diciembre 09, 2004

El cloro disuelto en el agua es como un misil atómico contra las poblaciones de microbios que pudieran habitarla

La Ciencia Amena de Aristides Bastidas.
Un día tal como 9 de diciembre de 1983.




El cloro se extrae de su principal mina, flotante en el mar, la sal común. Esta es la electrolizada, es decir descompuesta en los dos elementos que la integran para utilizarlos separadamente. (Rep. T. Grillo)


Cuando recalentamos un sancocho se vuelve más salado, porque la pérdida de agua por evaporación aumenta la concentración de sal común. Mas, hay otra explicación para el fenómeno, cuando el agua del hervido ha sido tomada del chorro. El cloro que la acompaña se combina con el sodio natural de las verduras, produciendo más sal. Ya sabemos que el cloro es un gas que ante el calor de la hornilla expandería aún más sus moléculas para salirse de la olla y esparcirse en el aire. Y sin embargo, ¿cuál es la razón de que restos de él continúen dentro del agua caliente? Ya lo veremos.


Las piscinas sería una fuente de epidemias si el oxígeno liberado por el cloro en ellas, no matar a los microbios patógenos con que he caso puedan infectar hasta los mismos panistas.


El cloro es muy soluble en el agua y al combinarse con sus elementos engendra ácido hiplocloroso y ácido muriático en proporciones demasiado reducidas para hacerse sentir. Sin embargo, son estos ácidos los que le dan al agua del Instituto Nacional de Obras Sanitarias, hoy Hidrocapital, su sabor característico, cuando el cloro desinfectante de la misma le ha sido echado en cantidades excesivas. El cloro fue descubierto en 1774, cuando la química naciente había demostrado que el aire, lejos de ser una sustancia homogénea, era una mezcla de diversos gases. En aquel año, y durante una reacción lograda por un alquimista avanzado, apareció una columna humeante con su típico color verde amarillento. No quedó ninguna duda de que se trataba de un nuevo y etéreo metaloide.

Hoy se le dominan todas sus propiedades, ubicado como está en la casilla 17 de la tabla de Mendelev, constituido por la unidad de tres átomos o isótopos con el mismo número de protones pero con diferente número de neutrones, denominados Cl 36, Cl 37 y Cl 38. Junto con el flúor, el yodo y el bromo, detenta el privilegio de combinarse con otros elementos para producir sales. La que empleamos en el comedor y cuyo abuso, según los médicos, puede causar ataques de hipertensión arterial, no es más que la unión de este gas con un metal llamada cloruro de sodio (Nacl).

Asociado de este modo principalmente, el cloro abunda tanto en los mares, que en los mismos se pueden obtener casi 22 gramos de ese producto por cada litro. El cloro es realmente atrevido porque es el único elemento que puede mancillar a su majestad el oro, con el cual se combina para dar lugar a las sales de ese metal precioso, aplicadas en algunos casos de reumatismo ¿Se han preguntado ustedes la procedencia del corrosivo ácido clorhídrico o muriático que el bazo aporta para la digestión de los alimentos? No nos hace nada porque aunque ayuda a la disgregación de los alimentos, es neutralizado por la mucosidad adherida a las paredes interiores del estómago.

Se forma mediante la simple unión del cloro con el hidrógeno del agua. Ya sabemos que aunque anodino con nosotros, el cloro es un virtual misil atómico contra los microbios patógenos. Hidrocapital lo aplica en las proporciones de 25 diezmilésimas de gramo por cada litro del refrescante líquido, aunque a veces se le pasa la mano. Pues bien, bastan estas minúsculas concentraciones para que el cloro mate en una fracción de segundo, poblaciones de 600.000 colibacilos por cada vaso de agua. ¿De dónde sale este poder germicida con el que ese elemento amigo acabó con las antiguas epidemias de fiebre tifoidea y de diarreas en las ciudades?.

Cuando cloro entra en el agua se combina en seguida con la moléculas de ésta, descomponiéndola. Toma el hidrógeno para formar los ácidos que ya dijimos y libera oxígeno monoatómico, muchísimo más reactivo que el molecular. Ese oxígeno se combina con las enzimas de las bacterias paralizándolas de inmediato y matándolas luego. El efecto es bastante parecido al de la conocida agua oxigenada. Esta acción germicida se potencializa con la cal, que añadida al cloro forma un compuesto esterilizante de locales tan susceptibles a la proliferación de las bacterias, como los establos, lecherías y los mataderos. Por último, el cloro es un asistente de nuestra higiene externa pues asociados a la sosa, da lugar a la legía compañera de la blancura y limpieza de nuestra ropa.

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