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diciembre 08, 2004

Hace 100 años nacía un hombre que comprendió las intimidades del átomo y las del corazón: Niels Bohr.

La Ciencia Amena. Arístides Bstidas.
Un día tal como hoy, 8 de Diciembre de 1985

El Cenamec ha tenido el acierto de celebrar el primer centenario del nacimiento del gran científico y humanista Niels Bohr (1885-1962). Es conocido el vuelco que en 1913 le diera a la física clásica con su concepción del átomo, este ganador del Nobel en 1922 y del premio "átomos por la paz", en 1957. Se ha difundido menos su acción en la defensa de la paz y de la dignidad del hombre. Era un pensador que extrapolaba a los predios de la filosofía las conclusiones de la experimentación. Su principio de la complementariedad aceptado hoy, y que en el mismo Einstein no llegó admitir, lo llevó a del terreno de la psicología, al insinuar que son complementarias la capacidad de un hombre de presentir y racionalmente y prever racionalmente un hecho.

Niels Bohr fue el único científico que en la vida de Einstein, su amigo, lo aventajara en un sentido, con una opinión que el autor de la Teoría de la Relatividad, nunca llegó a aceptar. (Rep. Scotto)


Podemos precisar el lugar que ocupará la tierra en su órbita en un momento dado, al tiempo que precisamos también su velocidad. Pero no podemos hacer lo mismo en un electrón que también describe una órbita, porque sería influido por el aparato que lo estudiáramos. Obsérvese sin embargo que aunque no podríamos por lo tanto predecir simultáneamente la velocidad y la posición de una partícula, estaríamos en ambos casos conociendo los aspectos primordiales de su comportamiento. Cuando abordaba el asunto Einstein, sacudía la cabeza y le replicaba: " esto es como si Dios jugara a los dados". Así negaba la implícita proposición de que el conocimiento se podía obtener a través de promedios aritméticos deducidos de distintos resultados que se aproximaban a la verdad, pero no llegaban a ella.

En una ocasión, y ante los experimentos de Bohr para demostrar su verdad, Einstein encogió los hombros, como si se batiera en retirada: "es contrario a mi intuición científica". Esas complementariedades aparentemente antagónicas y que también se veía en la actualidad de la luz les suscitaba a Bohr a otra analogía: la de la compasión que fortalecía a la justicia en unos casos, y la debilitaba en otros. Si dado los trágicos griegos demostraban las alternativas opuestas que puede generar ese sentimiento, y luego acudía a las reflexiones de los antiguos chinos, para quienes el hombre era actor y espectador de su propio drama.

No era sólo un teórico humanístico y eso lo demostró en sus actos de efectiva solidaridad con los perseguido por el nazismo con vinculado estrechamente a la resistencia clandestinas de los daneses contra la invasores, tuvo que huyeron de Copenhague en la noche del 29 de septiembre de 1943, al saber que la Gestapo iba a aprehenderlo. Previamente había intervenido en la organización de la fuga de 5000 judíos, que alcanzaron las fronteras de Suecia. Los ingleses lo condujeron a Londres en un avión mosquito, donde Chadwick, el descubridor del neutrón, lo aguardaba con la impaciencia provocada por la noticia confidencial, de que los científicos alemanes trabajaban con el uranio y estaban destinando agua pesada.



Niels Bohr descubrió que los electrones no perdían energía ni irradia luz, mientras permanecían en sus orbitas normales. (Rep. Scotto)

Al volver a los Estados Unidos, Bohr encontró en el laboratorio de Los Alamos a gran parte de los científicos que él ayudara a huir. Contribuyó a crear la bomba atómica por compartir el temor unánime de que Hitler la logrará primero concibió la idea de un mundo abierto, respaldada por el benévolo presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, las tres veces que se la formulara personalmente. Trató de convencerlos de que informará de Stalin sobre la bomba nuclear porque de lo contrario se restablecería la desconfianza recíproca que antes el conflicto había entre los aliados: EE.UU. e Inglaterra con la Unión Soviética.

Lamentablemente, Churchill lo consideraba sospechosos porque el servicio de inteligencia británica había conseguido una carta del físico Kapitza que lo invitaba en 1943 a visitar a Moscú. Opinó que el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki era un error fatal. Hizo llamadas sin eco en aras de la convivencia humana y el control de las armas nucleares en 1948 cuando la humanidad, aún convalecientes de la Segunda Guerra Mundial, se espantaba con los anuncios de la Guerra Fría. En 1950 remitió su carta abierta a las Naciones Unidas donde reproduciría sus humanizados planteamientos al extinto presidente Roosevelt. Pero sus predicas se ahogaban en la indiferencia de políticos y militares que ya habían montado la guerra de Corea. La muerte le impediría concluir su obra, vida y luz otra vez, en la que aplicaba su principio de la complementariedad que los campos de la biología.

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