia. Con desinterés pocos frecuentes, se abstuvo de patentar sus hallazgos y no cobró ninguna recompensa por la asesoría que le diera a Samuel Morse en Estados Unidos y a Wheatstone en Inglaterra para que instalaran las primeras líneas telegráficas.

Acogió deportivamente la ingratitud de los dos inventores que tampoco le reconocieron el crédito de haberles regalado el conocimiento precursor de las modernas telecomunicaciones. Henry concibió al principio de que si la corriente se le conectaba a la bobina eran los imanes en su torno los que girarían. Así previó el motor eléctrico, inventando en 1835, que hoy acciona las neveras, las aspiradoras, las licuadoras y otros artefactos domésticos e industriales. En homenaje a sus aciertos se le nombró presidente del recién fundado Instituto Smithsoniano, al frente del cual auspició la diversificación de la investigación científica en los Estados Unidos, en los cuales su muerte causaría tal conmoción que los funerales fueron encabezados por el presidente de la república y otras máximas autoridades al frente de una multitud sobrecogida



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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Felix:

Soy admirador de la obra de bastidas y me gusta mucho la idea de este blog.
Te recomiendo que visites Veneblogs.com te inscribas y realices los Pings cada vez que publiques para que muchas personas en Venezuela disfruten lo que haces.
He notado algunos errores de transcripción en los texto, nada important, pero sería bueno corregirlos.

Saludos

pavel bastidas dijo...

amigo felix de seguro yo no tengo la habilidad para escribir como lo hacia mi abuelo pero te quiero dar las gracias por el trabajo que hiciste.

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