noviembre 20, 2009

Durante las glaciaciones el Avila y los Andes fueron sepultados por hielos que llegaban al Ecuador.



La invasión de los hielos en las zonas ecuatoriales se registro varias veces en el cuaternario y por igual en los cincos continentes.


Uno se pregunta en qué parte de la Tierra se guarecieron las plantas, los animales y los hombres durante los cuatro periodos del ultimo millón de años, en los que los hielos de gran espesor, descubrieron la tercera parte de los continentes. He aludido a las glaciaciones, cuya causa es desconocida aun a pesar de las diferentes teorías que tratan de explicarlas. Se ha comprobado que existieron por las huellas erosionadas que dejaron en los lugares que invadieron. Groenlandia fue un puente de hielo entre America y Asia, semejante al que comenzaba en Inglaterra y penetraba por Dinamarca y Holanda hasta concluir en Rusia, con una altura de dos kilómetros. Así como los Alpes y los montes Apeninos fueron cubiertos por el agua congelada, debió ocurrir lo mismo con los Andes y con nuestra Cordillera de la Costa.

La majestad del Ávila, debió ser profanada cuando quedaran sepultado bajo las pesadas y colosales montañas blancas, que en distintos momentos llegaron hasta el Ecuador. En el Astro Rey, están las manchas solares, consideradas oscuras no porque en realidad lo sean, sino porque son regiones con una luminosidad marcadamente menor que la habida en su derredor. Por tal razón seria igualmente menor sus aportación de calor al planeta, lo cual originaria el frío que da lugar al fenómeno que comentamos. Esta hipótesis no ha sido confirmada ni tampoco otras en las que la deducción científica esta acompañada de buenas dosis de imaginación.



Durante las glaciaciones, los inviernos eran mas crudos y los veranos eran inexistente en la práctica, por lo cual dejaban intacto los hielos polares.


Los geólogos aceptan el planteamiento de que los polos estuvieron en una fase sin precisar, donde ahora se encuentran el Pacifico y el Atlántico. El doctor Paúl Siple, que dirigió las investigaciones del Año Geofísico Internacional en la Antártida, estima que la Tierra se ha bamboleado varias veces, con el fin de recuperar el equilibrio, afectado por el nacimiento de las montañas. Estas aumentarían el peso de la zona en que aparecen, ocasionando un efecto igual al platillo de la balanza, que se inclina porque se han puesto una pesa.

Según el extinto catedrático Maurice Ewing, fundador del laboratorio de geología submarina mas grande del mundo, la corteza de la tierra se movió en torno de su centro, igual que la cáscara de una naranja que se deslizara sobre la masa redonda que forman sus gajos.

Los expertos no se atreven a pronosticar si en un porvenir lejano aparecerá una nueva glaciación, o si por el contrario, los actuales polos se licuarían elevando en casi un centenar de metros, el nivel de los mares. En el primer caso, el hombre tendría que abandonar sus ciudades de los climas templados para instalarse en las áreas de temperaturas soportables en los trópicos. En el segundo caso, tendría que alejarse de los puertos para residenciarse en las faldas de las montañas. Pudiera ser que su desarrollo tecnológico le permitiera concentrar enormes rayos solares contra el avance de los hielos o construir gigantescos diques contra el avance de las aguas.

Seria probable que el supertécnico que habría dentro de diez mil años, anticipara suficientemente la aparición de estos cambios espectaculares de temperatura. Harold Urey, el descubridor del hidrogeno pesado, aplico con sus colaboradores de la Universidad de Chicago, isótopos de oxigeno radiactivo en conchas de moluscos de hasta trescientos mil años. Pudo comprobar que cada cuatrocientos siglos ha habido en el mar fluctuaciones de 5,5º C. Esto coincide con la hipótesis del ruso Milutin Milankovitch, formulada en 1920, de que las glaciaciones se registran después de lapsos que tienen precisamente, esa duración.

Los antropólogos han señalado la influencia que esas transformaciones climáticas han ejercido en el desarrollo de la humanidad. Fue la intensidad de los inviernos nevados lo que obligo a los asiáticos a invadir Europa y propiciar el surgimiento de culturas indoeuropeas como las de los griegos y romanos. Parece que en las postrimerías de la última glaciación, los primeros inmigrantes orientales instalados en Norteamérica, se vieron forzados a mudarse al sur, poblando el resto del continente. Hay un hecho cierto representado por 750 mil millones de toneladas de gas carbónico que el hombre civilizado le ha añadido a la atmosfera a través de los incendios boscosos para la agricultura y de las chimeneas industriales. Esa capa de gas carbónico hace un efecto de invernadero, pues deja pasar el calor del sol y de los rayos cósmicos, pero le impide devolverse, por lo cual es previsible un aumento de temperatura en los próximos milenios

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