septiembre 29, 2004

El hombre del Cro-magnon era un artista experimentado ¿Donde estaría la escuela en que aprendió a pintar bien?




En cráneos como éste, perteneciente a un anciano del Neanderthal, busca el hombre de hoy las huellas de su ater.

EL HOMOS ERECTUS con su torpe andar y su pequeño cerebro dio lugar a los sucesores que culminaron con el Homo Sapiens de hoy, pero siguen oscuras las fronteras que hubo entre él y el Homo Neanderthalense, y entre éste y el de Cro-magnon. Neanderthalense vivió más de cien mil años en un primitivismo, que hace más valiosa las virtudes que le permitieron sobrevivir. Con la frente y el mentón hundidos, las cejas hirsutas, su estatura de un metro setenta y sus rodillas encorvadas nos presenta un modelo indigno de nuestro parentesco. Pero el desdén que inspirara a simple vista, se trocaría en admiración, por el éxito que alcanzara sin ninguno de los recursos primarios de hoy.

En efecto, desconocía la agricultura, carecía de lenguaje, ignoraba el uso de los metales, no sabía criar animales y le faltaba un medio de transporte. Descalzo y probablemente desnudo, sin instrumento para improvisar albergues y sin capacidad para hacerlos, este antepasado venció la hostilidad de los inviernos, enfrentó airoso los riesgos de sus indefección y abrió caminos entre selvas, pantanos y montañas para esparcirse por los territorios de Europa, Asia y África. Su antecesor habría sido más meritorio, porque era menor su inteligencia, si fuera cierta la hipótesis de era un emigrante de África, en vez de la que lo hace surgir simultáneamente en los tres continentes. Hay dos nudos gordianos que la paleontología no ha podido deshacer. Hace 45 mil años un hombre Neanderthalense más evolucionados que sus congéneres de razas dejaba sus vestigios en el Medio Oriente. Pero no sería en este lugar donde hace 35 mil años apareciera el Homo Sapiens, sino a miles de kilómetros de distancias, Cro-magnon, Dordoña, Francia. Los restos de esta raza fueron hallados en 1858 y corresponden a las de un hombre, provisto de un esqueleto con características propias del blanco. Sin embargo, no hay prueba de que tuviera la piel de ese color, o de que sus ojos fueran oblicuos o los cabellos fueran rizados. Está sin demostrarse la idea de algunos antropólogos, de que luciría como un nórdico si lo calzaran y lo vistieran a la moderna.

 

Se deduce que así era la fisionomía del hombre del Cro-magnon, aunque el arco está demás, pues sería inventado muchos siglos más tarde.
Son impresionantes las muestras de su avanzada cultura, sobre todo si las relacionamos con las que serían sus inmediatos antecesores en Palestina de donde los Cromagnense se habría trasladado a Europa. En más de setentas escuelas europeas quedó el tazo de artistas experimentados en las famosas pinturas rupestres. Estos lugares eran santuarios en lo que el sentido mágicos de aquellos hombres, les hacía creer que atrapaban a los animales que cazaban o los que temían, con el sólo hecho de dibujarlos en las paredes. Eso explica que en estas cavernas la paleontología no hallara otros restos.

Esta raza fue la creadora de la escultura en piedra, en barro y en mezcla de barro con arena, materiales de que estaban hechos las estatuas de mujeres las que simbolizaban la fecundidad. La ciencia no podía decir que clase de ropa usaban. No cabe duda de que su único material de confección eran las pieles. Entre los adelantos que introdujeron a la herencia fabril que les dejaran los Neanderthalense, no estuvo solo el pulimento de la piedra sino también, una mejor utilización de los huesos. En las excavaciones se han hallado agujas óseas con ojales, por los cuales introducían los nerviosos deshidratados de animales grandes. Este era su hilo de coser sus vestimentas.

La paleontología se inclina hoy a aceptar que los esqueletos de Palestina corresponden a la transición entre los hombres chatos del Neandertal y los esbeltos del Cro-magnon, a quienes correspondería hacer el cambio de cazadores y recogedores, por el de pastores y sembradores, dos hechos precursores de las ciudades. Parece que los hombres del Cro-magnon se cruzaron con los de Grimaldi perteneciente a la raza negra, cuyos fósiles fueron localizados en Italia. Este intercambio genético habría dado a lugar a los pobladores blancos de ojos negros de la región mediterránea de Europa. Por cierto, que el grupo de los guanches, al que pertenecen los canarios, estarían entre los que conservan rasgos fisonómicos de esos formidables estetas que fueran los cavernícolas del Cro-magnon.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 29 de Septiembre 1983




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