octubre 02, 2004

Una trampa erótica-atómica permitió a la agricultura científica acabar con el moscardón destructor de las ganaderías.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 2 de Octubre de 1985


Con esta máquina los huevos del moscón eran bombardeados. Los disparos de los rayos gamma del cobalto 60 los despojaban de su fertilidad (Rep. J.Grillo)


Las emisiones de átomos o isótopos radioactivos pueden cambiar las instrucciones en los genes de cualquier ser viviente. Hoy se trabaja más que nunca en la posibilidad de usarlas para obtener razas vegetales y animales más competentes y más productivas que las conocidas. Nuestra Universidad del Zulia logró una variedad de sorgo, con ventajas que les fueron transmitidas mediante el bombardeo de radiaciones. Mientras tanto, el éxito más extraordinario de la agricultura científica en este terreno sigue siendo el de la confabulación erótico-muclear de genetistas, físicos, químicos y entomólogos contra un agresivo insecto: el moscón azul, que devoraba la carne en las propias visceras del ganado antes del matadero.

Viente años después del descubrimiento de los rayos X, los biólogos sabían que éstos podían esterilizar a animales minúsculos, lo cual era probado a comienzos del la Primera Guerra Mundial en el carcoma del tabaco. Estas investigaciones se mantuvieron en un plano básico y por eso evolucionaron paulatinamente. Nadie pensó en la aplicación que podría dárseles contra ciertas plagas hasta que en 1937, E. F. Knipling, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, concibió la travesia idea de dejar a los machos sus virtudes hormonales y quitarles las de su reproducción. Este plan era imposible pues, ¿quién iba a encargarse de atrofiar las céluas seminales en cada nuevo insecto?

Con sus doce milímetros de largo, el moscón azul, que causara destrozos en los rebaños estadounidenses, es hoy un animalito de experimentación que come carne cuando le dan (Rep. J.Grillo)

En los años cuarenta los Estados Unidos veían aumentar las invasiones del moscón Cochliomyia hominivorax, el cual depositaba hasta ciento cincuenta huevos por vez en cualquier rasguño leve de vaca y novillos. Las larvas nacían con un atornillador en la boca, a través del cual expoliaban miles y millones de toneladas de bistecs a la población norteamericana. Las pérdidas aterraban a criadores y a consumidores cuando el flagelo saltó de la Florida a Texas y a Georgia. Fueron inútiles las sustancias para neutralizar a las moscas, inmunes al recién inventado DDT, por su esparcida distribución. Investigadorsescomo Melvin y Busland se preguntaban qué hacer con los criaderos en los que estudiaban a la causante del azote.

Cuando creían que era inútil aquel esfuerzo en medio de una asqueante mezcla de carne y sangre podrida, hicieron una observación propia de su perspicacia científica. Las hembras, renunciaban para siempre el placer del ayuntamiento sexual, después que experimentaban el primero. Obviamente, no necesitaban los demás apareamientos para fecundar nidadas. Los investigadores se acariciaban sus barbillas tratando de saber cómo podrían aprovechar tal característica. El equipo se amplió con especialistas en radioisótopos, quienes asumieron la responsabilidad de disparale rayos gamma a los genitales de machos que estaban en la fase deceisálida.

El día del experimento los resultados superaron las expectativas. Los machos radiados y estériles aventajaban a los normales en la conquista de las hembras y en sus acoplamientos con las cuales, después del encuentro principal, no tendrían más contacto.

El ensayo al por mayor se realizó en la Isla de Sanibel, frente a la Florida, donde el flagelo quedó eliminado. Un año después estos moscardones atomizados eran liberados en Curazao, donde también quedaban erradicado el problema. En la Florida surgió una bioindustria consistente en la producción de estas moscas con impulso sexual pero estériles, que eran exportadas a fincas en todo el mundo. El consumo de ellas en Estados Unidos llegó a sobrepasar los ochentamil millones.

Los norteamericanos tienen un servicio de mantenimiento contra este insecto, a pesar de qué en 1966 dejó de ser una amenaza para sus bovinos. El Departamento de Agricultura estima que los cién millones de dólares dedicados en 1950 a este programa fueron una inversión recuperada centenares de veces con el ahorro de las crecientes pérdidas de producción agrpecuaria que padecía por esta razón.

En Venezuela se trató en vano de controlar así el chipo transmisor del mal de chagas pero hubo el inconveniente de que las hembras cohabitan varias veces y de que sus consortes normales son tan ávidos del disfrute amatorio como los que carecen de la facultad para multiplicarse.




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