abril 30, 2007

Los garbanzos fueron el plato con que los Césares abastecían a sus ejércitos durante sus guerras de conquista.

Aunque se cree que los garbanzos son de origen asiáticos, pudieron surgir también de las tierras del sur de Europa donde existían las más altas poblaciones de esta leguminosa, en los años en que Nerón regía los destinos del imperio romano. Se dice que el paranoico Emperador que entre sus múltiples vicios tenía el de la gula, solía darse tremendos banquetes, en cuyos menús figuraban sobresalientemente platos de garbanzos aliñados con especies procedentes del lejano Oriente. Se dice también que el cortesano Petronio se abstenía de ingerir esta leguminosa por considerar que su aspecto era incompatible con su título de árbitro de la elegancia romana con que lo distinguían sus contemporáneos.

Estos granos tuvieron una participación muy destacada en las guerras expansionistas de los Césares, porque con los mismos se cubrían la mayor parte de la dieta de los bien nutridos legionarios de Roma. Huelga recordar que entonces faltaban dieciocho nsiglos para la creación de la bromatología, ciencia que estudia los alimentos. Sin embargo, aquellos pueblos evaluaban intuitivamente la importancia del garbanzo como fuente de distintas líneas de nutrientes. En cien gramos de los mismos obtendríamos 330 calorías, 20 gramos de proteínas, igual que nuestro quinchoncho, un 5% de grasa, vitaminas A, B y C, 146 calorías de calcio y 312 miligramos de fósforo. En realidad, esa riqueza diversificada la encontramos en todas las leguminosas comestibles.

Médicos de la antiguedad dedujeron del aspecto arrugado pero vital de los grabanzos, que estos podrían ser muy buenos para devolverles a los viejos las fuerzas perdidas.

Solemos creer que las frutas son los únicos alimentos húmedos, porque es muy manifiesto su contenido líquido. No obstante, abundan los alimentos de aspectos secos, pero acompañados por una alta carga molecular de H2O. Los garbanzos están en este caso, lo cual se podrá probar fácilmente. Aplastados en un máquina de presión , veríamos salir un hilo de agua correspondiente al trece por ciento de las misma que hay en cada gramo. Ellos prosperan bien con un riesgo modesto y en terrenos arenosos con un buen drenaje, como los que hay en ambas márgenes del Mediterráneo. Son sembrados en primavera y a los trece meses, en Junio o en Julio engalanan labrantíos.


Lo hacen al despuntar sus flores blancas, azules y violetas, con cuyos colores cautivarán a los insectos que pongan en contacto el polen de los estambres con el ovario de los pistilos, a los fines de confeccionar las semillas. Las flores, como la de todas las papilionáceas ofrecen el insinuante dibujo de una mariposa a punto de emprender el vuelo. Entre las diversas especies de este fruto, sólo unas cuantas variedades lo elaborarán con sus características apetecibles por el hombre. Hay plantas que dan un garbanzo atrofiado que se utiliza solo en la elaboración de concentrados para animales. También el follaje de todas las especies es útil, porque es muy bien recibido por el paladar de los rumiantes.

El griego Teofrasto recomendaba que donde se había explotado por años la cebada, la avena y el trigo, se sembraban garbanzos porque éstos tenían un desconocido don, con el cual reavivan la fecundidad de los suelos a punto de agotarse. También sugería ése previsor estudioso de la antigüedad que el follaje de los garbanzos junto con el de la alfalfa, se enterraran en lugres estériles para que recobrara su fertilidad. La química moderna, como se sabe, fue la que en el siglo pasado descubrió lo que hacían los garbanzos y demás leguminosas para mejora los suelos. Hoy hasta un escolar sabe que tales plantas esparcen el nitrógeno del aire en los alrededores de sus raíces.

Los garbanzos siempre fueron caros en nuestro país, pero en Europa y otras zonas de clima templado donde se le cultiva, se siguen expendiendo a los precios que tenían entre nosotros las caraotas, cuando las cosechábamos aquí en vez de importarlas. Los garbanzos se han usado como dieta de urgencia contra el hambre. En el Líbano, los niños pobres reciben una ración diaria de L´aubina, un alimento que contiene un diez por ciento de leche descremada, un 62 por ciento de trigo hervido, un tres por ciento de cenizas de huesos y un 25 por ciento de harina de garbanzos.

Yo pienso que el Instituto Nacional de Nutrición pudiera ensayar este preparado, sustituyendo el garbanzo con el quinchoncho, que como dije una vez, es dos veces mejor que el lomito y veinte veces más barato.

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