septiembre 24, 2004

El maní, la soya y las papas fueron un regalo de Carver a los pobladores de Sur norteño donde había nacido esclavo.


En 1864 nacía en Diamond, en el sur de los Estados Unidos un nuño como los demás de su color, traía desde el vientre materno su destino de futuro esclavo. El avance del ejercito Libertador de Lincoln, hacía incómodo para los plantadores, mantener a siervos negros, que en cualquier momento se podían sublevar. Teniendo esto, Moisés Carver envió a sus esclavos al estado de Arkansas, con la esperanza de recobrarlos después de la contraofensiva victoriosa de los confederados, que todos los acaudalados blancos esperaban. En el lote remitido por Carver, iba el niño en brazos de su madre. Nunca se llegaría a saber el paradero de ella y de los adulto a quienes acompañara durante el forzado viaje.

Abolida la esclavitud, el infante fue devuelto a los que habrían sido sus dueños, quienes lo acogieron sin mucho entusiasmo. Unos negros que ahora trabajaban en la finca como asalariados, protegieron a la criatura y le dieron el nombre de Jorge Washintong Carver (1864-1943). A los diez o doce años el pequeño huérfano abandono la posesión, para buscar mejores condiciones de vida. Con sus propios medios aprendió a dibujante, a cantor y a organista. Fue lavandero, cocinero, albañil y no hubo oficio que dejara de hacer, mientras se las arreglaba para alfabetizarse y leer libros de estudios que le prestaban patrones piadosos, asombrados de su inteligencia.

Educado en una escuela religiosa, sistematizó su aprendizaje de tal modo, que en 1890 estaban preparado para abordar los estudios superiores. Sorteando las mil barreras de la discriminación, terminó un curso en el colegio Simpson y más tarde, en 1895, era el primer negro en obtener el titulo de Master. Se lo había concedido la Universidad de Indianola, Iowa, que lo había aceptado como alumno. Sus elevados dotes le habían dado tal prestigio que el estado lo contrató como director de su colegio Agrícola. Carver era un científico humanizado y fiel a los suyos. Renunció al cargo y se fue a Alabama para secundar a Booker Washintong, con otro negro ilustre empeñado en reivindicar a los suyos mediante la educación.

Carver asumió la dirección de la Escuela Agrícola del Instituto Tuskegee, fundado por el noble Washintong. Carver observó que las tierras de la zona, se habían empobrecido por monocultivo de la planta textil y que sus cosechas disminuían de año a año. Demostró que recobraban su fertilidad, si se les cubría de estiércol o de substratos pantanosos. Mediante un adecuado manejo los cultivos volvían a ofrecer las grandes motas de lejanos tiempos. Como veremos, el torrente de creatividad de este personaje que ahora conozco por información de Miriam Cupello, quien lo incluye en su próximo libro, era inagotable y diversificado.

Con la penetración propia del genio, advirtió que el maní del Brasil y la soya del Japón, fructificaban bien en aquellos suelos a los que sus raíces enriquecían haciéndolos más fecundos. Hoy se sabe que esas dos plantas son leguminosas, que pagan con nitrógeno el albergue que les da la tierra. Ensayó con éxito la producción de papas que a pesar de su procedencia andina le daba muy buenas cosechas. Fue de este modo el ejecutor de una gran revolución Verde en el Sur Norteamericano, que gracias a él dejó de ser una región monoproductura. Desde 1910 se explotan allá siembras de los antedichos frutos.

Para facilitar el mayor consumo de los nuevos frutos, Carver aplicó su prodigiosa inventiva de químico. Extrajo del maní productos como aceite, mantequilla, jabón, linóleo y otros. Fue el primero en fabricar leche, queso y carne de soya. Sacó de la papa, harina, vinagre, melaza, goma sintética, goma para pegar estampilla y tinta. Del conjunto de los tres sintetizo colorantes que libraron a E.E.U.U de la importaciones de este renglón. Le rechazó a Edison una oferta de cien mil dólares al año para que trabajara con él y a Stalin una invitación para que visitara a Rusia. Entre sus amigos personales estuvieron los presidentes F.D Roosevelt y Coolidge y Mahatma Gandi con suyos principios comulgada, movido por su anhelo de hermanar a las gentes de todas las razas, como solía decir en la intimidad.


La Ciencia Amena de Arístides Bastidas .
 24 de Septiembre de 1982

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