diciembre 21, 2004

El virus de la gripe continúa agrediendo a los seres humanos casi con la misma impunidad de cuando vivían en las cavernas.

La Ciencia Amena de Arìstides Bastidas.
21 de Diciembre de 1983


Es fácil confundir la gripe con el resfriado común, pero éste, que causa gran mucosidad nasal, suele curarse espontáneamente a los siete días.

Ningùn germen se ha reído más de la sabiduría humana, que los virus generadores de la gripe. Estos virus, el A, el B y el C existían antes de la aparición del hombre, al que nunca han dejado de atacar, desde los días de las cavernas hasta los de hoy, en la vecindad de las plataformas espaciales. A pesar de los enormes avances del conocimiento, seguimos hoy tan inermes frente a esos infinitesimales enemigos de la vida como cuando no habíamos inventado el habla. Tenemos vacunas contra enfermedades mucho más peligrosas derrotadas hoy, pero no hemos podido crear una de acción permanente contra la gripe. ¿A qué se debe esa probada invulnerabilidad de unos seres tan biológicamente inferiores que no pueden reproducirse por su propia cuenta como sí lo hacen las bacterias y los protozoarios?

Para contestar a esta pregunta hay un preámbulo inevitable. Los organismos animales y por supuesto, el humano, fichan y reseñan a los intrusos malintencionados, con el objeto de despedazarlos a tiempo cuando retornen a reinfectarnos. Por esta razón los que han sufrido parótidas, lechina o sarampión quedan inmunizados para siempre contra esos males. Ahora bien, el virus de cada epidemia o pandemia gripal parece estar muy bien informado de que lo están guardando para aniquilarlo. Entonces,, cada vez que intenta una nueva agresión se disfraza o se hace cirugía plástica a fin de que las alcabalas de seguridad le den luz verde.

En resumen, los virus de la gripe son campeones del engaño y nos recuerdan al famoso emir que estafó a una pléyade de vivos en el Tamanaco. Ahora bien, hay gripes benignas que pasan ligero y hay otras, afortunadamente, menos habituales, que dejan saldos luctuosos. Ese fue el caso de la gripe española en 1919 que mató más gente que la primera Guerra Mundial y en nuestro país originó veinticinco mil difuntos. También recordamos la gripe asiática en 1957 y la de Hong kong en 1968 que enriquecieron a los dueños de las funerarias en todas las grandes ciudades de la tierra. La ciencia explica que estas epidemias asesinas, se deben a la acción de virus que no solamente se han disfrazado, sino que también han adoptado la vestidura de virus tan ajenos a la fisiología humana como son la que engripan a los cerdos.

En ensayos de laboratorios se han logrado híbridos de distintas variedades de virus multiplicándose en un mismo tejido. En los caos más frecuentes esos injertos o se disfrazan del todo, por lo cual las defensas de nuestro cuerpo que ellos han burlado, los reconocen tardíamente, pero a tiempo para abatirlos antes de que hagan demasiado estragos. Este es el caso de las gripes transitorias. Recordé anteriormente que la vacuna antigripal no tiene la promisoria contundencia de la antivariólica, por las más diversas razones. La vacuna que podría preservarnos de la virosis gripal que actualmente azota a Caracas, podría ser útil ahora mismo si se le fabricara a tiempo para aplicársela a las personas sanas. Sería nula contra una epidemia del año próximo que como se desprende, sería causada por el mismo musiú pero con diferente cachimba.

Las vías respiratorias son el centro de operaciones de los virus de la gripe. La segregación excesiva de moco se debe a que con éste, el organismo atrapar y neutralizar a los agentes invasores.

En 1976 los norteamericanos detectaron a enfermos con el mortal virus de la gripe española de 1919. Prepararon millones de vacunas contra ese agente, las cuales se perdieron porque el brote fue pequeño y se revertió espontáneamente. En 1977 los soviéticos tuvieron una experiencia semejante con el virus de la gripe asiática, durante la cual sus estudios revelaron diferentes cepas de virus podían atacar simultáneamente a una misma población. Esto complicaría más una programación preventiva porque se requerían diferentes tipos diferentes de vacunas al mismo tiempo.

Total, el ser humano está frente a los virus de la gripe en una alternativa peor que la del que corre o se encarama, pues no tiene más remedio que someterse a la infección. Ya sabemos que no hay ningún medicamento sintético o natural contra los males desencadenados por los virus. Estos cuando invaden a un organismo hacen los que le viene en gana sin que nada pueda detenerlos. Recientemente se han descubierto células tomadas por un virus, a sabiendas de que no podrán escapar de la muerte, lanzan a través de ciertas sustancias mensajes de alerta a las células saludables para que actúen contra el invasor. La sustancia portadora de tal mensaje es el interferón que quizás sea el único en el porvenir que pueda librarnos de la inexpugnable virosis que hoy maltrata y hasta destruye impunemente.

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