mayo 25, 2006

El componente principal de las rocas anda también en nuestro cuerpo: se trata del silicio al que debemos la calcificación del esqueleto.

Se ha especulado que los 61 elementos disueltos en el mar están presentes en todos los seres vivos, los cuales tuvieron en las aguas directa o indirectamente, su origen común. Nosotros no estaríamos fuera de esta apreciación aunque sea corta la lista de los metaloides y metales hallados en nuestro cuerpo humano. Es el siglo pasado se ha creído que el silicio, principal componente de las rocas y de la arena, podía desempeñar el papel que tiene el carbono en la vida de las bacterias, de las plantas, de los animales y hasta de los virus. Pero no se consiguió ni una sola especie en que así fue era. Por lo tanto, se le descartó como asunto de estudio en los procesos relacionados con la bioquímica.

Los bellos dibujos de esta diatomea unicelular se deben a la presencia de silicio en ella.

A pesar de que el silicio se ha encontrado siempre en el esqueleto de los animales inferiores, el interés que los biólogos por él volvió a despertarse sólo cuando se comprobó que estaban en la membrana de las diatomeas, algas de una sola célula que en enormes agrupaciones sobre la superficie del océano, lo adornan por la noche con el vivísimo colorido de sus destellos. Los investigadores se preguntaron sobre el rol que podía jugar en tan microscópicos seres, el silicio con su aspecto azul oscuro y su densidad, que es casi dos veces y media la del agua. Recordaron entonces que la abundancia de este metaloide en la corteza terrestre, donde en se encuentra en un 28%, hace inevitable que interviniera en las combinaciones químicas de la naturaleza en cuerpo orgánicos.

El silicio fue detectado en diversas plantas, pero se le siguió considerando común simple polizón, que se embarcaba en la savia ascendente, después que las raíces de los vegetales, lo absorbían junto como otros minerales. En los años 60 se probó palmariamente que este metaloide desquebradizo, realizaba una misión sobresaliente en los vegetales, lo cual se deduce de un experimento, que hicieran inicialmente miembros de la Academia de Ciencias de Letonia. Al privar de silicio a las matas de arroz, se reducía notoriamente la velocidad su crecimiento, se atrofiaban las panículas y se necrosaban las hojas.

Ahora bien, ¿cumplía este elemento funciones igualmente valiosas para la existencia de los animales y de los seres humanos? Los investigadores usaron aparatos electrónicos, y detectan sustancia de hasta de una millonésesima de gramo. Administraron a ratones y pollos dietas que tenían todos los nutrientes pero ni un átomo de silicio. Las consecuencias negativas se reiteraron en sucesivos ensayos. Los infelices animalitos que no ingerían silicios mostraban esqueletos mal calcificados y alcanzaba un peso hasta de un 50% menor que el de los pollos y ratones sometidos a una dieta con un contenido normal de silicio. Otros experimentos revelaron ese componente, número uno de la arena y de las piedras, se hallaban en nuestros tejidos, en la proporción de un gramo por cada diez kilos. .

Está en las uñas, en el cabello, en las plumas, en los cuernos, en los pulmones, en los nódulos linfáticos y en las glándulas. Sin el silicio el tejido epitelial y el conectivo carecerían de la consistencia, la flexibilidad y la permeabilidad tan propias de la piel y de las mucosas. Se estableció que el silicio es un protagonista en el escenario donde se crea la vida, pues opera en el corazón de los ácidos nucleicos. Es el responsable de que el armazón cartilaginoso del recién nacidos, adquiera la firmeza del esqueleto óseo, durante un proceso que incluye a los 18 años de edad. Por último, genetistas de Sibería elaboraron un fármaco que ha sido único con algún efecto de los casos de la calvicie incipiente.

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