septiembre 29, 2004

Si durante el periodo Pérmico el hombre hubiere existido solo con almas esquimales habríamos vivido en Venezuela.


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Este caballero recordaba ya a los lagartijos, pero no era ni chicha ni limonada, ya que solo servíría de puente entre los anfibios y los reptiles.

 


 

 El Edaphosaurus y ell Dimetrodón estuvieron entre los animales que durante el Pérmico iniciaran la exitosa conquista de los continentes para establecer su reinado a principios de la Era Secundaria


Supóngase usted el estrépito de una andanada de cañonazos luego de un paréntesis de tiros aislados de una batalla y tendrá una idea de lo que ocurrió en la tierra durante el quinto y el último periodo de la Era Primaria. El mismo transcurrió entre hace 180 millones y 230 millones de años. Se le denominó Pérmico porque sus primeros estratos fueron descubiertos por el escocés Murchison, en la ciudad de Perm, que durante algún tiempo fue bautizada por los soviéticos con el nombre de Molotov. Ciertamente, en el Pérmico las fuerzas aun ocultas en el interior del planeta, parecieron enfurecerse (otra vez), dando lugar series ininterrumpidas de erupciones volcánicas, de resquebrajamientos de la corteza terrestre y al nacimiento de nuevas montañas.

En estas condiciones se registraron cambios importantes en la distribución del clima, pues las regiones boreales que hoy sirven de asiento al Polo Norte se volvía áridas, calientes y secas, las glaciaciones con sus interminables nevadas que duraron miríadas de años, invadían las franjas tropicales de la actualidad, en el centro de la India, toda Australia, el centro de África, y en especial donde ahora se encuentra la República del Zaide, tenían el mismo paisaje y las temperaturas congelantes que hoy se aprecian Alaska y Groenlandia. Y aunque ustedes no lo crean la América del Sur estaba cubierta por los hielos de manera tal que los venezolanos hubiéramos existido entonces, habríamos estado entre los esquimales del Nuevo Mundo.
Esos cataclismos cambiaron la faz de la tierra y durante los mismos algunos mares se condujeron como simples charcos, que por el bamboleo de los terremotos abandonaron sus huecos que por eso se integraron a los continentes, para depositarse en otros que se acababan de abrir. Algo de eso sucedió con las aguas oceánicas que anegaron a una buena parte de Inglaterra y Alemania. Un depósito de sal que se extiende actualmente desde Kansas hasta Nuevo Méjico, en EE.UU. fue dejado ahí por el mar que durante muchos milenios cubriera esa extensa faja. La inestabilidad debida a los cataclismos que reaparecieran en estos cincuenta millones de años fue fatal para incontables especies vivientes.
Se extinguieron trilobites, animales que aunque relativamente grande se alimentaban se microbios marinos, con cascarones quitinosos en sus espaldas. Sus fósiles hacen recordar a las langostas y a otros crustáceos, pero no figuran en las raíces del árbol genealógico de éstos. También la tierra se trago del todo considerables extensiones de árboles y arbustos, de los que no tenemos la menor idea. En cambio, aparecieron algas en las aguas dulces, se las arreglaron bien para sobrevivir las demás algas, los helechos, los musgos y los líquenes mientras se habría paso una nueva especies de la coníferas: la wualcha, que se haría notoria porque elaboraba semillas con carbohidratos simples que les dieron el merito de ser el primer grano alimenticio.

Los escarabajos y otros insectos aprovecharon su monopolio de vuelo para huir a tiempo de los riesgos de aquella convulsa naturaleza y de instalarse en los refugios más protegidos y abastecidos. Los anfibios se guarecían bajo las aguas y se dejaban llevar por ellas sin oponerles resistencia entre ellos florecieron los estegocefalos, a vuelos de los reptiles que darían lugar a los mamíferos, que a la sazón ni soñaban en aparecer. Surgieron las cecilias, anfibios sin ojos y patas que debían tener secretos poderos fisiológicos, pues soportaron con éxito las pruebas de entonces y las que vendrían después, para seguir vivos y prósperos, en las aguas de la Era Atómica.

Hace más de 250 millones de años empezaban a proliferar las tortugas y morrocoyes, los ictisaurios o reptiles con aletas de pez y los arcosaurios, tatarabuelos de las iguanas todos descendían de los cotilosaurios que a finales del Carbonífero y a comienzos del Pérmico cumplieran tan eficientemente su papel de puente entre los sapos y los lagartos. En el periodo Pérmico abundaban en los mares, las lagunas y en las desembocaduras de los ríos, animales y vegetales acuáticos que al morir, tapiados durante los sacudimientos del planeta en el Pérmico fueron atacados por bacterias aerobias y anaerobias, las cuales iniciaron las transformaciones que durante tantos millones de años sufrieran los respectivos detritus, de los que se derivarían unas sustancias que hoy tiene enguerrillado al mundo: el Petróleo.

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