octubre 14, 2004

Los tigres son asiáticos: los jaguares se les parecen pero se ufanan de ser distintos y de su origen americano

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas
Un día tal como hoy, 14 de Octubre de 1986

Jaguar, o mejor yaguar, es una voz aborigen y al parecer, hay ejemplares albinos y negros de estos felinos típicos de América. Rep. J. Grillo).

Según las mas reactulizadas normas de clasificación zoológicas, los tigres son especies exclusivas del Asía, aunque tienen parientes que se les parece en el resto del planeta, con excepción de Australia y Madagascar. Están incluidos entre los félidos, los carnívoros más competentes como cazadores y dotados con un perfeccionado instrumental para su quehacer de honestos matarifes. Son famosos los tigres de Bengala y los Siberianos por su impresionante corpulencia de hasta tres metros ochenta incluyendo la cola, sus trescientos kilos de peso y por la astucia y las mañas de que se vale durante la cacería. En la India se les sigue considerando sagrados y por eso cuando escasean sus victimas habituales merman con toda impunidad los rebaños de los ganaderos.

Están activos a toda hora y no vacilan en sacrificar la siesta vespertina para defender los restos de una presa o en despertarse a media noche para buscar algo que les calme el ayuno. Saben que el rugido les arruinaría el negocio, por el cual cuando están al acecho guardan silencio sepulcral. Como su olor no es precisamente el de las rosas, se sitúan contra el viento a fin de que sus inocentes presas no puedan olfatearlos. Son en extremo precavidos y prefieren inmolar a los incapaces de defenderse. Los reconocen mediante la memoria genética que le dejaran sus ancestros, entre los cuales por cierto no está el tigre de los dientes de sable de hace dos millones de años, extinguido sin el menor rastro.

A pesar de su enorme poder, el tigre de Bengala es incapaz de invadir los linderos de un pequeño felino que hubiera en su entorno. (Rep. J. Grillo)

No hay maldad en su conducta, pues incapaces de ningún acto de premeditación, deliberación y alevosía, actúan instintivamente tomando de su entorno lo necesario para calmar su apetito y sobrevivir. El cuadrúpedo a su alcance no tiene tiempo ni APRA asustarse, pues en fracciones de segundos saltan sobre su lomo, cercenan de un mordisco la médula espinal y las vértebras que la protegen, mientras que con una zarpa tuercen la cabeza del animal. La muerte instantánea y el banquete empieza de inmediato por los cuatros trasero. Satisfechas las necesidades protéicas y energéticas de su cuerpo, el tigre guarda lo que queda para el siguiente día.

En nuestro continente se habla del tigre americano que no es otro que el yaguar, especie denominada Felis Onca en contraste con la de los tigres asiáticos, pertenecientes a la especie Felis Tigris, o con los leopardos africanos clasificados como Felis Leopardus. El yaguar carece de astucia y la sagacidad de los verdaderos tigres y porque frente a su primo el chita, campeón de velocidad entre los gatos, sería como un burro al lado de un pura sangre en una pista hípica. Es compacto y fuerte con más de dos metros de longitud y ciento veinte kilos de peso.

Puede treparse a los árboles de tronco grueso pero a la hora de cazar a un araguato emplea las tácticas del terror. Lanza grandes bramidos que siembran tal nerviosismo en los pobres monos que éstos pierden el equilibrio y caen en las fauces del depredador. Es temerario en sus ataques y a veces pierde la vida en encuentros que debieran ganar siempre. Los tigres de Bengala se comen a los cocodrilos sin sufrir ni un arañazo. Hay casos en los yaguares son sorprendidos por los caimanes que iban a comerse. Estos los contraatacan, los arrastran al agua y los hacen ahogarse. Llevados por el exceso de confianza en sus armas, embisten de frente al ingenuo oso palmero. Este los aguarda sobre sus patas traseras para darles un mortal abrazo.

En efecto, el pacifico animal hunde las garras de sus patas delanteras que usa sólo para cavar cuevas, en el cuello del jaguar, que muere desangrado. Este felino se siente incompatible con los hombres, pues huye de los lugares a donde éste llega. Todos recordamos la fuga del mariposo enjaulado en El Pinar. Es probable que se haya acostumbrado a la caza menor de roedores, conejos, cachicamos y reptiles en las serranías de los alrededores y que haya tenido el buen juicio de ocultarse la boca, a sabiendas de que en la ciudad hay bípedos más temibles que él. Sería interesante conocer su opinión acerca de las gentes que se denominan tigres para que se les considere más vivas que las demás. Tanto los tigres y los jaguares, concluirían que sí uno de ellos se les ocurriera declararse hombre sería para disfrazarse porque siendo como es, no impresiona a nadie.

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