octubre 30, 2004

Las plantas carnívoras podrían digerir un bisteck pero lo que más le apetece son las proteínas de los insectos.

La Ciencia Amena. Arístides Bastidas.
Un día tal como hoy, 30 de Octubre de 1986

El jarrón de una planta nepente siempre estará lleno de agua y cuando en ella caiga una desdichada alimaña, la tapa cerrará la entrada para impedir todo escape (Rep. Ramón García)

Recuerdo que en las películas de Trazan aparecían plantas poseedoras de tentáculos más largos que los de los pulpos, con los cuales aprisionaban sólo a los negros para comérselos ¡qué casualidad que jamás se metieran con los blancos y mucho menos con el protagonista¡ La fábula de plantas con esas características aparece también en cuentos infantiles y tengo entendido que en las truculencias de la televisión. Sin embargo hay seres vegetales competentes para digerir un bistec, sí se lo proporcionáramos en minúsculos trozos durante varios días. El primero en hacer este experimento fue Carlos Darwin, al observar que una matica vivaz y de blancas florecillas, no era tan inocente como parecía, por su modo de ganarse las proteínas de su dieta.

La encontró en una zona pantanosa y tropical, pero habría localizado parientes en ella en un hábitat similar de Norteamérica. Se trataba de la Drosera Rotundifolia, que como los restantes miembros de su familia, exhibía diamantinas gotas cuya función estaba lejos de ser un adorno. Por está peculiaridad, una de sus especies es llamada Roció del sol en latitudes estadounidenses donde prolifera. Pero ¿ por qué había atraigo la mirada del autor de la teoría de la evolución?, con las agudeza de los grandes investigadores. Habría advertido que los insectos que se posaban sobre las hojas de la matica quedaban atrapadas en el pegajoso líquido de las góticas.


Mientras los animalitos agitaban inútilmente sus alas, los pelos de la hoja les daban el abrazo del oso. Una vez muerto, al siguiente día nada quedaba se sus cadáveres. Darwin les colocó restos de carne y de yemas de huevo, que también se desaparecían en las hojas. Darwin dedujo que el papel de los animales que comen vegetales había sido invertido por el de vegetales que comen animales. Posteriormente con los avances de la bioquímica y de la microscópica, se aclararían la forma en que las proteínas de la expresada procedencia eran ingeridas por las plantas carnívoras. Se les puede llamar así, por que los constituyentes de los músculos y vísceras de una mosca son los mismos, que encontraríamos en un filete de pescado o de un churrasco.

Aseguraría la presa, la clorofila Sagrera enzimas que luego de ablandar las partes duras, atomizan las innecesarias y descomponen las proteínas en los aminoácidos o eslabones de sus cadenas. Las estomas o puertecillas de las hojas toman de los aminoácidos el nitrógeno que requiere para fabricar las proteínas de su crecimiento. Se justifican, pues las artimañas y las técnicas aplicadas por las quinientas especies de plantas que desarrollan este tipo de alimentación. Serían los insecticidas biológicos ideales, pero sembradas en suelos provistos de nitrógeno prescinden de sus dones de cazadores y se desarrollan igual que las demás plantas.

Hay familia cuya denominación del Nepenthes, significa ‘’mitiga penas’’. Así las llamó Linneo en atención a que los pobladores de Ceilán donde abundan, consideran que el jugo de ellas quita la tristeza y despierta la alegría.

No lo creerían así los insectos víctimas de sus estratagemas para subsistir. Las Nepenthes tienen hojas en formas de copas delgadas, provistas en su fondo de un néctar seductor. Cuando las criaturillas se paran en la entrada, ruedan inevitablemente por una superficie deslizante hasta caer en lo que será su sepultura. Hay otras familias con hojas en forma de vasijas llenas de los merodeadores desprevenidos que pudieran ahogarse en el líquido.

El cepo automático de los tromperos es una copia rudimentaria del que hace millones de años, inventara la Dionacea muscipula, o mejor la atrapamoscas, que es un nombre poco serio pero cristiano. Cada hoja suya se extiende en una superficie plana. Basta que detecten con uno sólo de sus millares de pelillos de un incauto visitante, para que el raquis funcione como un resorte y doble relampagueantemente las dos partes de la hoja, que queda convertida en el ataúd de un miniser que todavía no se ha muerto. Hay plantas acuáticas pertenecientes a las utrícula rías cuyas vistosas flores impedirían adivinar los antipoéticos instrumentos de sus raíces. Consisten en bombitas de succión, cuyas tapas se abren en un santiamén crustáceo que cometiera la imprudencia de acercársele.

Hasta aquí las verdades sobre estas plantas que al igual que los pájaros, los batracios y las libélulas, controlan la explosión demográfica de los insectos en el ambiente que comparten con ellos.

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